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Martes 30 de julio de 2013

¿Periodistas versus economistas?

¿Periodistas versus economistas?

¿A cargo de quiénes deben estar los diarios especializados en economía, así como las secciones económicas de los medios no especializados: de periodistas que se volcaron a la economía, o de graduados en economía que se volcaron a los medios de comunicación?

El curriculum que aparece al final de esta obra muestra que desde que en 1968 regresé a Argentina, luego de estudiar en Harvard, trabajé tanto en el ámbito académico como en los medios masivos de comunicación; de manera que voy a responder el interrogante planteado en base a mi experiencia.

La especialización o división del trabajo fue explicada por Adam Smith de manera inmejorable en las primeras páginas de La riqueza de las naciones, que publicó en 1776. Siempre me maravilló que si en la referida explicación reemplazo alfileres por satélites, computadoras, etc., es decir, por productos que en la época en que vivió el viejo Adam ni se soñaba que podrían existir, el resto del texto sigue vigente. Pues bien, el referido principio también se aplica al caso que estoy analizando.

Los periodistas y los economistas desarrollamos habilidades complementarias. Los primeros tienen ventaja comparativa en identificar la noticia, dentro de la enorme cantidad de información existente, y describirla; los segundos en ubicarla históricamente y –lo que generalmente resulta más difícil- explicarla causalmente.

El periodista entrevista a alguien durante media hora, e inmediatamente sabe cómo titular la nota (muchas veces, cuando al ver la publicación el entrevistado afirma que fue mal interpretado, lo más probable es que no quiso que se destacara algo que pensó que había dicho “al pasar”, pero que constituye el núcleo del reportaje).

Por su parte, antes de afirmar que “nunca hubo tanta inflación, o recesión, como ahora”, el economista consulta a su banco de datos; y antes de afirmar que la desocupación se debe a la legislación laboral analiza la relación que existe entre los efectos o síntomas (lo que se ve) y las probables causas de dichos síntomas.

Tanto entre los periodistas, como entre los economistas, hay superficialidad y profundidad, honestidad y deshonestidad, preparación e improvisación, etc. Estas son características de las personas, más que de las profesiones.

Periodismo y título universitario son roles, y como se sabe, una misma persona puede ejercer más de un rol. Daniel Della Costa y Néstor Scibona, con quienes trabajé en El Cronista Comercial durante la década de 1980, son periodistas que por su desarrollo profesional pueden perfectamente mantener una conversación con un ministro de economía, o un presidente del Banco Central; mientras que yo, graduado en economía, a raíz de mi paso por los medios de comunicación adquirí algunas de las habilidades que tienen los periodistas.

Dado el carácter complementario de las habilidades que poseen quienes tienen entrenamiento periodístico versus profesional, mi artículo ideal tiene 2 autores. La porción inicial, la que identifica una cuestión y la describe, debe estar a cargo de un periodista; mientras que la porción final, la que pone la noticia en contexto histórico y en explicación causal, debe estar a cargo de un profesional de la economía. Como sustituto imperfecto, le encargaría un artículo a un periodista y otro a un economista, con precisas instrucciones a cada uno de ellos.

En Argentina al menos se cree que describir es poco. Cada vez que el INDEC informa los resultados de la balanza comercial, me gustaría que los diarios publicaran una nota en cuyo párrafo inicial me informaran cuánto se exportó e importó durante cierto período, y qué variación tuvo con respecto al período anterior, luego de lo cual dieran rienda suelta a las explicaciones. Pero con lamentable frecuencia las notas comienzan dando rienda suelta a las explicaciones, sin informarme primero los hechos que intentan explicar.

“Cuando mis colegas del New York Times usan la palabra `académico’ no están halagando a nadie, porque quieren significar irrelevante. Y cuando mis ex colegas en la academia describen el trabajo de alguien como `periodístico’, invariablemente quieren significar poco profundo” (Weinstein, 1992). Suena muy lindo, pero; ¿es tan así?

Uno de los economistas que sufrió en carne propia haber desarrollado tareas periodísticas fue FritzMachlup. En sus propias palabras: “Ludwig Edler von Mises, Gotfried Haberler, Oskar Morgenstern y yo nos reuníamos periódicamente en la casa de Julius Meinl, importador mayorista de café y otros alimentos, para discutir qué cuestiones resultarían relevantes para ser tratadas en artículos periodísticos. Entre 1931 y 1934 escribí 148 de esos artículos, que fueron publicados en diarios austríacos. Escribí una columna semanal bajo la volanta `2 minutos de economía´… [Tal incursión no fue gratuita ya que] por lo menos un economista académico utilizó mis labores periodísticas como uno de sus argumentos contra mi incorporación como profesor universitario. Aparentemente para Hand Mayer, los escritos en medios masivos de comunicación eran labores indignas para un profesional” (Machlup 1980, 1982).

Durante un buen número de años, a partir de la década de 1960, Milton Friedman, Paul AnthonySamuelson y Henry Christopher Wallich rotaron semanalmente como columnistas en Newsweek, sin que a los 2 primeros esta incursión en los medios masivos de comunicación les impidiera obtener el premio Nobel en economía.

Como tampoco se lo impidió a Paul Robin Krugman, habitual columnista en el New York times.

El cuadro 72-1 lista a economistas que desarrollaron parte de su actividad profesional en medios masivos de comunicación, así como aquellos cuyos padres fueron periodistas.

La mayoría de los que aparecen en la porción superior del cuadro 72-1 fueron columnistas, algunos tuvieron participación más activa. Un caso digno de mención es el del semanario The economist, fundado por James Wilson, en el cual también colaboraron Walter Bagehot (yerno de aquel), en cuyas páginas de manera seriada publicó Lombard street, considerada “la Biblia” en materia de Banco Central; Robert Giffen (el de los bienes “ídem”) y Luigi Einaudi, quien se desempeñó como corresponsal en Italia.

En las páginas del New York times aparecieron los escritos periodísticos de Henry Hazlitt y Leonard Solomon Silk, y en las de El mundo los de Enrique Silberstein.

En el plano televisivo cabe citar las series protagonizadas por John Kenneth Galbraith (La era de la incertidumbre, 1977) y Milton Friedman (1980, Libertad para elegir).

¿Cómo me fue al respecto? La porción de mi profesión que desarrollé en medios de comunicación me dio ingresos, mucha información, destreza comunicacional y amistades muy divertidas (si uno es muy loco va a parar al manicomio, pero si no es un poco loco no puede trabajar en periodismo). Comencé por necesidad pero estoy muy contento con lo que hice.

Pero la pregunta se refiere a si esto influyó negativamente en el desarrollo del resto de mis actividades profesionales. No sólo por mi actividad periodística sino también por mi forma de hablar y escribir, me tuve que bancar (sobre todo por parte de quienes no son economistas) que se dijera que era “menos técnico” que muchos de mis colegas. Si esto me hizo perder algunos trabajos, no lo recuerdo. En todo caso, como tuve la fortuna de no estar nunca desocupado, la cuestión sería una de tener que conformarme con trabajos peores, pero no de falta de trabajo. De cualquier manera, los múltiples beneficios que recibí por haber puesto una pata en medios masivos de comunicación, más que compensa los ocasionales costos.

Fuente: www.cartapolitica.org