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Viernes 19 de diciembre de 2014

Una ‘doctrina’ voluntarista e insalubre

Una ‘doctrina’ voluntarista e insalubre

El kirchnerismo dijo desde el comienzo que era lo bastante fuerte para dividir en dos la historia de la Argentina, como alguna vez exclamó Nietzsche sobre sí mismo ante quienes lo atacaban. Claro que a diferencia del gran filósofo, su obra NO HA SIDO EN MODO ALGUNO

IMPRESCINDIBLE.

Más bien habría que considerarla dispar, trágica y sumamente frágil, si nos atuviéramos a su inexistente vinculación con los valores que sostienen la ética y la moral. Se han asemejado más bien a una sombra oscura a la que han tratado de dotar de destellos efectistas. Siempre ‘a la carga’, belicosos, soberbios y descalificadores respecto de los demás.

Cuando ha comenzado el tiempo de dar el adiós, están demostrando el resentimiento que sienten al ver que gran parte de la sociedad, HARTA, comienza a darles la espalda ostensiblemente.

Solo les quedan las actuaciones histriónicas de su primera actriz, Cristina Fernández, que, vestida siempre para la ocasión, se presenta ante los micrófonos oficiales para continuar el relato de SU visión de la historia, mezclando a Belgrano con Jauretche y a Rivadavia con Cavallo, sin siquiera pestañear.

Ella intuye que vamos por ella. Pero en realidad, estamos luchando por la restitución de la República, CON MAYÚSCULAS, para dejar atrás cuanto antes la pesada nube de falsedades que nos han traído nuevamente al mismo lugar en el que estábamos, porque, como una cruel pirueta del Destino, el 2003 ha retornado. Con ligeras variantes que el kirchnerismo intenta “decorar” y una violencia contenida que va estallando en cuotas malignas para transformarse en delincuencia.

Causa pena oír a quien se ha hecho rica escandalosamente como la Presidente, parangonarse con héroes de la historia que murieron pobres por sus ideales. En un tiempo en que esos ideales eran, al mismo tiempo, los de la patria sin ningún parecido con la bastarda farsa que quiere convertir en una obra más propia de los “profetas del tiempo”.

De los Kirchner solo podríamos agregar que hay suficientes indicios que nos permiten asegurar que no son personas con las que disfrutaríamos un atardecer en nuestro jardín.

Solo se van dejando detrás de sí colores sombríos, falsos éxtasis y violencia; mucha violencia. En las calles, en las tribunas políticas, en el seno de las familias, entre amigos.

Todo esto nos mueve a decir que quien, como Cristina, “no trata de dominar sus ya visibles accesos de odio y de venganza, ASÍ COMO SU LUJURIA, y, pese a esto, aspira a adueñarse de los demás, es tan estúpido como el agricultor que tiene un campo a orillas de un torrente y no toma precauciones contra éste” (Nietzsche).

Un torrente de agua maloliente, que permitió, entre otras cosas, montar el escenario de un desendeudamiento que no existió; del Fútbol para Todos que ha servido para que los dirigentes de ese deporte hayan podido llevar a la ruina a sus clubes mediante el dinero fácil aportado por el gobierno; una aerolínea de bandera “soberana” (sic) que pierde ¡DOS MILLONES DE DÓLARES POR DÍA! Y tantas otras insensateces que nos legarán cuando se vaya Cristina Fernández, dejando el Estado lleno de “militantes” improvisados y ambiciosos, que ya han demostrado que SON BUENOS PARA NADA.

Y ni hablar de los discursos del “chiquito” (Cristina dixit) Kicillof, que camina de fracaso en fracaso, tratando de explicarlos con argumentos rebuscados.

El voluntarismo resulta siempre insalubre y no sirve para cambiar el orden y la jerarquía de la naturaleza de las cosas de este mundo. Por eso, la historia de los K ha resultado finalmente una dañina tragicomedia, representada por ficciones de una obra que ya fue interpretada antes por otros actores políticos y desembocaron en el mismo final.

Podemos pues comprobar una vez más que los mares en los que naufragamos en este mundo, son siempre la consecuencia directa del estigma de la VANIDAD. La que TRATA DE IMPRIMIR A ALGO GRANDE LOS RASGOS DE UNA CARICATURA.