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Miércoles 7 de abril de 2004

En todas partes se “descuelgan” cuadros, por razones políticas

En Buenos Aires el presidente Kirchner inauguró la “moda” con la decisión de retirar los cuadros de Videla y Bignone del Colegio Militar. En Europa, por su parte, han resuelto remover el retrato de Stalin que hasta ahora aparecía junto con el de los ciudadanos honorarios de Budapest. ¿Estaremos frente a una nueva “ola” revisionista de la historia contemporánea?

Ann Arbor, Michigan. Cuando todavía está bien fresca una publicitada “descolgada” de cuadros que ocurriera en la Provincia de Buenos Aires, los medios (extranjeros) nos informan ahora que la práctica del “descuelgue” está generalizándose, apareciendo algunos esperados cultores en otras latitudes. Con visiones políticas diferentes, claro está, como veremos enseguida.

El Concejo Deliberante de la Ciudad de Budapest, en Hungría, acaba de decidir, colectivamente, “descolgar” el cuadro del sanguinario dictador soviético J. Stalin, que curiosamente todavía aparecía entre los de los “ciudadanos honorarios” de Budapest, presuntamente ilustres. Stalin había ingresado a ese grupo en 1947.

Protocolarmente, la decisión se tomará en 29 de abril, escasas horas antes del acceso de Hungría a la Unión Europea, que ocurrirá el 1 de mayo próximo.

El fundamento de la decisión del cabildo de Budapest es que “Stalin cometió serios crímenes de lesa humanidad”. Y es verdad, rigurosamente. Por lo que, según ese organismo, “es indigno de ser considerado ciudadano honorario de Budapest, en cualquier tiempo y lugar”. Comprensible, por cierto.

Era hora ya que Europa despertara en esto. Pero el miedo al comunismo y a sus horrores perduraba. En muchos casos, silenciosamente. Quizás episodios como el que acaba de ocurrir en Budapest suceden ahora precisamente porque el este del Viejo Continente se siente efectivamente “protegido” en razón de su doble pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea, lo que le transmite una sensación de seguridad que hasta hace poco no existía.

Es cierto que Stalin debe ser tenido por lo que realmente fue, un dictador repulsivo, que no reparó nunca en los derechos humanos, ni las libertades civiles, de sus semejantes. Ni siquiera en los de su propio pueblo.

A la vista de esto, ¿estaremos de pronto frente a una nueva “ola” revisionista de la historia contemporánea?

¿Habrá, en consecuencia, nuevas “descolgadas” de cuadros?

¿Serán los cuadros de todos los gobernantes que, por acción u omisión, permitieron que en la Argentina existiera la tortura (uno de los crímenes más claros de “lesa humanidad”) “descolgados”, uno a uno?

Mirando para atrás, la práctica de usar la tenebrosa “picana ecléctica”, por ejemplo, parece haber tenido una suerte de carta de ciudadanía en eras de algunos gobernantes cuyos bustos, cuadros, retratos e imágenes aún “decoran” muchos despachos argentinos. Y eso era, indudablemente, tortura. Sin margen de error alguno. Miles de víctimas así lo atestiguan.

Para pensar, quizás. En la medida en que -como en Europa del Este- haya llegado la hora de superar el miedo. Y de animarse a hablar. También entre nosotros. Por los motivos que sean. © www.economiaparatodos.com.ar



Emilio J. Cárdenas es Profesor Visitante en la Universidad de Michigan, Estados Unidos.




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