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martes 3 de diciembre de 2013

Un regreso que nos desnuda en cuerpo y alma

Un regreso que nos desnuda en cuerpo y alma

“La Naturaleza está siempre ahí. Se sostiene a sí misma. En ella, podemos impunemente ser salvajes. Podemos inclusive resolvernos a no dejar de serlo nunca, sin más riesgo que el advenimiento de otros seres que no lo sean. Para ser, en principio, pueblos perennemente primitivos. Los hay.” (Ortega y Gasset)

Y sostiene el filósofo casi a continuación: “El hombre masa cree que la civilización en que ha nacido y que usa es tan espontánea y primigenia como la naturaleza, e “ipso facto” se convierte en primitivo. La civilización se le antoja selva”.

Alguna vez antes de ahora hemos recordado estos pensamientos de Ortega que quizá definan, de algún modo, el espíritu nacional.

El regreso de Cristina a sus funciones luego de una breve ausencia y las conjeturas surgidas mientras duró la misma, dieron lugar a una especie de “relato contracultural” de quienes se consideran opositores al kirchnerismo.

Mientras tanto, la realidad “real” no hace más que indicar el vacío en el que nos hemos hundido. No solamente porque la Presidente haya tenido un coágulo en la cabeza o un ventrículo que no bombeó correctamente. En absoluto: todo hubiera ocurrido exactamente igual, con o sin ella en el sillón de Rivadavia.

Lo único que ha resaltado esta desaparición temporaria es la precariedad esencial de una sociedad gobernada invariablemente por quienes apuestan a la fantasía, seguidos por un pueblo manso y perezoso que las acepta de buen grado mientras se pueda “ir tirando”.

Con su complacencia, la oposición política ha demostrado ser tan populista como el gobierno. Casi podría decirse que algunas manifestaciones de queja por lo que ocurre, dispararon propuestas alternativas que podrían ser consideradas como “el mismo perro con diferente collar”.

Dirigir la administración de un país no consiste en proyectar públicamente los dictados de ciertas “emociones”; ni creer que se puede vivir escondiendo la cabeza debajo de la almohada en un mundo absolutamente interrelacionado; o invocar sistemas poéticos de “bienestar” que no resisten ningún análisis sensato.

¿Seremos quizá como los “salvajes” de Ortega y estaremos tan confundidos como para aceptar una y otra vez la monótona repetición de “revoluciones abstractas” que nunca prosperaron?

¿Quién responde mejor a esa característica? ¿El kirchnerismo, o quienes decimos ser el 70% restante? ¿O todos a la vez?

“El pasado es por esencia “revenant” (retornante)”, sigue diciendo Ortega, “si se le echa, vuelve irremediablemente. Por eso su auténtica superación es no echarlo, sino contar con él. Comportarse en vista de él PARA SORTEARLO Y EVITARLO. En suma, VIVIR A LA ALTURA DE LOS TIEMPOS con hiperestésica conciencia de la coyuntura histórica”.

¿Podemos creer hoy seriamente que quienes nos propusieron durante diez años ideas que atrasaban el reloj de la historia podrían brindarnos algún tipo de certeza sobre una eventual prosperidad?

¿No hemos escarmentado aún al leer las estadísticas universales que nos incluyen entre los países más renuentes a abandonar su postración cultural, mostrándonos lejos de la cima en el ranking mundial de “eficiencia y responsabilidad social”?

¿Estaremos acaso inmersos en las mismas incoherencias culturales y los mismos dogmatismos del kirchnerismo sin reconocerlo?

Si Cristina elige –como demostró al volver-, hacer “parches” para mantenerse en el poder hasta el fin de su mandato, éstos durarán cada vez menos.

No ha demostrado que existan influencias “palaciegas” que puedan ser decisivas en la vida de una mujer que nunca aceptó ser contradicha ni “asesorada”. Para ella, la única verdad es SU realidad.

Los “enroques” para el gabinete con funcionarios ya “quemados” por sus desaciertos, a cartón seguido de un saludo público de “regreso” plagado de mohines, usando términos lunfardos de mal gusto (la “capocha”), y exhibiendo un perrito ridículo del que debía protegerse para que no le “hiciera pis encima” (sic), la pintan de cuerpo entero.

En vez de dar comienzo a un plan sólido de reconstrucción, solo ha vuelto más enamorada de sí misma que nunca. Los días de cabeza gacha y miedos confesados han quedado atrás. La tenemos de regreso.

Como antes. Recargada.

Claro está, deberíamos recordar que “el que no sabe, no sabe que no sabe”.