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EPT | October 3, 2022

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Jueves 10 de enero de 2008

Las trampas de la semántica y la política del fórceps

Los eufemismos son la principal herramienta política de moda: para que la verdad no duela, se fuerza el significado de las palabras y los conceptos.

Que los piqueteros que tomaron el Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia de Buenos Aires la semana anterior sigan presos (como relata una crónica periodística) pone de manifiesto cómo funcionan las cosas en la Argentina. Lo obvio y natural termina siendo noticia mientras lo extraño, lo artificial y lo anormal no sólo ocurren cotidianamente sino también pasan a silenciarse inescrupulosamente. Años atrás otro grupo piquetero tomó una comisaría y su líder terminó ocupando un despacho en una Secretaría de Estado, eso no fue noticia. En este trance, lo ridículo se impone tolerable. Eso explica, por ejemplo, que ante la crisis energética –negada sistemáticamente por el Gobierno– se lance un plan para repartir en los hogares millones de lamparitas de bajo consumo que extrañamente le regalaron a Cuba y nosotros terminamos comprándole a Fidel. ¿…? Quienes saben, además, aducen que las lamparitas en cuestión contaminan más que la planta de Botnia en Uruguay… pero de eso no se habla.

Amén de la peculiar erogación que se esconde detrás de esta medida, habrá que ver si alguna vez llegan a destino los mentados foquitos o si será una más de las entregas virtuales que se nos han venido haciendo desde que se inaugurara el periodo kirchnerista. Recuérdese las inversiones chinas, la garrafa social, las computadoras portátiles a $ 100, la canasta navideña a $ 11,50 ó las 13.300 viviendas anunciadas de las cuales sólo se comenzaron a realizar 1.094 (un 0,36%), etc. Situaciones que pueden incluso comprarse con los créditos de $ 1000 no reembolsables que se otorgarían en Misiones si Carlos Rovira accedía a la reelección indefinida. En aquel entonces, la derrota de éste fue leída por algunos analistas con un exceso de optimismo o con desconocimiento del “gran pueblo argentino”, como un dato a tener en cuenta por su posible efecto a nivel Nación. Pero hay que entender que el federalismo es utopía, y que nada hay más heterogéneo en la Argentina como las comunidades de las diferentes provincias.

En este cauce también pueden predecirse otras tantas medidas de tipo “paliativas”. En Marzo, terminado el receso de verano o el letargo de la sociedad que acepta lo que se le da sin más comentario que la elevada sensación térmica o lo abarrotadas que están las playas en la costa atlántica, se ofrecerá la canasta escolar con lápices, cuadernos y guardapolvos a precios rebajados – no en la realidad – sino en la Secretaria de Comercio. Es allí, en definitiva, donde se disponen los precios lejos de las dos variables intrínsecas que, en países desarrollados, regulan el mercado: oferta y demanda. Por supuesto que, luego, ni un borratinta se conseguirá en las librerías.

Esta metodología posee una insólita característica: la ausencia de solución a los problemas para evitar que, una vez “piloteados” en el corto plazo, vuelvan a aparecer en escena como está sucediendo, por ejemplo, con la crisis energética. Echar la culpa al verano o tapar el tema es la simplificación más absurda. La subestimación que se hace de la gente ha alcanzado ribetes magnánimos pero sociológicamente explicables si se atienden otras variables. A saber, las muertes por accidentes de tránsito. Ningún problema en el país está aislado. Por más que se decida prorrogar una emergencia vial, los muertos seguirán sumando por el menosprecio a la vida que hay en la Argentina.

Por otra parte, así como Estados Unidos es quien conspira haciendo aparecer aquí a Antonini Wilson y su valija, ¿por qué no serán las compañías de suministro eléctrico las que no hicieron lo debido para garantizar el servicio complotando contra el pueblo? Nadie dirá que entre medio les cambiaron, no una sino cien veces, las reglas del juego. O quizás, el gobierno quiera volver a administrar la luz y el complot exista pero no afuera sino “adentro”. ..

Ahora bien, si en vez de gastar millonadas en bombitas de luz que ni siquiera hay certeza de que alumbren más que alguna portada, se invirtiera en materia energética podríamos, al menos, sortear los apagones de hoy con la garantía de que no se volverán a producir mañana. Pero el largo plazo no existe en el diccionario kirchnerista. Con la inexistencia de un esquema de prevención a futuro se anula el progreso de veras, aquel que se evidencia en la calle y no en dudosos índices y estadísticas. En la política del fórceps, es como si el gobierno pretendiera atravesar una pared a cabezazos, en lugar de abrir una puerta.

Al kirchnerismo le está costando cada vez más identificar a los causantes de los males que van produciéndose en la Argentina quizás porque los artífices no están fuera de sus filas. Las altas temperaturas no resultan una adversaria creíble, asimismo va perdiendo fuerza el ataque feroz a las privatizadas al comprobar que el servicio de AySA no es mejor al que prestaba Aguas Argentinas incluso con menor tarifa. Es entonces cuando llega la hora de las medidas insólitas y de las trampas semánticas.

Cuando se usan eufemismos es porque algo no quiere ser dicho en forma abierta y precisa. La verdad se desvirtúa. En los años sesenta, en Francia, se utilizó un lenguaje belicoso, atenuando las tradiciones gracias a los “Treinta Años Gloriosos” vividos. A la inversa, los noventa supusieron a los franceses un retorno a la precariedad y a la multiplicación de expresiones indoloras para que la realidad no fuera tan fea. También a nosotros se nos está asistiendo con eufemismos. Se nos resalta lo malo del otro y se nos aliviana lo malo del oficialismo. Usan sedantes en el plano lingüístico para que la verdad no duela, y toman medidas populistas carísimas para la ciudadanía. ¿O quién paga las bombitas?

Así es como el ala progresista utiliza el lenguaje más apocalíptico posible para agravar las conductas de la oposición y se atreven, por ejemplo, a llamar “genocidio” al despido de “trabajadores” virtuales que cobran pero no hacen, en la ciudad de Buenos Aires. Ese es sólo un ejemplo. Pero a pesar de las trampas semánticas, la realidad sigue siendo una sola aunque a esta altura de las circunstancias ya exista la Argentina oficial, y la Argentina en la que los ciudadanos tratan de vivir día tras día. © www.economiaparatodos.com.ar


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