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EPT | April 5, 2020

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Jueves 26 de junio de 2008

Ensalada latinoamericana (II)

Un repaso por la actualidad política de los países de América latina.

La soberbia produce un gran rechazo popular

Parece mentira, pero Evo Morales, el Presidente de Bolivia, y su entorno más cercano ya no pueden entrar siquiera en cuatro de las nueve ciudades de su país: Sucre, Santa Cruz, Riberalta y San Borja.

Porque el rechazo que su sola presencia provoca en la gente, genera incidentes, algunos de los cuales han tenido como protagonistas al propio Evo Morales; a su Vice-presidente, el astuto ideólogo marxista Álvaro García Linera; y a algunos de sus Ministros, como Juan Ramón Quintana (de la Presidencia), que despierta -por su constante arrogancia y desfachatez- una dura resistencia, Walker San Miguel (a cargo de la cartera de Defensa) y Celina Torrico (la actual Ministro de Justicia, que no vacila jamás en interpretar las normas y los fallos judiciales como se le da la absoluta gana).

Algo parecido sucede en nuestra propia Argentina, donde, por dos años, los primeros mandatarios han decidido que no celebrarán en Buenos Aires la fecha patria del 25 de mayo. Por varias razones. Primero, porque seguramente no se animan a escuchar (frente a las cámaras de televisión, que siempre despliegan prolijamente en su derredor) las verdades que contienen las homilías del Cardenal Jorge Bergoglio. Pero, además, porque hoy la popularidad del matrimonio gobernante está tan baja, que le temen a las reacciones de la gente. Hoy solo van a aquellos lugares en los que pueden reunir fácilmente “multitudes alquiladas”, conformadas por “convocados” prolijamente transportados en caravanas de ómnibus que circulan con custodia policial, que concurren a aplaudirlos a cambio de algún “bonus”, o “per-diem”, que -sospechamos- termina pagado con dineros de los impuestos.

Lo importante es “el queso”

Para los políticos populistas, lo importante es permanecer el mayor tiempo posible en el poder. Esto de la “alternancia democrática” es, para ellos, un absurdo.

Por ello tienen un denominador común: dejar sin ningún efecto las restricciones a la re-elección, constitucionales o de otra índole. O, al menos, intentar pasarles por el costado, como los Kirchner, que conformando un “equipo” (con un líder evidente: Néstor) han encontrado la fórmula para, con la institución matrimonial y la rotación de los cónyuges en el sillón de Rivadavia, dejar sin efecto las restricciones constitucionales a la re-elección, violando su espíritu.

O como el paranoico Hugo Chávez que, pese a que su pueblo lo derrotara en las urnas cuando sus intentos de modificación de la Constitución destinados a permitir su re-elección eterna, insiste vez con el tema.

Ahora al menos dos directivos de su PSUV, con extraños nombres, esto es: Diosdado Cabello y William Lara, procuran establecer mecanismos “legales” para abrir la posibilidad de que Chávez sea re-electo de manera indefinida, cual “predestinado”, a la manera de Castro.

La idea es la de convocar, en el 2010, a un nuevo referendo constitucional para enmendar la Constitución y posibilitar que su “Comandante” pueda “retener” la presidencia en el 2012. Esto es, el “queso”, en la jerga popular.

Por esto lo del “queso”, eufemismo que en la Argentina al menos equivale al “aferrarse al poder”, ese elixir que seduce a demasiados.

Hugo Chávez y familia

Los políticos llamados “bolivarianos” de nuestra región -y sus compañeros de ruta- tienen un mensaje siempre encendido -de subido tono de izquierda populista, naturalmente- que no dejan de emitir jamás. Nunca. Como si fuera su “seguro” de poder perdurable.

Pero, respecto de ellos mismos, lo cierto es que, a estar a lo que difunden los medios, “no se privan de nada”.

Daniel Ortega viaja sin parar -con frecuencia en un avión cedido por el libio Gadaffi, vaya Dios a saber porqué extraño “intercambio de favores”- con sus hijos y nietos, y sus respectivos novios (para que no extrañen). Mientras tanto, las tormentas tropicales castigan a su sufrido pueblo y Ortega las “mira” desde lejos, con anteojos negros.

Evo Morales juega al fútbol sin parar; y en sus ratos libres insulta y demoniza a casi todos, cual deporte nacional. Rafael Correa ha deportado a la corbata y a la Constitución, pero luce, feliz, camisitas con dibujos bien coloridos, dignas de la envidia de algunos.

La Sra. Kirchner viaja a Roma envuelta, como es su costumbre, en distintos “rasos” (material llamativo que Cristina usa a toda hora, hasta para desayunar, váyase a saber por cual increíble razón), en un inmenso jet comercial alquilado (tiene un igual de inmenso avión presidencial, pero aparentemente teme que se lo embarguen los acreedores impagos de la Argentina), con una imponente comitiva (que naturalmente incluye cámaras de televisión, periodistas y los habituales cortesanos) y, a estar a la información difundida por la prensa italiana, se dedica (en sus ratos libres) a hacer compras.

