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Miércoles 14 de mayo de 2014

Una transición que no es tal

Una transición que no es tal

No hay duda que la pretensión de “reinar” eternamente para no morir en el recuerdo popular es uno de los deseos que habita en los sentimientos narcisistas de muchos políticos, que terminan transformándose en demagogos cultores de sus propias falsedades.

“¿Qué es más razonable: parar la máquina cuando ya ha realizado el trabajo que se le pedía, o dejar que siga andando hasta que se pare por sí misma, es decir hasta que se rompa?”, se pregunta Nietzsche.

Esa es la cuestión que debe haber corroído en algún momento las entrañas de Cristina Fernández, quien en el esfuerzo por resolver el dilema tomando una decisión razonable y equilibrada, ha elegido gastar inútilmente las pocas energías que le quedan disponibles para perseverar en sus desaciertos, con la tozudez cerril que la ha caracterizado, manteniendo los ojos en la nuca para no ver la realidad provocada por su ineptitud.

Nuestra Presidente demuestra estar decidida a caminar hasta su eventual muerte política, siendo fiel al núcleo de ideas obsesivas que ya la han condenado de antemano a desaparecer de la escena SIN DEJAR NADA SUSTANCIOSO DETRÁS DE ELLA. Es más, se irá de las funciones que desempeña, legándonos el trágico engendro de sus arbitrariedades y atropellos al sentido común.

“La muerte natural”, sigue diciendo Nietzsche, “es el suicidio de la naturaleza de las personas, esto es, la destrucción del ser más racional por lo que hay de más irracional en él”. De Cristina podría agregarse además que su postura frente a la declinación que ha comenzado y avanza a pasos agigantados carece de moral, porque sigue manteniendo un goce indescriptible en someter a los demás.

Por otro lado, comienza a aparecer simultáneamente un sentimiento de descontrol “locuaz” en sus eventuales sucesores, que dicen estar dispuestos a inmolarse para cumplir con el fin que la sociedad espera de la política, llenando el aire de apotegmas y razonamientos elementales que solo están referidos a la posible chance de “tomar la posta” SIN DECIRNOS UNA SOLA PALABRA DE CÓMO HARÁN PARA LOGRAR LO QUE PROMETEN.

Como sostiene Nietzsche al respecto de cuestiones semejantes, deberían discutir en realidad “si es más nocivo expresar mal los errores, o expresarlos tan bien como si se trataran de grandes verdades”. Buen argumento de debate para el kirchnerismo residual.

Mientras tanto, la sociedad abatida y cercada por la ineficiencia y los discursos huecos, está demorando aún en efectuar sus propias apuestas de cara al futuro mirándose a sí misma, para “digerir” que los errores sucedidos han sido producto del desacierto al establecer sus preferencias políticas. Quizá porque en el fondo del corazón deberíamos aceptar de una buena vez como sociedad que la parte principal del problema SOMOS NOSOTROS MISMOS.

Más importante que fijar nuestra atención en los remedios a los que hemos acudido para curar nuestras enfermedades, sería reflexionar sobre la índole de las mismas, con el fin de entender que es muy probable que de no hacerlo así, sigamos acudiendo nuevamente a recetas inadecuadas.

La fase superior de la humanidad será siempre la sabiduría. Y para ello es absolutamente necesario tener la valentía de tirar lejos las máscaras hipócritas de ciertas vacilaciones egoístas y un modo infantil de expulsar nuestras responsabilidades arrojándoselas a los demás por la cabeza.

Como decíamos hace unos días, DEBEMOS ELEVAR CON URGENCIA EL NIVEL DE NUESTROS DEBATES y exigir a los políticos precisiones claras sobre sus ideas de cara al futuro, descartando de plano que la actual Presidente cambie el rumbo antes de irse. Solo alguno que otro susto inesperado podrá provocar algún leve “pestañeo” de su parte. Pero restablecida la calma –por más transitoria que sea-, seguirá actuando como el escorpión de la fábula inglesa; ese que a pesar de sus protestas de enmienda, termina picando mortalmente a la rana que las transporta a ambas por el agua, impidiéndoles, de tal manera, vadear el río y poder salvarse.

Si existieran algunas dudas, han ocurrido dos episodios que reflejan lo antedicho:

1) la designación de Teresa Parodi a cargo del Ministerio de Educación tiñéndolo de un inocultable tufillo “goebbeliano”, al ponerlo tácitamente al servicio de la propaganda preelectoral del gobierno. En efecto, solo puede esperarse eso de una “militante” que toda la vida sometió sus gorjeos a la causa reivindicatoria de los supuestos “condenados por el capital” y no tiene la envergadura ni el curriculum necesario para acceder a tamaña responsabilidad;

2) el enérgico rechazo del comunicado acerca de la violencia emitido por el Episcopado Argentino, durante el encendido discurso de nuestra primera mandataria en el homenaje -absolutamente “tendencioso”-, realizado al sacerdote Carlos Mugica, al excluir airada cualquier responsabilidad de su gobierno.

Hemos tenido ya “los trágicos 70”, “los 80”, luego los supuestamente “malditos 90” y se están preparando para ponerse en la fila “los épicos y eufóricos 2000”; que serán recordados por los niveles de corrupción e ineficiencia más colosales de nuestra historia contemporánea.

¿Qué estamos esperando entonces? ¿Qué “mamá” Cristina mueva un dedo hacia un lado o hacia otro para decidir nuestro futuro como le plazca?

La respuesta es casi obvia.

carlosberro24@gmail.com