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EPT | September 28, 2022

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Jueves 20 de agosto de 2009

Otra andanada de errores y odio

El Gobierno volvió a exponer sus profundas equivocaciones de pensamiento en torno a cuáles son las causas de la pobreza y cuáles deberían ser los caminos para superarla.

“No se puede ayudar a los pobres destruyendo a los ricos.”
Abraham Lincoln

Si quedaba alguna esperanza de que el Gobierno reaccionara y encaminara el resto de su mandato a una senda decorosa que lo ayudara a terminar con algo de honra su período, se ha perdido el viernes pasado cuando a la presidente se le ocurrió glosar con algunos comentarios el anuncio de un plan de $ 15000 millones para luchar contra la pobreza.

La desgraciada intervención de Cristina Fernández de Kirchner consistió en un explosivo cóctel de odio y errores que sirvió para revelar, si aún hacía falta, las profundas equivocaciones que rodean el pensamiento del gobierno en torno a cuáles son las causas de la pobreza y cuáles deberían ser los caminos para superarla.

Al mismo tiempo, esas palabras sirvieron también para confirmar una certeza aún más grave: los errores de concepto no derivan de haberse informado por fuentes equivocadas o por sostener de buena fe ideas que no funcionan para mejorar el nivel de vida de la gente; no, las malas conclusiones, los malos caminos y las malas ideas son el fruto de un odio profundo e inexplicable hacia los que algo tienen, hacia los que han triunfado en la vida, hacia los que pueden mostrar que es posible progresar.

Enseñar el rencor, la envidia y el resentimiento hacia esa gente no parece entendible cuando el matrimonio presidencial se ha manifestado como excepcionalmente eficiente a la hora de mostrar éxito económico. Antes que bocanadas incendiarias lo que uno debería esperar de ellos es una invitación a la emulación de una vida exitosa, basada en el esfuerzo y el crecimiento individual. Por lo demás, si la riqueza es mala ¿para que se querría sacar a los pobres de una situación moralmente superior?, ¿para llevarlos hacia dónde? Si se estigmatiza la riqueza, ¿cuál es el horizonte que se le sugiere al hombre común?, ¿que dirija su vida a qué?, ¿qué se concentre en qué?, ¿en ir hacia lo peor en lugar de ir hacia lo mejor? Es obvio que si el mensaje es demonizador de los ricos y de la riqueza, la señal subliminal es “ustedes no deben ser como ellos, porque ser como ellos es malo”.

La presidente no aclaró que cuando atacaba a “los ricos” no se refería a aquellos que con su trabajo duro, con su esfuerzo y con su inventiva habían logrado disfrutar de un agradable nivel de vida, sino que estaba pensando en aquellos que no podían demostrar el origen de sus fortunas. La presidente, sin hacer esos distingos, dijo “en lugar de hacer padrones de pobres, ¿por qué no hacer un padrón de los ricos para ver cuál es la brecha entre los que más y los que menos tienen? Siempre nos exigen publicidad sobre los pobres y secreto sobre los ricos…”. Y continuó, “la verdadera fábrica de la pobreza es la inequidad y la mala distribución del ingreso”.

Es tan descarnada la inconciente confesión que encierran las palabras de la Sra de Kirchner que lo mejor es analizarlas por partes.

¿Qué habrá querido decir la presidente cuando pide un “padrón” de ricos y una “publicidad” sobre ellos?, ¿se sentiría satisfecha la Sra de Kirchner con unas cuantas cruces de alquitrán marcadas en unas cuantas puertas “ricas”? ¿O quizás la idea del “padrón” cerraría más en su cabeza con un número tatuado en el antebrazo de los ricos?, ¿o tal vez un chip, aprovechando los adelantos de los tiempos? Tal vez podría pensarse en escuadrones populares que sigan a los ricos por la calle y los señalen en público…

¿Qué habrá querido decir cuando afirmó que se les exige “secreto” sobre los ricos? Que se sepa, ningún secreto ha superado la extraña desaparición de los fondos del petróleo santacruceño y sin embargo no hay mención sobre ellos, ni mucho menos intención de reingresarlos a una provincia quebrada cuyo ministro de economía acaba de renunciar en medio de una severa crisis y cuyo gobierno emitirá deuda publica para conseguir dinero para pagar los sueldos.

