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martes 11 de diciembre de 2012

El gran surtidor norteamericano

El gran surtidor norteamericano

El presidente de EE.UU., Barack Obama, ha prometido reactivar la economía de su país con un impulso de las exportaciones. Pero aparte de los miles de millones de dólares nuevos recién impresos por la Reserva Federal, no está claro qué tiene en mente el mandatario

El presidente de EE.UU., Barack Obama, ha prometido reactivar la economía de su país con un impulso de las exportaciones. Pero aparte de los miles de millones de dólares nuevos recién impresos por la Reserva Federal, no está claro qué tiene en mente el mandatario

El presidente de EE.UU., Barack Obama, ha prometido reactivar la economía de su país con un impulso de las exportaciones. Pero aparte de los miles de millones de dólares nuevos recién impresos por la Reserva Federal, no está claro qué tiene en mente el mandatario.

La oportunidad de exportación obvia en el horizonte estadounidense son los hidrocarburos: petróleo, gas y carbón. Pero los beneficios económicos de la competitividad de EE.UU. en materia de energía no han sido obvios para el gobierno actual.

Desde que se convirtió en presidente, Obama ha tratado la producción de hidrocarburos como una enfermedad infecciosa que se debe erradicar. Su gobierno tuvo que encargar un estudio para enterarse de que, tal como anunció la semana pasada, permitir a empresas estadounidenses exportar gas natural licuado sería beneficioso para la economía del país. Aún así, el Departamento de Energía dice que no puede tomar «decisiones finales» sobre las solicitudes de exportación hasta que no escuche las opiniones de quienes se oponen. Y después hablan de los derechos de propiedad.

Si Obama es serio sobre el tema de las exportaciones, necesita olvidarse de las ideas trasnochadas sobre energía, que datan de los años 70. En un reciente ensayo tituladoUnleashing the North American Energy Colossus (algo así como Desencadenando el coloso de la energía en América del Norte), Mark Mills, un académico del Manhattan Institute, describe el continente como «un terreno repleto de recursos de hidrocarburos… Más de cuatro veces los recursos existentes en Oriente Medio».

Para aprovechar dicha riqueza, Washington debe deshacerse del status quo regulatorio que se basa en «la idea de escasez y dependencia de las importaciones», escribe Mills. «Es necesaria una reversión completa del pensamiento para reorientar a EE.UU. alrededor de la abundancia —y exportación— de hidrocarburos.

Entre los productores de gas y crudo del mundo, EE.UU. es el que crece con mayor rapidez. Aunque el incremento de la demanda de energía en el país se está desacelerando, el declive es compensado por un aumento de la demanda global. Si la capacidad total de producción de hidrocarburos de EE.UU. aumenta en apenas 3% al año durante las próximas dos décadas, Mills dice que el continente se convertirá en el mayor proveedor para los mercados mundiales en crecimiento.

La producción de Canadá también se está expandiendo, gracias a políticas inteligentes del gobierno. En la estrategia de crecimiento del país, el primer ministro Stephen Harper ha hecho del desarrollo de recursos una prioridad. Si el gobierno del presidente Obama sigue negando el permiso para el oleoducto Keystone XL, de TransCanada hacia las refinerías estadounidenses, Harper ha asegurado que el producto canadiense será vendido en otras partes. El canadiense también ha advertido a los medioambientalistas estadounidenses que no les permitirá tratar a Canadá como un parque nacional donde el desarrollo está prohibido.

En un simposio la semana pasada en el Manhattan Institute, el cónsul general de Canadá en Nueva York, John Prato, citó estimaciones de la provincia de Alberta de 175.000 millones de barriles de crudo recuperable en sus arenas petrolíferas. El diplomático también anotó que la exploración de gas natural está ahora emigrando a lugares sorprendentes como New Brunswick, en Canadá, donde el productor de gas Southwest Energy posee 1,1 millones de hectáreas de terreno sin desarrollar.

El documento de Mills señala que el gobierno de Jimmy Carter impuso restricciones sobre el uso de gas natural porque creía que había pocas existencias. Las abundantes reservas de petróleo y gas de hoy son producto de la tecnología, no de la geología, añade, lo que explica por qué son revolucionarias. «La tecnología libera recursos, la riqueza en recursos crea capital, y este capital es reinvertido en nueva tecnología que a su vez libera más recursos», explica Mills. Precios fijados por el mercado y la habilidad de los inversionistas para responder a la oferta y la demanda son cruciales en este proceso.

También puede que se esté fraguando una revolución mexicana en el sector energético. Geológicamente es probable que el país tenga reservas similares a las de sus vecinos estadounidenses. Pero corre el riesgo de quedarse rezagado debido al nacionalismo que rige los recursos, consagrado en la Constitución y que impide la inversión privada. Sin una abundancia de energía barata, México tendrá mayor dificultad para competir en manufactura con sus vecinos del NAFTA.

La petrolera estatal Pemex no tiene los recursos para realizar perforaciones de reservas de esquisto. Una solución sería la apertura de yacimientos de gas de esquisto a perforadores privados. Aunque la necesidad de una enmienda constitucional es una barrera, el economista mexicano Luis de la Calle argumenta que la resistencia al cambio puede ser superada si se trata la exploración de yacimientos de esquisto como minería, sector en el que se permite la inversión privada. «La clave reside en el establecimiento de un mercado que provea las señales de precios necesarias para garantizar la disponibilidad de gas natural en todo el país en los mismos términos (precio, volumen, constancia, duración de contratos) que en Texas», escribió de la Calle en el diario El Universal, de México.

Tres democracias, sentadas sobre vastos recursos, tienen sus propias ventajas comparativas para ofrecer un mercado continental integrado que podría ser líder en el mundo. Un mayor suministro de energía en América del Norte implica millones de nuevos empleos, ingresos tributarios más altos, suficiente energía para operaciones fabriles en el continente y el fin de la dependencia de productores hostiles como Venezuela. Pero para alcanzar un potencial óptimo, los inversionistas necesitan la libertad de explorar, explotar y refinar hidrocarburos y mover la producción en cada etapa del proceso a través del continente. En otras palabras, los gobiernos deben quitarse del camino.

Este artículo fue publicado originamente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 9 de diciembre de 2012.

Fuente: http://www.elcato.org/