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martes 31 de mayo de 2016

Los avances de una soberbia e inmoralidad sin límites a la vista

Los avances de una soberbia e inmoralidad sin límites a la vista

“El placer de la obscenidad impone una servidumbre que nos liga –queramos o no-, a un estado de cosas en cuyo establecimiento experimentamos una gratificación que nos lleva a sentir la trivialidad de lo sublime. Es la proximidad del hundimiento de la mirada en una pantalla que nos acerca finalmente a la promiscuidad total” (Jean Baudrillard)

La crudeza de la descripción del filósofo respecto de ciertos hechos de obscenidad social, que en nuestro caso han quedado en evidencia a través de la corrupción desembozada del kirchnerismo que va saliendo a la luz, no parece conmover a sus militantes, a quienes habría que darles a entender que la cuestión de inmoralidad que se les achaca y de la que pretenden “desprenderse” con su soberbia habitual, SE REFIERE A ELLOS MISMOS.

De nada sirve el argumento de quienes sostienen que fueron Néstor y Cristina quienes idearon la asociación mafiosa de la que formaron parte y hoy nos revuelve las tripas. Entre ellos, existió una “integración” a la que Marcuse hubiera señalado como “la satisfacción bestial del goce a cualquier precio de los libertinos, que termina constituyendo un verdadero escándalo del placer”.

Cristina, partícipe y heredera directa de los beneficios emergentes de una corruptela generalizada –convertida hoy en recusadora serial de jueces que la investigan-, sigue siendo el prototipo de la persona que se afirma cada día más en confirmar su esencia, demostrando sentir una increíble sensación de dominio y triunfo interior que parece invitarla a dar por bueno su haber moral.

Su misma hija Florencia, confirmando la deformación cultural de la familia, acaba de dar otra muestra de desparpajo al rebatir con altanería y pretensión humorística las constancias de algunos gastos exorbitantes realizados en Olivos para que pudiera alojarse luego de su “emparejamiento” con Camilo Vaca Narvaja, descendiente de una familia de “ilustres” extremistas de los 70, que luego de ser ambos padre y madre, la abandonó (¿el ostracismo del poder?).

En la inmensa soledad de una obcecación irreductible, el minúsculo grupo de fanáticos del FPV pretende competir simultáneamente con Sergio Massa por un eventual liderazgo que conduzca los jirones de un peronismo centrifugado en el Congreso, en el que se asiste a los manotazos de un movimiento que ha perdido credibilidad y, no obstante ello, demuestra no estar dispuesto a hacer el más mínimo “mea culpa” por las atrocidades cometidas por quienes hasta ayer no más se presentaban como una variante “superadora” de su morfología esencialmente camaleónica.

Néstor, Cristina y todos los favorecidos de un régimen instalado para apoderarse del poder por mucho tiempo, parecen haber sido esclavos de impulsos animales con su acción depredadora, por lo que “en una cultura ecléctica”, hubiera dicho Baudrillard, “que corresponde a la descomposición y a la promiscuidad de todas las otras, donde nada es inaceptable, crece el asco, las ganas de vomitar ante esa promiscuidad, esa indiferencia ante lo peor, esa viscosidad QUE AUMENTA EN LA MISMA MEDIDA EL ASCO POR LA AUSENCIA DE ASCO”.

Todo esto es lo que debe decirse –para que no pase al olvido como una ráfaga-, de un matrimonio cuya viuda adolece aún hoy de una soberbia ausente de la más mínima intención para reconocer los hechos delictivos que co-patrocinó con su difunto esposo.

Es muy difícil de comprender qué existe en la mente fanática de quienes siguen defendiendo aún hoy doce años de oprobio y sacan cuentas sobre “años buenos y años malos”, cuando los resultados finales –verdadero modo de medir el valor de un ciclo político-, nos están indicando haber sufrido la devastación proveniente de un verdadero raid delictivo.

Con los Kirchner, los derechos niveladores de inspiración democrática se convirtieron en apetitos personales para unos pocos: ellos y quienes gozaron de los favores del “reino”, participando del festín de sobreprecios y subsidios escandalosos que les permitieron enriquecerse en forma asombrosa que requiere hoy con urgencia expeler de su seno las impurezas de un proceso que envileció a nuestro país.

Que los jueces demoren decisiones que puedan retornarnos a situaciones de pleno derecho, donde se castigue a los culpables del GRAN ENGAÑO NACIONAL, no quiere decir que nos cerremos “a las evidencias que nos muestran los ojos de la cara” como hubiera señalado Ortega.

Solo personas egomaníacas como Cristina y su diezmada armada Brancaleone pueden suponer que quedarán a salvo del juicio de la historia, manteniendo aún esperanzas ilusorias de ser vistos alguna vez como algo más que criaturas emocionalmente primitivas, sujetas a apetitos de grandeza sin límite moral alguno.

Estamos convencidos que debemos ser implacables con quienes han delinquido aprovechando sus privilegios políticos y juzgarlos con la severidad que permitan las leyes, para que paguen por el daño causado, porque de lo que se trata esta cuestión excede al mero debate entre peronismo o antiperonismo, sino que se relaciona con hechos que afectan a la moral pública.

Eso deberían comprenderlo inclusive los supuestos “peronistas buenos”, aquellos que se consideran unidos con fidelidad a un sentimiento doctrinario de orientación supuestamente “popular”, porque el hecho de que estén equivocados en el modo de lograr sus objetivos no debería obstar para que deban condenar también ellos las desviaciones de su abominable rama kirchnerista.

El diálogo de cara al futuro solo podrá lograrse con aquellos que comprendan que la función pública no debe consagrarse jamás a la perpetuación amañada de una casta en el poder, ni mucho menos, a apoderarse del dinero del Estado para hacer negocios personales.

Si Cambiemos comete el error de creer que la gobernabilidad puede sostenerse pactando con quienes no demuestren un arrepentimiento público al respecto, será devorado por las evidencias de una realidad que indica, en las encuestas y “en la calle”, que la mayoría de la sociedad lo está exigiendo, por lo que le recordamos una oportuna frase de Ortega y Gasset para este momento: “quien no haya sentido en la mano palpitar el peligro del tiempo, NO HA LLEGADO A LA ENTRADA DEL DESTINO; no ha hecho más que acariciar su mórbida mejilla”.

Todo lo que impida el esclarecimiento TOTAL Y ABSOLUTO de la década “robada”, incidirá, tarde o temprano, sobre el eventual éxito del nuevo gobierno.

Ojalá sepan verlo y actuar en consecuencia.

carlosberro24@gmail.com