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jueves 6 de noviembre de 2008

Sin límites para el asombro

El gran circo bolivariano continúa con sus funciones: Hugo Chávez hace de las suyas en un nuevo proceso electoral.

Hugo Chávez es, por cierto, un personaje excepcional. No hay dos como él. Pero no por bueno, sino por peligroso y patológico. Cada vez más, su manifiesta paranoia crece, como si ni hubiera límite alguno para generar asombro, ni para descargar sobre el público atónito toda suerte de barbaridades. Todo es posible. Para él las reglas juegan a favor de él, nunca en contra. Por ende, todo vale. El insulto, la descalificación, las amenazas. Las mentiras. Los engaños. Todo. Sin límites.

El próximo 23 de noviembre habrá -una vez más- elecciones en Venezuela. Esta vez, la oposición no cederá equivocadamente ningún espacio. Aunque enfrente, como es habitual, proscripciones y fraudes. Y está dividida, error fatal ante el totalitarismo.

La convocatoria electoral ha vuelto a demostrar que a nada le teme más Chávez que a su propio pueblo. Por esto, consciente de que puede perder mal en el estado de Zulia y en algunos otros lares, Chávez ha salido a demonizar y amenazar fuerte y tempranamente. A la manera de la izquierda radical en todos los rincones de nuestra región. Sin que siquiera la educación sirva de frontera.

El último dislate del ensoberbecido Hugo Chávez es monumental. Alertado por la posibilidad de ser derrotado en las urnas, Chávez amenaza con recurrir -si pierde, claro está- a un “plan militar”. Así dice ahora estar dispuesto a “hacer todo lo posible para que nuestro proceso revolucionario siga siendo pacífico”, aunque recordando que “tenemos armas por si acaso”. Machazo el hombre! Un demócrata!! cree él.

Lo cierto es que cada vez hay más armas en Venezuela, gracias a las ventas que hacen Irán, Rusia y Bielorrusia, sus recientes aliados estratégicos, que lucran ferozmente con la avalancha de órdenes de compra que llega desde el escritorio del caribeño. Sus insólitos dichos conforman una versión moderna de aquello de “a Dios orando, pero con el mazo dando”.

Ocurre que Chávez le teme muy especialmente al carismático Manuel Rosales, a quien insulta sin parar, en muestra evidente de pavura. Sobre él dice: “Si Manuel Rosales y sus mafias triunfan (esto es, si el pueblo venezolano completamente harto de Chávez lo elige) tendríamos que empezar a hacer un plan, incluso militar”. Para un veterano golpista, nada nuevo. Pero de democracia, nada. Ni un granito. La democracia, como todo, solo sirve a Chávez cuando le juega a favor; nunca cuando el pueblo, cansado de sus disparates, lo puede arrinconar o limitar con sus instituciones o principios.

Rosales, que no puede ser re-electo como gobernador de Zulia, aspira ahora a la alcaldía de Maracaibo, la activa capital departamental, emplazada a apenas 500 kilómetros de Caracas. Y tiene muchas posibilidades. Puede haber paliza para Chávez, que la intuye.

Para Chávez, el triunfo de Rosales podría repetir, en Venezuela, la situación de la valiente Santa Cruz en Bolivia. Esto es, consolidar un frente popular -y territorial- que persiga empujar democráticamente a Chávez del poder, con la fuerza de las urnas. Decirle entonces al totalitario bolivariano: basta ya!

Veremos, pero el miedo de un Chávez que -de pronto- ha perdido la “caja” de los recursos de los hidrocarburos (ahora reducidos, por efecto de la crisis mundial) es cada vez más obvio.

Un inusual investigador chavista

El 11 de septiembre pasado, como consecuencia de la constante siembra de resentimientos provocada por Evo Morales, se produjeron algunos enfrentamientos armados que tuvieron como escenario al departamento opositor (como todos los de la llamada “Media Luna”) de Pando.

Concretamente, en las localidades de Cobija y Filadelfia. Con muertos y heridos. Ambas partes se acusan recíprocamente. Pero una tiene el poder y la otra no. Por ello el entonces Prefecto de Pando, Leopoldo Fernández está detenido desde el 16 de septiembre pasado, cuando aprovechando la declaración del “estado de sitio” en Pando, fuera tomado preso por el ejército boliviano siguiendo órdenes expresas emanadas del propio Morales, acusado de ser el responsable de los referidos enfrentamientos. Desde entonces estuvo confinado en el penal de San Pedro, en La Paz. Para la oposición, ilegalmente. Ahora que presumiblemente se levantarán las medidas de excepción, las cosas pueden cambiar. Pero para Morales, como para Chávez, las normas legales son siempre relativas y la situación de Fernández así lo testimonia.

Desde la recién nacida UNASUR (a cuya Secretaría General se intentó llevar al propio Néstor Kirchner, que acaba de ser corajudamente vetado por Uruguay) se designó una sospechosa “comisión investigadora” ad-hoc, a cuyo frente se puso al Subsecretario de Derechos Humanos de la Argentina, un hombre cercano a los Kirchner. Me refiero a Rodolfo Mattarollo, respecto de quien, por sus antecedentes, no puede presumirse neutralidad alguna. Menos aún, imparcialidad.

Ocurre que el mencionado Mattarollo no es -por cierto- un “activista” de los derechos humanos, como se lo suele describir. Es un ideólogo radical. En su pasado aparecen, en cambio (a estar a lo que informan los medios) conexiones con el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) argentino y con el Movimiento Todos por la Patria, movimientos ambos de extrema izquierda que -en la Argentina- participaron, directa o indirectamente en actividades guerrilleras que atentaron reiteradamente contra civiles inocentes. Con estas “credenciales”, los Kirchner lo designaron en el área de los derechos humanos. Típico.