Pero si hay algo que torna compatible el odio y la envidia con el problema de la pobreza es el concepto de “distribución del ingreso”.

La presidente insiste una vez más en el error de suponer que la Argentina produce una riqueza importante, suficiente para que todos vivan bien, pero que un conjunto de inescrupulosos se la “lleva toda” impidiendo que los demás puedan disfrutar de una renta humana y razonable. Posiblemente haya burradas iguales, pero ninguna superior a esta.

El producto argentino es paupérrimo. No en términos relativos (es decir que esté mal repartido) sino en términos absolutos: el total que el país produce es lamentable. Y eso ocurre porque las ideas que gobiernan la Argentina repelen la inversión y sin inversión la pobreza aumenta porque la producción cae, la población aumenta y cada minuto que pasa sirve para que nos cocinemos aun más en un caldo espeso de miseria. Y da la enorme casualidad que los que pueden invertir son los que tienen plata, y los que tienen plata son los ricos. Es obvio que no la pondrán donde lo que se propone es identificarlos para convertirlos en el escarnio público.

Da la impresión de que la presidente no puede concebir la idea de que hay gente que trabaja para conseguir lo que tiene. ¿Que hay otra gente que ha hecho su fortuna sin que las explicaciones económicas puedan justificarla? Seguro. Pero ésa es una cuestión de la Justicia, no de la política económica

Y lo que habría que hacer es multiplicar a la gente que “tiene”, no perseguirla y condenarla. Recientemente Alfredo De Angeli ha dicho que “los Kirchner quieren tanto a los pobres que los han multiplicado”. Muy bien: lo que habría que hacer es lo contrario; multiplicar a los ricos. Pero con afirmaciones que sigan propagando la idea de que el problema es la “redistribución” del ingreso, lo que seguiremos generando son más pobres.

La mismísima idea de la “redistribución” sugiere, por el entendimiento de la propia palabra, que lo que habría que hacer es poner en un lugar lo que ya está puesto en otro diferente. Para hacer eso no hay otro camino que no sea el de “mirar” donde está lo que quiero “redistribuir”. Y es aquí donde la idea de la “redistribución” es inseparable del concepto de “envidia”.

La palabra “envidia” proviene del latín “ínvidere”, compuesta por el prefijo “in” (poner sobre, ir hacia) y el vocablo “videre” (mirar). “Envidia” quiere decir, entonces, “poner la mirada sobre algo”. Quienes crean que el problema de la pobreza se arregla “redistribuyendo” están invitando a que “escuadrones populares”, “padrones”, “chips”, “tatuajes” o “cruces de alquitrán”, “miren dónde está la riqueza” (“envidien”) para ir a apoderarse de ella.

Ninguna sociedad placentera se organizará a partir de estas ideas. Y, lo que es más grave, por ese camino no se terminará con la pobreza porque los motores más hábiles de la sociedad -los que son capaces de sacarle jugo a las rocas si rigieran condiciones de confianza, seguridad jurídica y paz social- se irán definitivamente en busca de horizontes más apacibles, donde se los cuide y no se los apedree, no se los señale, no se los pinte con imaginarias (y no tan imaginarias) cruces de alquitrán.

¿Qué espera la presidente que ocurra en la mente de la gente que no tiene para alimentar a sus hijos cuando escucha estas palabras incendiarias?, ¿qué pretende?, ¿qué la gente salga a matar ricos, a robarle lo que tienen o a secuestrar a sus parientes para después justificar todo con la explicación de la “exclusión social”?, ¿dónde ha quedado la que debería ser su principal preocupación, esto es, contribuir a la paz de la sociedad?

Un presentador televisivo de hace un tiempo decía “todo tiene que ver con todo”. Y, a poco que se analice lo que la presidente dijo la semana pasada en la Casa de Gobierno, no sólo se podrá entender por qué hay cada vez más pobres, sino también por qué hay cada vez más ricos obscenos, por qué hay cada vez más delincuencia, por qué hay cada vez más muertos, por qué hay cada vez más agresividad y por qué es cada vez menos agradable vivir en un país que no pareció ser diseñado para esto. © www.economiaparatodos.com.ar


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