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Jueves 31 de julio de 2008

Los muchachos peronistas

Mientras Néstor y Cristina todavía no dan señales de haber comprendido la lección ni el nuevo humor de los argentinos, el escenario político del peronismo comienza a reorganizarse.

Todos los movimientos del kirchnerismo en las últimas semanas están orientados a recomponer su imagen con el propósito de recuperar credibilidad ante la sociedad para, luego, emplear ese crédito renovado en impulsar nuevamente medidas análogas a las que provocaron que el oficialismo se desacredite… Si alguien deduce de esta descripción que los gobernantes argentinos están locos, tiene razón. Sólo un profundo desequilibrio mental puede explicar semejante curso de acción política pero lo cierto es que esto es lo que el kirchnerismo está pergeñando. El único inconveniente de esto es que se trata de una maniobra demasiado obvia como para no percibirla nítidamente. Néstor Kirchner supone que la sociedad va a convalidar dentro de algunos meses lo que rechazó recientemente. Eso, sin embargo, no va a suceder. Por lo tanto, después de algunos meses de “maquillaje”, lo previsible es que el nivel de conflictividad del kirchnerismo rebrote. La conflictividad es inherente al kircherismo, como la pasividad era inherente a la gestión de De la Rúa y la frivolidad era inherente al menemismo. Los seres humanos no cambiamos nuestra naturaleza básica, sin perjuicio de que a veces, por razones instrumentales, “escondamos” nuestro auténtico ser.

Esto rememora aquel chiste del loco a quien no le permitían salir del manicomio porque amenazaba con romper todos los vidrios del establecimiento una vez que estuviera en libertad. Entonces, anunció que cuando saliera del manicomio se dedicaría a estudiar, a convertirse en un hombre de bien y a demostrar que es capaz de recibir un amplio reconocimiento social. Le preguntaron entonces qué haría cuando obtuviera el reconocimiento social y el loco contestó que rompería a pedradas todos los vidrios del manicomio… Algo así está haciendo Néstor Kirchner.

El resultado práctico de esta política es que, mientras dure el “maquillaje”, se generará una cierta expectativa de que el gobierno cambie genuinamente aunque se mantendrá una visión escéptica acerca de la perduración de este “lifting”. Por lo tanto, cuando haya concluido la etapa del “maquillaje” y reaparezca el verdadero kirchnerismo, nadie se sorprenderá. Pero este “maquillaje” tiene otro efecto político para nada desdeñable, que es que le resta margen de maniobra política a los peronistas disidentes, neutralizando o al menos dificultando mucho la posibilidad de que los peronistas que se diferenciaron del gobierno durante el conflicto por la aplicación de las retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias, generen un polo peronista distinto del representado por el kirchnerismo. Esto tiene lógica: si el gobierno manifiesta una voluntad de cambio, desaparecen las razones que podrían ameritar la creación de un núcleo peronista disidente. La acusación de que la acción del gobierno es un mero “maquillaje” y no un cambio real es legítima desde fuera del peronismo pero no desde el propio oficialismo. Kirchner sigue siendo el líder del peronismo y la Señora es la presidenta peronista votada por el pueblo. No es “políticamente correcto” que los peronistas le pongan “palos en la rueda” a un gobierno de su misma extracción política.

Esto no quita que, por detrás de los decorados, los movimientos de reacomodamiento en el peronismo estén en plena ebullición. La posición más generalizada es que nadie rompe públicamente con el kirchnerismo pero muchos están en disponibilidad para conspirarle por detrás de la escena. De ese modo, según se vayan desarrollando los acontecimientos, se irá posicionando cada uno. En lo formal y visible, el kirchnerismo sigue siendo la referencia principal del justicialismo. En lo real, cobran vida por detrás de la escena las iniciativas disidentes. La entidad de estas iniciativas depende del rumbo que tome la gestión del kirchnerismo. Si el gobierno da muestras de sensatez, las iniciativas disidentes quedarán desactivadas. Pero si después de un período de “buena letra” Kirchner comienza a “romper los vidrios del manicomio”, el peronismo alternativo saldrá a la superficie inmediatamente.

Estos movimientos internos del peronismo constituirán el dato central de la política argentina desde ahora hasta las elecciones legislativas del año próximo. La renuncia del ex Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, debe ser interpretada dentro de este marco político. Fernández renunció y, aunque a Kirchner su decisión no le haya gustado nada, lo cierto es que dejó la puerta abierta para volver si las circunstancias así lo indican. Pero, al alejarse, también quedó en disponibilidad para involucrarse en algún proyecto “peronista no kichnerista” llegado el caso. La actitud ambigua de Fernández simboliza la de gran parte del peronismo, que no llega a romper con Kirchner pero tampoco le “firma un cheque en blanco”.

En otras épocas –que Kirchner quizá añore con nostalgia- estas diferencias internas del peronismo se dirimían por medio de la violencia, dejando un tendal de muertos y contagiando a toda la sociedad con las consecuencias que todos conocemos. Ahora, afortunadamente, estas disputas se resuelven, como corresponde, a través de los votos. Hacia eso vamos, es decir, hacia las elecciones legislativas del año próximo. Pero el escenario electoral aún no está definido porque los alineamientos de cada uno dependen del desarrollo de los acontecimientos en los próximos meses. En última instancia, la decisión estará en manos del pueblo, que será quien resuelva con su voto si aprueba o rechaza la orientación del gobierno. Las urnas dictaminarán, inapelablemente si el rechazo a las retenciones móviles fue, como dijo la Señora, una “derrota momentánea” o un veredicto definitivo de falta de apoyo al kirchnerismo y a todo lo que éste representa. © www.economiaparatodos.com.ar


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