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Jueves 24 de agosto de 2006

Los límites al poder

El valiente cardenal de Santa Cruz, Julio Terrazas, no vacila en enfrentar cortésmente a Evo Morales desde el púlpito.

Desde el inicio mismo de su gestión, Evo Morales ha estado enfrentado con la Iglesia Católica. Primero procuró, sin éxito, mediante la realización de un tramposo “Congreso Pedagógico”, eliminar la enseñanza de la religión de todas las escuelas de Bolivia. En esto terminó retrocediendo y aceptando no modificar las cosas. Luego debió recibir advertencias cuando, desde sus filas, se intentó “copar” el Poder Judicial aprovechando presuntas facultades de la Asamblea Constituyente, también sin éxito. Al menos, hasta ahora.

Por todo esto, la voz señera del cardenal Julio Terrazas ha resonado, una y otra vez, recordando a todos por igual, más allá de las circunstanciales euforias, cuáles son siempre los límites del poder.

En la reciente festividad de la popularísima Virgen de Ukupiña, en Cochabamba, la homilía del cardenal volvió a ser tan punzante, como precisa. Morales, luego de haber comprometido su presencia, prefirió no ir (como es habitual en los líderes de la izquierda radical, autocalificados como “progresistas”). El vicepresidente Álvaro García Linera concurrió, en cambio, y fue objeto -al aparecer y al izar la todavía única bandera nacional- de dos sonoras y multitudinarias rechiflas de los feligreses, las que –ciertamente– no le gustaron absolutamente nada.

El cardenal abordó dos temas cruciales: el de la arrogancia del poder y el de la siembra de los resentimientos.

Sobre el primero de ellos, dijo: “Jesús viene a decirnos que nos liberemos de la esclavitud, pero no para llenarnos de orgullo y vanidad”. Y agregó: “No queremos que los humildes se crean tan grandes que atropellen a los que ellos consideren orgullosos”.

Sobre el segundo, aludiendo al conocido lema de la izquierda radical “ni olvido, ni perdón”, que parece haberse apoderado de las altas esferas políticas bolivianas, en espejo de lo que ha ocurrido con las argentinas, pidió serenamente a todos por igual dejar de lado “el odio, la venganza, el revanchismo” y, además, instó a “olvidar las pequeñas o grandes ofensas humanas”. “Si Dios perdona –agregó– ¿por qué no nosotros?”. Y completó con una severa advertencia: “Todo lo que se siembra con violencia, cosecha violencia”.

Valiosísimos, serenos y oportunos mensajes hechos desde la grandeza, para enfrentar rencores y males profundos que existen allí y aquí, según es evidente.

El propio García Linera, sabe Dios si con sinceridad, respondió que lo del cardenal era “una reflexión muy fuerte, que me llegó al fondo del corazón”. Resaltó, además, que el prelado “invocó a un Dios del perdón y de la misericordia, no a un Dios severo”. En rigor, el cardenal se refirió a un Dios que es tan bueno como justo, nunca severo. Pero García Linera no es, en esto, ni demasiado sabio, ni demasiado creíble. El cardenal, sí. © www.economiaparatodos.com.ar


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