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EPT | May 17, 2022

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Jueves 16 de septiembre de 2004

Primer estudio jurídico privado en Corea del Norte

Creado con el objetivo de asesorar a posibles inversores, el surgimiento de este emprendimiento privado hecha un poco de luz sobre la posibilidad de que el país dominado por el déspota Kim Il Sung comience a abrirse hacia el resto del mundo.

La noticia parece realmente insólita: un nuevo estudio de abogados, que en este caso gira con el nombre de “Hay, Kalb & Associates”, acaba de abrir sus puertas, en pleno centro de la lejana Pyongyang. A diferencia de todos los demás en esa ciudad, éste no pertenece al Estado, dueño de todo en Corea del Norte.

Su socio principal es un audaz abogado británico que se ha asociado ahora con un abogado local y con el gobierno de Corea del Norte para organizar el primer estudio de abogados que no pertenece exclusivamente al gobierno que operará en ese país.

La nueva firma tiene una docena de jóvenes abogados, entrenados todos en la Facultad de Derecho de la Universidad (cuándo no) “Kim Il Sung”. Su objetivo es el de atender a los inversores extranjeros que requieran asesoramiento y ayuda en todo lo que tenga que ver con la complicada madeja regulatoria que gobierna ese capítulo del derecho en la aislada Corea del Norte.

Para algunos, ésta es una señal que sugiere que Corea del Norte está realmente interesada en poder atraer la inversión externa y romper así su proverbial aislamiento. Porque para ello está organizando prestadores de servicios capaces de ayudar a fortalecer la confianza de quienes se acerquen al país, con curiosidad, como eventuales inversores.

Desde hace dos años, Corea del Norte, en medio de marchas y contramarchas, está tratando de seducir a los inversores con algunas tímidas medidas, como las que ordenaron el capítulo de la fijación de precios y salarios, hasta no hace mucho totalmente artificial.

Por ahora, pocos inversores han respondido al llamado.

En rigor, solamente un manojo de empresas provenientes de China y Corea del Sur, incentivadas -de un modo u otro- por sus propios gobiernos nacionales, que tienen pequeñas operaciones industriales de armado de algunos pocos productos de industria liviana.

Ellos, además, procuran establecerse en las “zonas aduaneras especiales”, en las que las transacciones se tranzan en monedas duras y en las que no es de aplicación el derecho común norcoreano. Son una suerte de “limbos jurídicos”, entonces, bastante más ordenados que el resto del extraño país. Pero se trata de un pequeño grupo que está dando con cautela apenas sus primeros pasos.

¿Cuál puede ser la atracción de Corea del Norte?

Muy simple, los bajísimos niveles salariales, con los que no es nada fácil competir, cuando de actividades de mano de obra intensiva se trata. Y unos 23 millones de almas, escandalosamente sumidas en el atraso -y hasta en el hambre- por la utopía socialista que les fuera impuesta por una administración autoritaria que, con la de Bielorrusia, es uno de los pocos resabios patológicos que aún quedan en el mundo del fracasado “modelo económico-social” estalinista.

Como consecuencia del “milagro” socialista, la infraestructura de servicios de Corea del Norte no es -para nada- confiable. Los cortes y apagones son moneda constante y cualquier transporte a lo largo y ancho del país resulta una difícil aventura.

Como feo telón de fondo, Corea del Norte proyecta hacia el exterior una intranquilizadora sombra proliferadora en materia de armas de destrucción masiva y de misiles de mediano y largo alcance, con la que ese país no termina de asombrar (y perturbar) a la comunidad internacional.

Esto no ayuda ciertamente a proyectar estabilidad. Tampoco el desolador panorama que aparece en materia de vigencia de los derechos humanos y las libertades individuales, que la administración de Kim Il Jong maneja a su entero gusto y paladar.

Quedan, entonces, una enormidad de cuestiones serias todavía a resolver. Será necesario implementar todas las medidas que ellas requieran, antes de alcanzar una imagen de normalidad que atraiga al resto del mundo. O que, por lo menos, no lo disuada.

Pero el camino se hace andando y la nueva firma de abogados luce como una pequeña apuesta a que es posible salir del completo aislamiento en el que Corea del Norte ha estado inmersa desde hace décadas. Veremos. © www.economiaparatodos.com.ar



Emilio Cárdenas es ex Representante Permanente de la Argentina ante las Naciones Unidas.




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