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Jueves 16 de marzo de 2006

Se acerca la hora de un nuevo Secretario General de la ONU

El mandato de Kofi Annan, actual secretario general de las Naciones Unidas, termina en diciembre y, como no puede aspirar a una nueva reelección, ya son varios los candidatos que se han anotado en la carrera para sucederlo.

Antes de fin de este año, los 191 estados miembros de la ONU deberán elegir a un nuevo Secretario General para la organización, en reemplazo del actual, Kofi Annan, cuyo segundo mandato expira el próximo 31 de diciembre y ya no puede volver a ser reelecto.

El procedimiento de selección es relativamente oscuro y las negociaciones resultantes suelen ser bien complejas, pero probablemente puede sintetizarse en que la recomendación (decisión) es del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la que luego debe, sin embargo, ser confirmada y endosada por la Asamblea General que, en definitiva, designa al Secretario General.

Con esa estructura, lo decisivo es el acuerdo de los cinco miembros permanentes del Consejo, que tienen derecho de veto. Una vez que ellos logran el consenso necesario, el “ungido” normalmente accede al cargo.

El Secretario General, recordamos, es el más alto funcionario administrativo de las Naciones Unidas y puede llamar la atención al Consejo de Seguridad sobre cualquier asunto que, en su opinión, pueda amenazar la paz y seguridad internacionales. En el desempeño de sus funciones no debe solicitar -ni recibir- instrucciones de ninguna autoridad ajena a la organización y debe abstenerse de cualquier actuación incompatible con su condición de funcionario internacional.

En la búsqueda del nuevo Secretario General deberían prevalecer criterios de corte profesional como eficiencia, competencia e integridad, pero la realidad es que, además, existen las consideraciones políticas, que siempre pesan.

Esta es, en principio, la “hora” (o el “turno”) de Asia, región que desde 1971, cuando la era de U-Thant, no ha tenido a ninguno de sus ciudadanos en el cargo. De allí que los principales candidatos esta vez sean los asiáticos. Pero no son, curiosamente, los únicos, porque el espectro de posibilidades está creciendo.

De Asia llegan: el ex vice premier de Tailandia, Surakiart Sathirathai, un abogado educado en Harvard, con experiencia en economía y finanzas internacionales; Jayatha Dhanapala, de Sri Lanka, que alguna vez fuera subsecretario de la ONU a cargo de las cuestiones de desarme y ex embajador de su país ante los Estados Unidos; y Ban Ki Moon, el canciller de Corea del Sur. Además, el canciller de Timor Oriental y Premio Nóbel, José Ramos-Horta, que manifiesta que, sin recursos, no puede hacer “campaña”, pero que, igual, está “interesado”. Y, según algunos, Kemal Dervis, el ex ministro de Finanzas de Turquía (cuya reputación es similar a la de nuestro Lavagna), que pese a los rumores dice estar interesado en conducir el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) y no otra cosa.

Como algunos sostienen que en esta etapa -de clara transición- debería privilegiarse la capacidad y no necesariamente el origen de la persona, hay también otros personajes en carrera. Varios. Y bien diferentes.

Entre ellos, dos provenientes de Europa Oriental, que sostienen que desde allí no salió jamás un Secretario General y que, por consiguiente, es su “turno”. Ellos son Vaira Vike-Freiberga, el propio presidente de Latvia, que obviamente aspira a más; y Alexander Kwasnieski, un ex presidente de Polonia, bastante desteñido, pero ciertamente ambicioso. Asimismo: el Príncipe Zeid al-Hussein, de Jordania, representante permanente de su país ante la ONU y un ex participante en las duras operaciones de paz de Bosnia-Herzegovina; Jan Eliasson (con quien el autor de esta nota se desempeñó como representante personal del Secretario General de la ONU en Irak), hoy presidente de la Asamblea General y uno de los mejores y más experimentados diplomáticos suecos, alguna vez alto funcionario de la ONU; y Louise Arbour, la fiscal que hoy investiga crímenes de guerra, que alguna vez fue miembro de la Corte Suprema de Canadá.

Pese a todos estos verdaderos “espontáneos”, Japón y China sugieren -a voz en cuello- que ésta es la hora de Asia. Y lo es. De allí que presumiblemente el nuevo Secretario General provenga de esa región.

Aunque ciertamente puede no ser ninguno de los antes nombrados, sino alguna otra persona. Un “tapado”, entonces.

Siempre se recuerda que, en su momento, el sueco Dag Hammarskjold no sabía siquiera que él era efectivamente uno de los candidatos y que, cuando fue informado de lo ya decidido respecto de su persona, creyó que era objeto de una típica “cargada” del “Día de los Inocentes”. Y no era ciertamente así.

Veremos qué termina sucediendo, pero las opciones son muchas. A Kofi Annan se lo eligió en 1996, tan sólo dos semanas antes del vencimiento del anterior mandato. Sobre la hora, entonces. © www.economiaparatodos.com.ar



Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).




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