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martes 14 de agosto de 2012

División del trabajo y sustitución de importaciones

Es un tema recurrente en Argentina el argumento que sostiene la necesidad de políticas de sustitución de importaciones. Es decir, producir domésticamente aquellos bienes que son importados para así favorecer un saldo “positivo” de comercio internacional. La política de sustitución de importaciones, sin embargo, hace la vista gorda a varios problemas económicos.

Seguir a @ncachanosky Hay un número de cuestiones a considerar frente a estas políticas: (1) el saldo comercial positivo, (2) la llamada “ley de ventajas relativas,” (3) el valor agregado de la producción y (4) la defensa de puestos de trabajo.

Veamos, brevemente, cada una de ellas.

(1) Siguiendo las viejas nociones mercantilistas, al sustituir importaciones se busca incrementar el saldo comercial. Es decir, al producir localmente se contribuye a un saldo comercial positivo, de modo tal que se “vende” más de lo que se “compra.” Hay dos problemas con este planteo. En primer lugar la terminología de saldo comercial “positivo” o “negativo.” Estas palabras conllevan claras connotaciones positivas y negativas que pueden inconscientemente viciar el análisis. En segundo lugar, los países no son empresas que deben vender más de lo que compran para tener ganancias. No es Argentina quien vende y compra al resto del mundo, sino que son empresas y personas Argentinas que comercian con otras personas y empresas de otros países.

En una economía sana, el saldo comercial está en equilibrio. Algunos años será positiva, otos negativa, pero en promedio ambos saldos se compensan. Si, en cambio, hay una acumulación de saldos positivos o negativos, bien se puede deber a desequilibrios que se están gestando en la economía (recordar, por ejemplo, los saldos negativos durante los 90, cuando se importaba más que lo que se exportaba).

Otra manera de ver esto es cambiando el punto de vista. ¿El gobernador de la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo, se preocupa por el saldo comercial con las otras provincias de Argentina? La respuesta es no, y el motivo central es que las provincias, a diferencia de los países, no poseen bancos centrales. El banco central que necesita de dólares sí se preocupa por el saldo comercial. El BCRA, por ejemplo, recibe los dólares de las exportaciones y entrega los pesos correspondientes a los exportadores. En la medida que las exportaciones sean superiores a las importaciones posee un excedente de dólares que se guardan como “reservas.” Estas reservas, luego, pueden ser canjeadas por Letras del Tesoro (intransferibles!) para que el gobierno pueda pagar sus deudas en dólares y/o importar energía de otros países. Esta es la lógica detrás del cierre a las importaciones y las restricciones a la compra e dólares, no un mal llamado a la soberanía nacional del Peso Argentino.

(2) La políticas de sustitución de importaciones y trabas al comercio internacional también tienen que explicar cómo es que superan a la división internacional del trabajo. Si Argentina es más eficiente produciendo el bien X, y Brasil el bien Y, entonces ambos países pueden mejorar su situación si se dividen la producción y luego comercian entre ellos. Pero los beneficios de la división del trabajo van aún más allá. Estos beneficios existen también en casos donde uno de los países es menos eficiente en la producción de todos los bienes que el resto de los países. Es decir, si un país es menos eficiente en la producción de X y de Y que otro país, aun es posible obtener ventajas con la división del trabajo. Este resultado, claramente contraintuitivo, puede ilustrarse con el siguiente ejemplo.

Supongamos que un cantante de ópera puede ganar 1 millón de USD por concierto. Este cantante de ópera vive en una casa con un gran jardín que requiere de varias horas de cuidado, por lo que el cantante de ópera no puede dar un concierto y cuidar de su jardín al mismo tiempo. Su vecino también disfruta de cantar, pero no ha sido dotado con una voz como la de su vecino y no puede cobrar nada por sus servicios musicales. Este vecino también posee un jardín por lo que sabe como cuidar del mismo. El cantante de ópera, sin embargo, es mejor jardinero que su vecino. Si el cantante de ópera sigue una política de “vivir con lo nuestro” debería cantar y cuidar su jardín. Si, en cambio, se abre al comercio internacional con su vecino, puede contratar al mismo para que le cuida su jardín mientras él ofrece un concierto extra. El costo de oportunidad de cuidar el jardín es muy alto para el cantante de ópera. Su situación mejora ofreciendo un concierto extra por más que deba pagar algunas horas extra de jardinería a su vecino que no es tan buen jardinero como él. El jardinero, a su vez, consigue un buen cliente dispuesto a pagar por sus servicios. Los beneficios económicos de las políticas de sustitución de importaciones descansan más en espejismos que en resultados reales. En economía importa tanto los efectos que no se ven como los que sí se ven.

