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Lunes 3 de enero de 2005

Muerte “ue-ue”

La tragedia que sacudió a los argentinos poco antes de despedir al 2004 es el resultado macabro de la combinación entre alienación privada y desidia pública: la cultura “ue-ue” y “fierita”, aprovechada hasta sus últimas consecuencias por empresarios inescrupulosos, es funcional a los políticos que buscan perpetuarse en el poder a toda costa.

El símbolo físico es sencillo. El pulgar y el índice de la mano derecha extendidos como en forma de “L” horizontal, el resto de la mano con el puño cerrado haciendo movimientos espasmódicos ascendentes y descendentes unos centímetros delante de la pera. La cultura “ue-ue”, “fierita”….

Los mensajes masificadores y discriminatorios: “el que no salta es un….” (completar con el adjetivo adecuado al caso), la cultura del “dale, no pasa nada…”, toda esta berretada en que se han transformado los paradigmas medios de la sociedad se ha cobrado casi 200 muertos en la víspera del fin de año, la sexta catástrofe mundial no natural en lugares de concentración pública.

La combinación de la alienación privada con la desidia pública han configurado un fin de año trágico para los argentinos. Un empresario a la vez producto y explotador de la cultura “ue-ue”, un conjunto de personas perdidas de su estado de conciencia que atiborran un lugar destinado a 1.500 personas con más de 4.000 (“dale, no pasa nada…”, “el que no entra es un gil….”), un alienado que dispara una bengala en un lugar cerrado, repleto de material inflamable, y un grupo de funcionarios ineptos y seguramente coimeros que permiten que semejante aberración continúe funcionando. La cultura “ue-ue”, “todo bien, fiera…”.

¿Cuándo nos daremos cuenta de que semejante baratura ya no es neutra, ya no es graciosa, ya no es simpática, ya no es divertida…?

El “dale que va” se llevó 200 vidas en unos minutos. Vidas jóvenes, vidas irreproducibles. Está claro que la primera reacción va contra la administración. Contra quien permite que un local como ése funcione, contra quien se corrompe para dejarlo funcionar a cambio de plata, contra quien la paga y contra quien la recibe.

Pero, ¿hasta dónde esos funcionarios y esos empresarios irresponsables no son el producto, también, de esta mediocridad del intelecto en la que ha caído la Argentina? Esto no tiene nada que ver con el concepto de la diversión. Porque la diversión no tiene nada que ver con la irresponsabilidad. ¿Qué tiene de divertido llevar a bebés de 10 meses a un lugar como ése para depositarlos en un baño?

Hemos perdido la capacidad de pensar. Algunas teorías médicas indican que las proteínas que el cerebro no recibe dentro de determinado período del crecimiento producen un estancamiento de la inteligencia y de la lucidez que ya no se recupera, aun cuando esos nutrientes se ingieran luego. Este es el verdadero pecado de la Argentina: el haber producido generaciones de subalimentados que hoy no distinguen la diversión de la estupidez, la vida de la muerte, y que prefieren ser parte de un rebaño mandado antes que individuos independientes.

Estas oleadas de ciegos con ojos que miran pero no ven han sido el producto de años de corrupción y robo, de lo que muchos sospechan ha sido un plan para pauperizar a la sociedad y reinar sobre ella sin esfuerzo. ¿Qué exigencias sólidas podrá plantearle un ciudadano a un candidato político si en su calidad de padre no alcanza a ver el peligro al que somete a su prole recién nacida?, ¿qué expectativas de calidad institucional puede tener un país en donde la mayoría no es capaz de generarse su propio sustento y depende de la dádiva oficial?

La cultura “ue-ue” es funcional a la perpetuación en el poder, porque los iletrados no desafían los totalitarismos que los mantienen. Podrán rebelarse contra un amo que no les arroje las migajas mínimas que reclaman, pero no contra aquel lo suficientemente inteligente como para tener bajo cuidado ese detalle.

No debemos hacernos ilusiones de que con planes de gobierno se termine la cultura “ue-ue”. Más “ue-ue”, menos pensamiento. Menos pensamiento, menos capacidad para distinguir lo bueno de lo malo. Menos capacidad para distinguir lo bueno de lo malo, más posibilidades de que corruptos impresentables lleguen al gobierno. ¿Presentará algún corrupto impresentable algún plan para cortar de raíz los paradigmas culturales que hacen posible a los corruptos impresentables? Sería como echarse tierra encima.

Si algún resquicio de esperanza queda, éste reside en la familia. Es allí donde se debe enseñar a terminar con el “ue-ue”, el “ todo bien, fierita”, el “dale que va”, el “el que no salta es un gil…” y todo este conjunto de paradigmas-rebaño que atrofian el entendimiento y lo someten a la masificación.

El día que contemos con una sociedad compuesta por individuos que piensen por sí y no por zombis que deambulan en los reducidos espacios de una manada, podremos exigir que haya funcionarios honestos que controlen el cumplimiento ciego de condiciones de seguridad indispensables en lugares de concentración pública. Ese mismo día quizás contemos con empresarios responsables y dadores de servicios que tornen meramente burocráticos esos mismos controles. © www.economiaparatodos.com.ar




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