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EPT | February 6, 2023

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Jueves 25 de septiembre de 2008

Perder la oportunidad de callarse la boca

Una vez más y al igual que su marido, Cristina Fernández de Kirchner usó el atril para desgranar conceptos equivocados, socarrones y soberbios.

Los acontecimientos sucedidos en el mercado financiero norteamericano han disparado una serie de comentarios muy interesantes, los que, al mismo tiempo, reafirman mucho de lo que ya se sabia de nosotros y, también, hacen reflexionar sobre la excelente oportunidad que perdimos para mantener la boca cerrada.

La caída de los bancos de inversión y de la compañía aseguradora más grande del país (AIG), producto de la arrastrada crisis de las hipotecas llamadas sub-prime, llevó a muchos personajes locales, empezando por la pareja presidencial (como no podía ser de otra manera) a exponer teorías cuasi-futbolísticas sobre el partido “Capitalismo vs Estado” que pintan de cuerpo entero, no solo la filosofía (si es que la puede llamar de esa manera) que nos gobierna sino el tipo de personas que la encarnan.

La presidente, como para empezar, y con un dejo de socarrona sonrisa entre sus labios, dijo que “mientras el Primer Mundo se derrumba como una burbuja, la Argentina se mantiene firme en la marejada”. Más allá de que es la primera noticia que tengo de que las burbujas se “derrumban”, habría que recordarle a la presidente varias precisiones.

Por empezar, al mismo tiempo que ella decía eso, el riesgo país de la Argentina trepaba a casi 1000 puntos básicos, apenas por debajo del comienzo de la crisis que terminó con De la Rúa. Los valores de la Bolsa se caían a pedazos y los precios de las materias primas que vendemos se derrumbaban en los mercados internacionales.

Por otro lado, no queda bien reírse de la temporal desgracia ajena, cuando quien la padece podría enrostrarnos fácilmente doscientos años de éxitos que la Argentina, en un tiempo similar, no vio ni en fotos. Si la presidente cree que este episodio prueba en algo la corrección de sus ideas se equivoca de medio a medio.

Al unísono con su marido, declaró que ahora “ellos nos van a copiar a nosotros”. ¿Pero es que de verdad creen que estos episodios llevaran a los norteamericanos a convertirse en una sociedad “estatista” gobernada por una mezcolanza de empresas publicas estatales a cargo de una burocracia que usa los sillones públicos para enriquecerse a costa de la sociedad que la banca?, ¿realmente creen que so es lo que va a ocurrir en los Estados Unidos?

Si es así, la pena que uno siente por su ignorancia solo sería apaciguada por las carcajadas que, difíciles de contener, saldrían con toda espontaneidad.

La así llamada intervención estatal del gobierno norteamericano no tiende a crear empresas públicas donde antes pugnaba el interés privado. Esa intervención solo retirará los factores de desconfianza que afectan al mercado para que éste pueda seguir operando con mayores dosis de tranquilidad. Es para eso que se usan los poderes públicos: para intervenciones pro-mercado que restauren las condiciones de operatividad anteriores a las causas que generaron la inestabilidad.

Pero las mentes brillantes que nos rodean, -alimentadas en teorías perseverantemente fracasadas, productoras de miseria, pobreza y que han terminado dando lástima al mundo luego de presentarse ante él como la encarnación del nuevo hombre-, es tanta la necesidad que tienen de encontrar al menos una señal de que lo suyo es lo correcto (no conformes con la cantidad de cachetadas que la realidad se encargó de darles hasta ahora) que se comen cualquier sapo creyendo que un tropezón constituye la caída final de su enemigo (llámese éste “capitalismo”, “libertad”, “individuo”, “sociedad libre” o el nombre que querramos darle a todo aquello que se oponga al estatismo fascista en manos de un grupo que se cree iluminado y con más autoridad que los propios interesados a dirigir la vida de todos).

Pero olvidan que el “enemigo” cuenta con el mayor motor que la Historia humana ha conocido para dirigirse hacia el progreso: el motor de la inventiva, la ingeniosidad, la creatividad, la libertad espontánea de la creación original. Cuenta, en fin, con todas aquellas cosas que en nosotros dependen, en el mejor de los casos, de la elefantiásica burocracia, de los pesados funcionarios, de los “despachos” y de los “expedientes”, y, en el peor, del negociado, de la coima, del “arreglo”, de la complicidad y de la corrupción.

Con dos motores tan distintos no es raro que el “Capitalismo” se haya reinventado a si mismo cientos de veces y haya regresado con mayores dosis de productividad, mientras que el “Estatismo” caía en realidades grises, en pueblos sumidos en el hambre, en vergonzosos pedidos de ayuda a quienes denostaba; en fin, en una verdadera caricatura de la lástima.

Cantar victoria con tan poco es de muy poco nivel. Propio de los fracasados, ávidos de que les pase algo a los que siempre les va bien, en lugar de averiguar por qué siempre les va bien.

Hace 25 años, la compañía ATT disponía de un monopolio de hecho que el Estado terminó interviniendo. ¿Qué hicieron los norteamericanos?, ¿se convirtieron al kirchnerismo creando la “ENTEL USA” con cientos de miles de empleados e incapaz de instalar un teléfono en menos de 20 años? No, no. Por medio de por una multiplicidad de acciones de mercado (venta de acciones, constitución de nuevas empresas, convocatoria a nuevos jugadores), dividieron la empresa de resultas de los cual el país (y como consecuencia el mundo) ingresó en una época de avances tecnológicos y de innovación en materia de telefonía, transmisión de datos, imágenes e información como nunca antes se había conocido en le planeta. Las inversiones se multiplicaron y los resultados en materia de facilitación de la vida, progreso de las comunicaciones, invención de sistemas informáticos, de calidad de instrumentos de conexión mundial, etcétera, fue tan grande que la bola de recursos generados probablemente haya multiplicado un millón de veces el patrimonio de la ATT al momento de su división.

En aquel momento también los profetas del estatismo podrían haber salido a cantar victoria sobre la “superioridad operativa de su método”. Pero se hubieran equivocado. La desaforada necesidad de gritar al menos UN triunfo los habría engañado como chorlitos. Igual que ahora… Igual que siempre. © www.economiaparatodos.com.ar


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