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jueves 1 de mayo de 2008

Ya sabemos

El autismo impera en Olivos y en la Casa Rosada. Mientras tanto, cada vez son más quienes advierten la verdadera realidad del escenario económico.

El jueves 17 de abril llamé a Roberto Cachanosky para entrevistarlo en mi programa de radio. El motivo era la tapa de Ambito Financiero de ese dia. El diario titulaba “Economía ya decide, ¿alcanza?”.

Se trataba de la información que daba cuenta del plan del entonces ministro Martín Losteau para atacar el foco inflacionario. Básicamente constaba de 3 puntos: bajar el gasto del 40% al 24% antes de fin de año, aumentar las tarifas eléctricas para disminuir los subsidios y subir los tipos de interés.

Poco antes de hablar al aire con Roberto, había hecho un comentario que, en la edición electrónica del programa, que circula por mail, había titulado “Cerca de saber qué será de nosotros”. En ese comentario había echado una última bocanada de optimismo en el sentido de tomar la información de Ámbito como un indicio final para saber si la inconciencia del gobierno finalmente tocaría un límite sensato. Si las ideas de Losteau eran respaldadas por la Presidente y se aplicaban, sería una señal en el buen sentido. De lo contrario, ya no quedarían dudas acerca de que cómo terminaría esta aventura desquiciada en la que parecen inmersas las mentes decisoras del gobierno.

Al hablar al aire Roberto aclaró que las medidas reveladas por AF eran una gota en el océano y que, dada la gravedad que ya había alcanzado la situación en el país, no serían suficientes para detener el desastre. Le aclaré que compartía ese diagnóstico pero que lo mío simplemente tenía la intención de tomar el destino de esas propuestas como un indicio último del no retorno.

Siete días más tarde, después del incendiario discurso en Ezeiza del ex presidente en funciones (como lo bautizó genialmente Nelson Castro a Kirchner), Losteau renunció. Con palabras de fuego, con modales de carrero, con acusaciones de odio y con el rencor de siempre, el ex presidente en funciones fue lo suficientemente claro en el sentido que el “rumbo” económico no se cambiaría.

Rememorando el peor lenguaracismo de Perón, Kirchner insufló de más división la atmósfera argentina. Acuso a los productores de quemar campos y de llenarnos de humo, de hambrear al pueblo argentino, hizo una prolija diferencia entre aquellos a los que él permite cortar rutas y aquellos que no y advirtió que no se “enfriaría” la economía. Si los productores “hambrean” al pueblo, es decir a alguien aparentemente distinto a ellos, ¿qué serán los productores para Kirchner?, ¿acaso para el ex presidente en funciones los productores no forman parte del pueblo argentino? ¿de quién forman parte, entonces?, ¿qué es el “pueblo” para Kirchner?

También, en lo que en su mente habrá sido una alusión a Eduardo De Angeli, dijo que “los que tienen razón no andan armados”. ¿Será el odio que lo enferma el que le impidió razonar y concluir que, con esa línea de pensamiento, lo que él llama “sus compañeros” de los ’70 serían la quintaesencia del error?, ¿esa misma ceguera, producida por la misma causa, será la que en esa milésima de segundo le impidió recordar que quien ostenta armas públicamente es su protegido Secretario de Comercio, Guillermo Moreno?, ¿será esa, entonces, la señal que mejor indica que Moreno está equivocado?

Sea como fuere, el gobierno, en manos del ex presidente en funciones, ha decidido jugar el destino el país a manos de un capricho. Kirchner, como Córtez, ha salido a quemar las naves. Sabe que no podrá volver sobre sus pasos. Echó a los que él llama “componedores”. Así dejaron el gobierno Abad, Julio Bárbaro y Losteau. Esa raza de personas que razona, escucha y de cuando en cuando da la razón, son para Kirchner, un conjunto de maricones. Él necesita obediencia ciega, palabras de incendio y ejecutantes histriónicos. Condenó al país a niveles insólitos de agresividad y ahora con una antorcha encendida dirige a sus acólitos a un mar de nafta.

Las respuestas del mundo no se hicieron esperar. Los bonos se derrumbaron, la “salida” de la Argentina era la voz de mando para todos, aun para los especuladores más acérrimos, que suelen ganar fortunas con personajes como Kirchner. La Argentina es el único país trabajando ingentemente para que el dólar recobre la fuerza que el mundo le niega.

El encierro es el deber de la hora. No hay consultas ni intercambio de opiniones. Hay órdenes y soldados. El autismo impera en Olivos y en la Casa Rosada. Mientras tanto, muchos de los amigos del campeón que saben la verdad y que la callan para seguir festejando las ocurrencias del líder, llevaran sobre sus conciencias una carga doble: ser, en partes iguales, partícipes del hundimiento y del silencio.

Una paradoja los rodeará para siempre. Si sobreviven a las purgas del régimen K muchos podrían concluir que son “halcones”, esa raza que Kirchner privilegia sobre lo que él considera pusilánimes “palomas”: Pero en realidad el país los juzgará como los verdaderos cobardes que no supieron enfrentar las cegueras de un líder que parece haber perdido el poco sentido de las proporciones que, lamentablemente, siempre se le conoció. © www.economiaparatodos.com.ar

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