(3) ¿Pero acaso no hay que producir bienes con valor agregado para que el país pueda crecer y desarrollarse? ¿No puede ser, entonces, necesaria una política de sustitución de importaciones para evitar la “explotación externa” y producir bienes de alto valor agregado? El problema no radica en el valor agregado en sí, sino de dónde proviene el mismo. El valor agregado depende de la eficiencia en el proceso productivo. Es decir, cuántos menos recursos  (menos costoso para ser más precisos) sean necesarios por unidad de producción mayor es el valor agregado. Ninguna actividad económica o industria es por sí misma generadora de más o menos valor agregado. No es la máquina visible y tangible lo que genera valor agregado, sino la eficiencia en la producción. Si las actividades más eficientes son las que generan mayor valor agregado, es el mercado mismo el que lleva a que sean estas actividades las que sobrevivan a la competencia. Bien puede ser que para Argentina sea más barato adquirir autos de alta gama vendiendo trigo, soja y carne que intentar sustituir la importaciones de bienes de alta gama con una industria local incapaz de producir el mismo auto a costos razonables y renunciar a lo que sería el concierto extra del cantante de ópera.

Regulaciones excesivas en el mercado, alta carga impositiva, arbitrariedad en las reglas de juego, justicia lenta y de dudosa imparcialidad, son sólo algunas de las políticas que llevan a un incremento generalizado de los costos en la economía y a una subsecuente disminución del valor agregado. Los países no crecen ni se desarrollan sustituyendo importaciones, crecen y se desarrollan cuando se deja que sean los sectores más eficientes lo que empujan la economía.

(4) Dados los 3 puntos anteriores, debería ser claro que sustituir importaciones e imponer trabas al comercio internacional no ayudan a la generación de trabajo doméstico. Nuevamente, un ejemplo numérico puede ayudar a simplificar el problema. Supongamos que el cantante de ópera cambia su auto todos los años cuyo precio es de $50.000. Dadas las políticas de sustitución de importaciones y trabas al comercio, si desea adquirir un auto similar importado debe pagar unos $60.000. En cambio, de haber libre comercio podría importar un auto similar a un precio de $40.000, en lugar de comprar el doméstico a $50.000. Es posible que sea tapa de diarios el cierre del productor local de autos. Lo que dificilmente sea tapa de diarios es el destino de los $10.000 que se ahorra el cantnate de ópera y todos aquellos que compraban sus autos a esta empresa. Hay dos alternativas, (1) o estos $10.000 que ahora se encuentran disponible se destinan al consumo de otros bienes y servicios o (2) se invierten en el mercado a través de ahorro en el sistema financiero. En ambos casos, un aumento en consumo, o un aumento en inversiones, resultan en un aumento en la demanda de trabajo y factores productivos. El resultado no es mayor desempleo, sino un cambio en la composición del empleo del trabajo y factores productivos.

Entonces. ¿dónde se encuentra el problema? Una economía que insiste en mantenerse cerrada por un largo período del tiempo ha impedido que los ajustes que requiere el mercado se hagan paso a paso. Una economía que se ha mantenido cerrada durante largos períodos de tiempo debe hacer todos los ajustes de golpe el día que decide incorporarse al mundo globalizado. Es un error, sin embargo, ver el problema en la apertura comercial en sí y no en las distorsiones acumuladas por una economía que insiste en sustituir importaciones eficientes por producción doméstica ineficiente.

Ninguno de estos puntos quiere decir que toda sustitución de importaciones sea problemática, pero sí lo es cuando la misma es una política de estado y no cuando es el resultado propio del mercado.

Autor: Nicolás Cachanosky (Suffolk University). Editor del blog Punto de Vista Económico.