Mattarollo, dando vuelta, él mismo, las páginas su la historia, se presenta hoy como una suerte de “adalid” de los derechos humanos. Ahora, en su papel de investigador, se apresta a “entrevistar” a los presuntos responsables de los enfrentamientos trágicos de Pando. Quiere así conversar con el ex prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, para conocer “su versión de los hechos”. Notable petición. Como si hubiera la posibilidad de investigar y condenar sin hablar nunca con el detenido. También, por supuesto, quiere hablar con el Ministro Juan Ramón Quintana, para escuchar la “versión oficial”, la única veraz para el gobierno local. Dice, haciéndose el misterioso, tener versiones que “no coinciden” con la del gobierno. No cabe presumir, sin embargo, que les de crédito alguno. Pero habrá que esperar, por aquello de que “por sus frutos los conoceréis”. Aunque los frutos pasados de Mattarollo sean archi-conocidos.

Dicho sea de paso, Evo Morales, siguiendo la conducta típica de la izquierda radical cuando está en el poder, está desacatando abiertamente la orden del Tribunal de Sucre que (haciendo lugar a un “habeas corpus”) le ordenó trasladar a Leopoldo Fernández (hoy humillantemente detenido en una cárcel común, en La Paz) a Pando (su propio departamento) y ponerlo bajo la jurisdicción de la Corte Suprema.

El derecho, para Morales, es un instrumento para abusar de sus opositores. No una vara igual para todos. Él es el Estado. Él cree ser la ley y la justicia, a la vez. Peligrosísimo. Pero en esto, como en tantas cosas, sigue a Hugo Chávez, religiosamente.

El gobierno de Daniel Ortega se quita la máscara

También en Nicaragua las cosas se complican. Y rápidamente. Ortega se está quitando, paso a paso, el antifaz.

Recientemente ha intensificado las persecuciones judiciales a la oposición (usando un arma predilecta de la izquierda radical, que se las ingenia para tener siempre jueces “adictos” o “serviles”). Especialmente contra Carlos Fernando Chamorro, el hijo del legendario periodista Pedro Joaquín Chamorro, que tanto defendiera la libertad desde las columnas del diario de su familia: “La Prensa”. Lo acusa de presuntas infracciones fiscales, tratando así de silenciarlo. Lo mismo ocurre con las organizaciones no gubernamentales que critican, acosan o acusan, con razón, a Ortega por su creciente autoritarismo.

Ortega se ha lanzado también a tratar de silenciar a los nutridos grupos “feministas” que no quieren que se dejen de investigar activamente las horrendas acusaciones que se hacen contra Ortega por parte de su propia hijastra, Zoilamérica Narváez, quien lo ha denunciado por reiterados abusos sexuales contra su persona.

Gracias al innoble pacto sellado por Ortega con Arnoldo Alemán (que acaba de ser “premiado” con recuperar la libertad que había perdido con motivo de un caso de corrupción) ambos políticos “controlan” el poder judicial nicaragüense, razón por la cual no hay ya defensa alguna -seria y confiable- contra la arbitrariedad en ese castigado país.

De cara a las elecciones municipales que se aproximan, siguiendo el más puro estilo “chavista” o “bolivariano” (que es lo mismo, por supuesto) Ortega ha descalificado a cuanto opositor es capaz de ganarle, por motivos infundados las más de las veces. De allí que hasta el poeta Ernesto Cardenal, el ex Presidente Bolaños, el liberal “disidente” Eduardo Montealegre y otros opositores estén hostigados judicialmente, obligados a vivir en una constante zozobra.

El abuso del poder es un arma poderosa, queda visto. Esto no debe ser una sorpresa. Es una tradición bolivariana. Así lo sostiene el historiador peruano Herbert Morote, en su reciente libro “Bolívar, Libertador y Enemigo Número Uno del Perú”, publicado en diciembre del año pasado, en el que recuerda explícitamente que “muchos de nuestros gobiernos avasallaron la autonomía del poder judicial y usaron a éste como arma represiva contra sus opositores” (en la página 90), agregando gráficamente: “Bolívar reemplazó el 6 de marzo de 1824 la “Alta Cámara de Justicia” del Protectorado por la Corte Superior de Justicia de Lima, y luego de la batalla de Ayacucho creó la Corte Suprema. El motivo principal fue acomodar a jueces que le permitieran reprimir la oposición, gobernar sin problemas y aceptar sus órdenes, dando la sensación de un marco de legalidad que todos los tiranos hipócritamente buscan” (en la página 91). Increíble.

Más claro el agua. El instrumento “bolivariano” consistente en sojuzgar y utilizar arteramente a la justicia es de vieja data, según queda visto.

Mientras tanto, con toda suerte de intimidaciones, en Nicaragua se ha silenciado asimismo a algunos conocidos periodistas que criticaban a Ortega. Así ha desaparecido del aire Edgar Tiberino. Y también Jaime Arellano. Y otros.

La oposición comienza a experimentar -en carne propia- lo que es el miedo que -de pronto- ha regresado a Nicaragua. Ortega ha vuelto “a las andadas”. Como siempre ocurre cuando, dentro de los líderes, se aloja la ideología que anima a la izquierda radical latinoamericana que -más allá del romanticismo inocente o complaciente de algunos- nada tiene de democrática. © www.economiaparatodos.com.ar

Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

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