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Viernes 1 de agosto de 2014

Un default ideológico

Un default ideológico

Los ideólogos, cuando entran en dificultades, persiguen siempre a la gente para que acepte soluciones a problemas creados generalmente por ellos, por medios que tratan de imponer arbitrariamente

Zygmunt Bauman sostiene que “veinticuatro horas al día y siete veces por semana los humanos son así instruidos, exhortados y engatusados a abandonar los caminos que habían considerado correctos y a volver la espalda a lo que estimaban valioso y pensaban que los hacía felices”.

En eso radica la debilidad esencial de la ideología al final del camino, porque “como ha demostrado la evidencia histórica, la coerción hacia la libertad raramente conduce a la libertad” (Bauman) ya que está probado que el hombre, por su naturaleza esencial, perseguirá eternamente su propia “aventura cultural”.

Quienes tratan de imponer ideas supuestamente “correctas con exclusión de cualesquiera otras”, niegan los derechos de aquellos que no comparten su peculiar criterio de “unanimidad” y no aceptan ni comprenden al mismo tiempo, que una verdad pierde validez cuando se promueve el silencio de quienes tengan algo que decir al respecto, como sostiene John S. Mill.

La ideología llega al punto de pretender que “las libertades” por las que los hombres de fines del siglo XVIII y los del XIX se esforzaron y lucharon, se conviertan en fantasmas sin contenido, defraudando cualquier esperanza cifrada en aquellas.

La conferencia de prensa de Kicillof, celebrada en el consulado argentino de New York en estos días, anunciando el fracaso de las negociaciones de la deuda argentina con los “hold outs”, es una pieza retórica que calza perfectamente dentro de los estrechos márgenes psicológicos de un ideólogo “a outrance”, que no acepta la razón de ser de nada que no coincida con su “relato”.

Junto con Cristina han conformado un tándem diabólico y no pasa día en el que no estén reunidos “maquinando” de qué manera podrán estrechar el “cepo” cultural con el que pretenden “atornillarnos” a su visión deformada de la realidad. Mientras tanto, mienten con una desfachatez que asombra, dando vuelta cualquier argumento “por la retaguardia”, es decir, por el lado más desprotegido y difícil de contradecir de inmediato.

Hay que sacudir la cabeza varias veces para percatarse que lo que nos dicen es una fantasía, pero es tal la habilidad que han desarrollado durante estos años, que se han puesto duchos en “ramificar” sus conclusiones atrabiliarias haciéndolas aparecer durante algunas horas como razonables.

Solo después de transcurrido algún tiempo, las evidencias de la realidad dan por tierra con el fanatismo en el que pretenden envolvernos.

No cuesta demasiado trabajo comprender por qué razón la mayoría de descerebrados y adocenados que los siguen -y están siempre listos para ser “engrupidos”-, unos instantes después de haberse lanzado una nueva consigna, salen a la calle y a las redes sociales a batir el parche para amplificar el “discurso” del momento (¿o habría que denominarlo más bien “verso”?).

Así estamos. Por desgracia para el kirhnerismo, por más furiosos que se pongan, la realidad les ha puesto una pared por delante. A nosotros solo nos queda contar –como los presos en sus celdas-, los días que nos faltan para liberarnos de la tortura de su presencia y no volver a verlos nunca más en la cercanía de cualquier gobierno del futuro.

Mientras tanto, a la Presidente le decimos el nombre que nos está desafiando a encontrar para la situación que se ha presentado: es, esencialmente, un default “ideológico” señora.