Pero el bueno de Hugo Chávez tiene ciertamente el campeonato regional de nepotismo, aunque él no haya “usado” a su esposa para rotar mandatos o acumular poder, porque en su caso la esposa (harta) lo abandonó.

No obstante, su familión esta en boca de todos. Y no porque lo estén ponderando, precisamente. Está rodeado, en cambio, de un feo olor a corrupción.

Todo sucede en jurisdicción de Barinas, el Estado que indudablemente es “de los Chávez”. Como en el teatro. Pero es la realidad.

Cuando se acercan las elecciones del mes de Noviembre, en las que seguramente el insólito “bolivariano” hará toda la trampa que pueda (y lo dejen) el apellido Chávez aparece por todas partes, sin aplausos claro está.

Su padre Hugo de los Reyes Chávez (nótese que los Chávez tienen múltiples apellidos, como la nobleza española, a la que odia) es gobernador desde 1998. Su hermano, Argenis (el nombre es, por cierto, tan raro como todo) es el “secretario de estado” de Barinas. Su esposa es, por su parte, la presidenta de la sociedad de beneficencia local. Su hijo, Aníbal, es el alcalde de una de las principales poblaciones del Estado, Sabaneta, donde -se dice- naciera el ídolo, Hugo Chávez. Otro hijo, Adeliz, es el gerente del banco que más trabaja en el estado: Sofitasa. Y uno más, Narciso, está también en la política y pretende ser pronto alcalde de otra de las ciudades del páramo bolivariano. El mayor, Adán, que le venía esquivando a las luminarias, acaba de ser elegido por el partido socialista, en sus recientes primarias, prolijamente planificadas, como candidato a reemplazar en la gobernación de Barinas a Don Argenis, que estaría, como resultado del traqueteo, seriamente afectado por un problema cardíaco.

Hasta la fuerte cuota de nepotismo que caracteriza a la provincia argentina de Santa Cruz (la de los Kirchner) empalidece, cuando se la compara con Barinas.

Aparentemente, Argenis y Narciso “no son demasiado lerdos”. El Parlamento venezolano estaría investigando la existencia de diecisiete establecimientos rurales que serían de propiedad real de los Chávez, pero que habrían sido adquiridos a través de los proverbiales testaferros, sin los cuales la vida para los políticos de la izquierda radical es siempre mucho menos atractiva. Habría que mirar ahora al curso alto del río Santa Cruz, dicen.

Como suele ocurrir, Chávez llegó al poder acusando de corrupción a todos, a diestra y siniestra. Hoy está sepultado bajo un mar de acusaciones de la misma naturaleza, que ahora tienen que ver con él o con sus numerosos familiares. Feo, por demás. Pero así son las cosas. De un extraño color a “coima”.

Crece la “maldita libertad comercial”, pese a Chávez

Hay cosas que huelen mal para Hugo Chávez. La lista es larga: la “valija” repleta de dólares, de Antonini Wilson, con la que se financiara la campaña presidencial de Cristina Kirchner o el proceso de demolición en el que parece estar sumida su aliada, las FARC colombianas; o el contenido de las computadoras capturadas por los militares colombianos al tiempo de “dar de baja” a Raúl Reyes, o los “acuerdos de libre comercio”.

Chávez odia a los acuerdos de libre comercio, porque sospecha que son un instrumento de los Estados Unidos, lo que no es cierto. En rigor, quizás los odie porque sospecha -con razón- que ellos generan riqueza y oportunidades, como lo prueba el ejemplo chileno, lo que impide que la gente siga enterrada en la pobreza, situación que la izquierda radical no desea modificar para poder usarla como “caballito de batalla” y seguir prometiendo sueños que nunca se concretan, como lo comprueba la miseria en la que viven los cubanos, obvia cuando se compara su forma de vivir con las de los demás pueblos del globo.

Pero lo cierto es que mientras el MERCOSUR sigue enfermo de retórica grandilocuente, en América Latina los tratados de libre comercio siguen creciendo y multiplicándose. Están a la orden del día.

El 29 de mayo le tocó -nuevamente- el turno a Perú, que suscribió dos: con Canadá y Singapur. Perú (que ha abrazado la economía de mercado) ha crecido, el año pasado, un 9%. Esto, después de crecer el 8%, en el 2006. Las empresas privadas de Canadá, que participan activamente en el desarrollo del sector minero del Perú, han dado la bienvenida a la iniciativa. Además, el 87% de los productos originarios de Singapur ingresará ahora al Perú libre de derechos. Con su política de libertad económica, Perú está reduciendo significativamente la pobreza, Por vez primera, en muchos años. Entre el 2006 y el 2007 el índice peruano de pobreza se redujo del 44,5%, al 39,3%. Una caída de la pobreza de más de cinco puntos en un solo año, lo que es inusual. Y, para el Perú, inédito.

Ojalá puede mantener el rumbo y el ritmo de destrucción de pobreza. No obstante, aún queda mucho por hacer. Lo cierto es que contra la pobreza no se pueden bajar los brazos.

