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Lunes 2 de octubre de 2006

Tipo de cambio y hegemonía política

Una economía cerrada como la que tenemos le permite al presidente engordar la caja gracias a la cual compra voluntades y silencios con el objetivo de consolidar su proyecto hegemónico.

Hacia fines del siglo XVII toma forma el pensamiento mercantilista. Esta corriente de pensamiento económico consideraba que la riqueza de las naciones estaba determinada por la cantidad de reservas (en ese tiempo, en oro) que tenía un país. A mayor cantidad de reservas, más rico era el país y viceversa. Como consecuencia de lo anterior, los mercantilistas consideraban como algo bueno la exportación de productos y como algo perjudicial la importación. Para los mercantilistas, el concepto de bienestar de la población no se determinaba por la cantidad de bienes y servicios a los que podía acceder la gente con su salario, sino que era función de la cantidad de reservas que acumulaba el Estado. En rigor, eran los reyes los que veían con buenos ojos esta corriente de pensamiento porque la acumulación de oro en las arcas del Estado (es decir, en las propias del monarca) le permitía cubrir sus gastos y, como era costumbre en esos tiempos, financiar las guerras en que se metían. En definitiva, juntar reservas, exportar mucho e importar poco era el corazón del mercantilismo.

La política económica actual tiene bastante de las ideas mercantilistas. La sustitución de importaciones es parte importante del modelo económico y la acumulación de reservas en el Banco Central (BCRA) constituye otra de las patas del plan económico. Esa acumulación de reservas no se produce porque ingresan capitales de largo plazo gracias a la confianza que genera el contexto político actual, sino que es producto del saldo de balance comercial (la diferencia entre exportaciones e importaciones). A su vez, el saldo favorable en el comercio exterior se produce por el tipo de cambio artificialmente alto que impulsa el Gobierno.

En los últimos días, el Gobierno y algunos medios de comunicación adictos a la política oficial han destacado que las reservas del BCRA se ubican nuevamente en los niveles en que estaban antes de pagarle al Fondo Monetario Internacional (FMI). Lo que no aclaran el Gobierno y los mencionados medios de comunicación es que, así como subieron las reservas, también aumentó el pasivo del BCRA por la emisión monetaria que hizo para “acumular” reservas y por la esterilización de parte de esa emisión monetaria vía endeudamiento de corto plazo. Para ponerlo más claro: el incremento de las reservas hizo subir el activo del BCRA pero, también, aumentó el pasivo.

Volviendo al espíritu mercantilista, lo importante es entender que éste no busca maximizar el bienestar de la población, sino que su objetivo consiste en maximizar las ganancias de los sectores protegidos y las arcas del Estado.

Justamente, hace unos días, Felisa Miceli sostuvo que el tipo de cambio “competitivo” se va a mantener porque constituye uno de los pilares de la política económica. Personalmente, creo que no es “uno” de los pilares, sino “el único” pilar. Al margen de las creencias personales, lo cierto es que definir a este tipo de cambio como competitivo luce demasiado ambicioso, más bien este tipo de cambio es una especie de telón que utiliza el Gobierno para esconder la falta de reformas estructurales. Dicho en otras palabras: un tipo de cambio alto no corrige la ineficiencia del gasto público y su nivel, la pésima política impositiva, la deplorable legislación laboral, ni el nefasto sistema de coparticipación federal. Lo que hace este tipo de cambio es tratar de disimular por un tiempo todas esas ineficiencias. Así como en el pasado esas ineficiencias fueron disimuladas con endeudamiento, ahora se las disimula con un tipo de cambio alto o “competitivo” como dice Miceli.

De todas maneras, no es esto lo que más incentiva al Gobierno a sostener el actual nivel cambiario. En rigor, el Gobierno necesita de este tipo de cambio artificialmente alto para poder aplicar los derechos de exportación que le representan el 12% de la recaudación impositiva. Es este impuesto, que no podría aplicar si el tipo de cambio fuera más bajo, más el nefasto impuesto al cheque, lo que le genera la famosa caja al Gobierno. Recordemos que los derechos de exportación no son coparticipables y que el impuesto al cheque es coparticipable sólo en el 30% (o sea que el gobierno central se queda con el 70% de lo que se recauda con este gravamen).

Sin estos ingresos fiscales, el proyecto político de Kirchner caería desintegrado. Por eso siempre insisto en que la política económica está subordinada al proyecto político del actual gobierno. Tener caja para disciplinar intendentes y gobernadores es fundamental a la hora de juntar voluntades.

El problema es que, para sostener el tipo de cambio “competitivo” que quiere el gobierno, el BCRA tiene que aplicar el impuesto inflacionario, lo que lleva a un deterioro del tipo de cambio real por más que el señor Moreno se empeñe en controlar los costos, como sostiene ahora.

En definitiva, mi impresión es que el tipo de cambio “competitivo” es necesario por razones fiscales. Si bien el Gobierno parece tener una visión mercantilista de la economía, su principal objetivo es la caja, y ésta sólo la puede conseguir con impuestos como los mencionados, aplicables sólo en un contexto de aislamiento económico internacional. Una Argentina integrada económicamente al mundo no es funcional al objetivo político del Gobierno. En cambio, una economía cerrada como la que tenemos le permite a Kirchner soñar con su proyecto hegemónico. © www.economiaparatodos.com.ar


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