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Jueves 27 de enero de 2005

Los miedos y los medios

Los medios de comunicación nacionales, en muchos casos, han abandonado casi por completo la vocación periodística para manejarse con frecuencia sólo a partir de los códigos de una empresa comercial. La profesión periodística también se ha degradado y las noticias son cada vez más, en realidad, operaciones de prensa.

En esta caótica Argentina, los medios cumplen un papel, si no principal, al menos importantísimo, más cuando las instituciones están vaciadas de contenido (todas) y de forma (varias).

El gobierno, al no tener un estilo precisamente democrático, prácticamente habla por los medios, y así, cuando tal periodista dice tal cosa o tal otra, es porque un alto funcionario se la “mandó” decir, por eso también es significativo que el lector sepa leer entre líneas y conozca el quién es quién de los formadores de la opinión pública.

Pasa en la gráfica, en la radio y en la televisión, y obviamente en los sitios de noticias de Internet.

También es interesante conocer la “cocina” de los medios: es común que el lector corriente vea una nota firmada y no cuestione la credibilidad y tampoco la capacidad del que escribe. Al contrario, el hecho de firmarla valoriza más su gestión y hace que el periodista sea más considerado. Es una persona importante que forma opinión. ¡Caramba!

Ahora bien, si penetramos en sentido literal la redacción del medio (por ejemplo un diario), veremos que el firmante de esas notas, en gran medida, es apenas becario, que muchos de ellos no superan los 25 años, que su experiencia periodística es escasa y, lo que es peor aún, el editor apenas llega a los 40. En esta profesión tiene mucha importancia la experiencia, no en vano las grandes firmas, antes de serlo, pasaban por un sinfín de secciones internas y de distintas funciones.

Por otro lado, estos jóvenes periodistas apenas ganan un sueldo de subsistencia, ya que la “mano de obra es lo que sobra” y las empresas periodísticas argentinas han dejado de valorar la profesión (valga la contradicción) para privilegiar el “negocio”.

Estos pequeños escribientes, cuya imagen exterior es sobrevalorada y efímera, generalmente carecen de buena redacción (de allí la importancia de los editores de edición), ya que han sido preparados más para la radio y la televisión que para otra cosa, y, por otro lado, sueñan con su programa propio para hacer fortuna rápido, ya sea gracias al gobierno “operador” de turno o a empresas que los incluyan en su presupuesto anual más por relaciones públicas que por convicción.

Los dueños de los medios utilizan su producto no con vocación periodística, sino por el contrario como una empresa eminentemente comercial, cuyo mayor valor es el poder que de allí les emana y en función del cual se harán los negocios o negociados.

Sucede hoy, en forma alarmante, que ya no importa la noticia, importa lo que se dice en función de la operación encomendada. En consecuencia, para un periodista estar bien informado es importantísimo, pues a mayor información, mayor será el interés que despierte en el Gobierno o aquel que es objeto de la operación realizada (¿extorsión?).

Por eso, además, no interesa en lo más mínimo que el lector-cliente esté informado, interesa el lector-gobierno o el lector-empresario que movilizan recursos. Por ello, asimismo, los periodistas no conciben cuando alguien escribe por el sólo hecho de informar, siempre creen que hay alguien detrás, ya que está tan deformada su visión y es tan corrupta nuestra sociedad que lo normal pasa a ser sospechoso.

Los editores generalmente reciben directivas del dueño y se transforman en más “papistas que el Papa”, ya sea por miedo, ya sea por arribismo. Lo peor es que esto se traslada de manera piramidal y forma, en definitiva, comunicadores sin personalidad y que, en tremenda competencia interna, sólo luchan por lograr los favores del príncipe.

También es curioso, en los medios nacionales al menos, lo que se dice, los valores que se pregonan y la política empresaria interna, totalmente contradictoria y salvaje, pues generalmente lo que se aprende es por vía del ejemplo y los hechos, y no tanto por la lectura.

Como final, al lector de esta columna sólo le recomiendo que lea con atención todas las noticias y las columnas de opinión. Y si puede ver la trayectoria de un medio a lo largo del tiempo, se llevará no pocas sorpresas. © www.economiaparatodos.com.ar




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