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Lunes 28 de julio de 2014

Thomas Griesa

Thomas Griesa

Las dificultades del gobierno para solucionar su diferendo con acreedores que han recibido un fallo judicial favorable en una jurisdicción aceptada libremente, ha intensificado los mensajes descalificatorios respecto del magistrado estadounidense Thomas Griesa por parte del kirchnerismo

Sin pretensiones de realizar un panegírico del juez, hemos creído necesario aportar algunas breves reflexiones al respecto.

Ante todo, hay que tener presente que los Estados Unidos son un país idealista por sus principios, lo que vuelve moralista toda su cultura en  general. Sus gobiernos no se basan en el derecho divino de los reyes, ni en privilegios hereditarios, ni en un respeto sumiso a las dictaduras, sino en las Cartas de la Libertad, afirmadas en la Declaración de la Independencia, la Constitución creada por el gobierno y la Declaración de Derechos, que establecen el marco y el límite de las libertades individuales. Dentro de dichos principios se encuentran contenidos también los fallos de la justicia.

Para un ciudadano estadounidense la ley tiene un valor inapelable, probablemente porque para él “la verdad en los grandes intereses de la vida es, ante todo, una cuestión de administración y de conciliación de los extremos” (John Stuart Mill).

Para resolver correctamente estas cuestiones, que deben ser juzgadas de acuerdo con dicha ley, se busca evitar siempre la lucha violenta inútil entre combatientes que desean cobijarse bajo banderas hostiles.

El juez Griesa ha esterilizado, con el  fallo objeto de la controversia que nos tiene a mal traer en estos días, cualquier supuesta estigmatización de “peligrosidad o inmoralidad”, ya que ha tenido presente los principios del derecho contenido en los “papeles” que debió analizar.

Para un estadounidense, un compromiso de pago a término es algo que no está sujeto a ambigüedades (lo saben bien quienes han comerciado en los Estados Unidos), porque resulta una protección irrenunciable en la formal sesión de un derecho otorgado por un deudor hacia cualquier acreedor. Por consiguiente, éste confía siempre en la seriedad de las intenciones de aquél al estampar su firma en un contrato.

No compartimos la opinión de quienes aluden a la edad de Griesa pintándolo como un hombre senil, o su eventual “desconocimiento” de cuestiones económicas en el marco de su fallo, ya que todos los tribunales de alzada de su país han juzgado el asunto del mismo modo, indicando la UNANIMIDAD con que se entienden estas cuestiones en el país del Norte. Esto da por tierra con las acusaciones de quienes intentan presentarlo también como un agente de supuestos intereses imperialistas. Solo reflejan el modo de comportarse en la vida de toda una Nación.

Más bien, causa la sensación de estar “harto” de las tramoyas kirchneristas de los últimos diez años.

Además, ¿qué podría esperarse de un mundo en que se aceptase que los compromisos adquiridos mediante un contrato -formalizado en plena libertad y dentro del marco de las leyes-, provocaran interpretaciones “subjetivas” sobre los alcances del mismo al momento de ejecutar alguna de sus cláusulas?

La respuesta está dada a poco que se advierta la diferencia que existe en las bases sobre las que se asientan el derecho y la moral en los Estados Unidos -lo cual ha permitido constituirlos en líderes mundiales de la democracia a través de la historia-, en contraposición con la laxitud argentina al momento de “interpretar” las leyes cada vez que se ha llegado a instancias de tener que honrar una deuda.

Al respecto, nos ha parecido muy ingeniosa además la reflexión del economista argentino José Luis Espert, quien ha dicho sintéticamente sobre la cuestión de marras: “sin política ineficiente no hay déficit, sin déficit no hay deuda, y sin deuda no existirían los buitres” (“hold outs”).

Conclusión: es necesario rechazar la falsedad de los argumentos de una corporación política acostumbrada a apoderarse del “discurso” sobre los alcances de la verdad, porque es lo que ha llevado a nuestro país a convertirse en el furgón de cola del progreso y el desarrollo.

Tenemos la sensación que lo que intenta ahora el gobierno “K” es convertir al juez Griesa en el “pato de la boda”, porque siempre hay maneras de cruzar un puente si se cuenta con los buenos oficios de quien sugiere -aunque no esté obligado-, cómo cruzarlo de manera segura.

En cualquier caso, ¿no hubo tiempo más que suficiente para analizar estas cuestiones por parte de quienes usaron discursos alambicados y oscuros tratando de encubrir su falta de “materia gris”?