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EPT | May 17, 2022

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Jueves 9 de diciembre de 2004

Un fin de año escolar con coherencia, lamentablemente

Los paros docentes trasladan la culpa de la situación a los alumnos, que son los únicos que realmente terminan siendo afectados. Mientras, la educación cada vez más deja de ser una “igualadora de oportunidades” para convertirse en “fomentadora de diferencias”.

Estudios realizados últimamente por el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación de la UNESCO, combinados con algunos estudios locales, muestran que en la Argentina no sólo hay algunos días menos sino muchas menos horas de clases que en otros países que parecen aventajarnos en cuanto a calidad educativa.

Un calendario escolar poco extendido en el tiempo unido a prioridades que parecen poner los días de clase en el último escalón (por ejemplo, cuando un feriado cae en sábado o domingo y se lo traslada al lunes por razones turísticas) hacen que, aun teóricamente, haya poco tiempo de clases. Pero si le sumamos jornadas de reflexión pedagógica, limpieza de escuelas después de actos eleccionarios y, finalmente, los paros docentes, en la práctica el número de horas en que el alumno queda expuesto a una situación educativa es mucho menor.

En el caso particular de la provincia de Buenos Aires, los paros docentes de este año no solo han sido educativamente devastadores, sino que el fin de año con paros continuos ha sido una muestra de coherencia. Lamentablemente.

Como soy docente hace muchos años, muchas veces me he planteado la utilidad de los paros como medio de reclamo de los docentes. Indudablemente, si uno trabaja en una fábrica de pastas y deja de fabricar pastas, afecta a los dueños de la fábrica. Pero en el caso de la educación, ¿quién es el afectado por no dar clases? ¿No es esto una extorsión, independientemente de que el reclamo sea legítimo o no? ¿Tienen la responsabilidad los alumnos de la falta de presupuesto educativo o de los sueldos docentes? ¿Son los alumnos los que van a solucionar los problemas que plantean los docentes? ¿Cómo van a ser esos alumnos cuando crezcan y nos gobiernen?

Y lo peor de todo consiste en que la educación, considerada tradicionalmente y en todo el mundo como “igualadora de oportunidades”, se está convirtiendo últimamente en “fomentadora de diferencias”. Se supone que la educación debería contribuir a la movilidad social y a igualar las distintas clases sociales. Pero nos guste o no nos guste (en realidad a mí no me gusta), las clases medias que asisten a escuelas públicas de gestión privada (sean pagas o gratuitas) tendrán mejores oportunidades que aquellos que van a escuelas públicas de gestión estatal, gracias a, entre otras cosas, los sindicatos docentes que dicen defender la educación pública. Puesto en los peores términos posibles: la educación de gestión privada se puede dar el lujo de ser cada vez peor porque la de gestión estatal cada vez enseña menos y menos tiempo. Graciosamente, muchos de los que dicen defender la educación de gestión estatal (y que no simpatizan con la de gestión privada, sino que más bien quieren destruirla) en la práctica están trabajando en favor de la educación de gestión privada ¿O alguien en su sano juicio enviaría a sus hijos a educación de gestión privada no confesional si la educación de gestión estatal fuera de excelente calidad?

Si las cosas continúan como hasta ahora, los más ricos cada vez se educarán mejor y los pobres cada vez peor, por lo que la educación en cuanto a generar oportunidades pasa a ser un agente de producción de desigualdades. Y no parece que de esto tengan la culpa los alumnos.

Se me ocurren algunas formas distintas de protestar, que no afecten al alumnado y sí a las autoridades, a quienes teóricamente va dirigida la queja: por ejemplo, dejar encendidas día y noche todas las luces de los establecimientos educativos, o dejar las canillas abiertas por la noche, o las cocinas encendidas para producir un incremento de gastos en los servicios. Dar clases los sábados también traería aparejado un aumento de gastos, pero sin castigar el nivel de educación.

El año termina con paros y con alumnos con problemas para aprobar sus materias y para asistir a los períodos de compensación, entre otros. Si esto es para “ayudar a mejorar la educación de gestión estatal”, mejor que piensen en algo para destruirla, que es lo que están haciendo. © www.economiaparatodos.com.ar



Federico Johansen es docente, director general del Colegio Los Robles Pilar y profesor de Política Educativa en la Escuela de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UCA (Universidad Católica Argentina).




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