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jueves 23 de diciembre de 2004

¿Qué pasó este año?

El número de alumnos que deben rendir exámenes en diciembre y en marzo muestra una tendencia al aumento desde hace varios años. Sin embargo, parece haber pegado un gran salto en este último curso escolar. Una de las causas de los malos resultados obtenidos por los alumnos podría ser lar falta de educación de la voluntad.

Cuando comencé a ver las estadísticas de alumnos que se llevaron materias a exámenes en diciembre y marzo reconozco que quedé sorprendido. Si bien vengo siguiendo este tema hace 14 años, y viendo como la relación cantidad de materias sobre número de alumnos se venía incrementando lentamente, este año el salto parece haber sido cuantitativamente mayor, tanto en cantidad de alumnos que se llevan materias como en cantidad de materias a examen por alumno. Lamento no poder aportar estadísticas significativas, pero sí la sensación que tienen directores y docentes de colegios con los que hablé es la misma: este año el número aumentó más de lo que venía haciéndolo históricamente.

Intentar buscar causas para explicar este fenómeno puntual es casi imposible. Pero no es así si tomamos en cuenta que esto es una tendencia que viene creciendo en los últimos años. Y tan es así, que hace pocos años una provincia que prefiero no mencionar por decoro, aumentó el número de materias previas con las que un alumno puede promover el curso de dos a tres, porque sino el 50% de los estudiantes secundarios repetía el año, con las consecuencias –hasta edilicias– que ello ocasionaría

Pensemos por una lado en la teórica facilidad que tenemos para educar la inteligencia. Textos cada vez más didácticos, enciclopedias cada vez más completas, la posibilidad de acceso a Internet para investigar sobre cualquier tema, programas de informática educativos, reproducción computarizada de experimentos de laboratorio, retroproyectores, fotocopias color, filminas, Video Discos Digitales, pizarrones electrónicos, programas de estudio elaborados por eruditos y hasta lapiceras o biromes que escriben mejor. Pero a pesar de todo eso, los alumnos cada vez se llevan más materias y cada vez repiten más de año.

Es decir: es difícil echarle la culpa del fracaso escolar durante el ciclo lectivo a que los docentes y alumnos no cuentan con los medios necesarios para dar o adquirir los conocimientos.

Tenemos que comenzar a mirar otro de los aspectos de la persona humana: la voluntad. Esa potencia que nos lleva, no a saber, sino a hacer las cosas. Y quizá los malos resultados obtenidos por los alumnos puedan explicarse por falta de educación de la voluntad. Vemos adolescentes que no pueden estar sentados frente a un libro más que unos minutos. “Es aburrido”, “es incómodo” o “esto para qué me sirve” parecen ser las excusas ideales para no estudiar. Y los adultos lo permitimos. E incluso a veces les damos el mismo ejemplo, tanto socialmente como en los medios de comunicación masiva.

La responsabilidad de educar la voluntad no puede trasladarse íntegramente a la escuela. Es algo que deben asumir tanto la familia como la sociedad y los medios de comunicación. Si comenzamos a realizar acciones en la línea de mostrar que el esfuerzo tiene premio, que el ser mejores vale la pena, que estudiar nos hace mejores como seres humanos, puede que los resultados académicos comiencen a cambiar y a mostrar que toda la tecnología existente para educar la inteligencia puede hacer que los alumnos sean cada vez mejores estudiantes. © www.economiaparatodos.com.ar



Federico Johansen es docente, director general del Colegio Los Robles Pilar y profesor de Política Educativa en la Escuela de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UCA (Universidad Católica Argentina).




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