Perú ha tenido éxito en la zona de la costa, en el norte del país, donde la pobreza ha caído un espectacular 11%, en un año. Y en los centros urbanos, donde la caída fue también notoria, de un 9%. Sin embargo, la cosa no es tan así en la sierra rural, donde la caída ha sido bastante menos significativa, del 5,7% solamente.

Pero Perú avanza. La obtención del llamado “investment grade” lo pone en evidencia. Y por ello, comienza a soñar.

Por su parte, Chile, el campeón mundial en materia de acuerdos de libre comercio desde que no hay país en la tierra que haya suscripto más tratados de ese tipo que Chile, acaba de acordar uno nuevo, esta vez con Australia.

Con él, a través de la cláusula “de la nación más favorecida”, Chile cementará la libertad comercial aprovechando los acuerdos que el país ha suscripto y los similares que Australia procura cerrar con la India, China, Japón y con la cada vez más importante “Asean”, entidad que aglutina a las naciones del sudeste asiático.

Australia, el cuarto mayor inversor extranjero en Chile, con unos 3.000 millones de dólares que trabajan y crean empleo en Chile, particularmente en el sector minero, tiene acuerdos similares que han sido suscriptos con los Estados Unidos, Nueva Zelanda, Singapur y Tailandia.

La imagen argentina en el exterior

La etapa final de la crisis del gobierno nacional con el campo argentino, que fuera seguida con enorme asombro desde el exterior, ha permitido a los argentinos descubrir cual es efectivamente la “imagen” de nuestro país en el exterior.

A una durísima editorial de “El País”, de España, un medio de izquierda, se sumó, el sábado pasado, otra también tremenda, esta vez desde “El Mercurio”, de Chile, de tendencia centrista. Ambas, difundidas por nuestra prensa, se despacharon contra nuestro gobierno como no ocurre desde muchos hace años.

Ahora, desde Montevideo, nos llegan cosas similares publicadas el domingo 22 de junio pasado. Durísimas. Esta vez sucedió desde las columnas de “El País”, un medio tradicional que, por razones de vecindad, está generalmente cerca de lo que sucede en nuestro lado del Río de la Plata.

Para muchos argentinos esto es seguramente una gigantesca sorpresa. Porque los Kirchner -especialistas consumados en manipular la información y maquillar las noticias- se preocuparon por “destacar”, al regreso de cada viaje al exterior, los “gigantescos triunfos” obtenidos en ellos.

Esos cuentos fueron magnificados por una prensa demasiado complaciente, que generó “ecos” reiterados e interminables. Pese a la pobreza en materia de resultados, siempre hubo un “vocero” que se ocupó de señalar “el impresionante éxito” de la gestión externa.

La verdad es otra. Nuestra imagen externa es, desde hace cinco años, lamentable. La peor, en muchos años.

Veamos lo que nos llegó el domingo pasado, desde Montevideo.

Primero: una nota de Rodolfo Sienra Roosen, titulada: “Son de Mentira”, presumiblemente para no titularla: “Mentirosos”. Para este autor, “la conducta de algunos integrantes del gobierno argentino atravesó hace tiempo la barrera del sonido”. Entre ellos -nos dice- la de nuestro eterno embajador en Montevideo, Hernán Patiño Mayer, sobre quien dice que “abusa en sus interferencias en lo que son nuestros problemas (gravísimo), generalmente halagando al gobierno, sin que asombrosamente ni siquiera lo llamen por teléfono para pedirle que, aunque sea disimule un poco sus afanes por hacerse el simpático, para así poder disfrutar de su destino un tiempito más aquí en donde la pasa bomba, sin que declaren oficialmente su condición de persona no grata para los uruguayos”. Durísimo. Como para revisar urgentemente cual es el porqué por el cual Patiño Mayer tiene el privilegio de ser “embajador permanente”, cuando su imagen está todo lo desgastada como la que nos llega desde el medio más serio del Uruguay.

Pero Sienra Roosen dice más. Habla del contraste de la actitud actual del gobierno de Cristina Kirchner con la asumida por “su marido y co-gobernante”, el inefable Néstor, cuando mantuvo una “indiferencia cómplice” y una actitud de “pasividad” con el bloqueo de los puentes internacionales al Uruguay. Agregando que al MERCOSUR los Fernández (todos ellos) “se lo pasan por los bigotes”. Para ese autor “los cuatro Fernández, y algunos más, no son gobernantes serios”.

Segundo: el editorial dominical de “El País”, nada menos, que fuera titulado: “El pan les salió torta”. Allí leemos un texto severo que, refiriéndose a los Kirchner, dice: “el dúo de consortes que cada vez desgobiernan más a la Argentina”. Y “el Presidente Néstor Kirchner, quien sigue mandando tras ungir a su esposa como presidenta nominal, toleró, consintió y hasta alentó, en algún momento, a los piqueteros de Gualeguaychú”. A lo que agrega, hablando de Botnia: “entró a funcionar hace ya ocho meses y como todos sabíamos, incluidos los Kirchner, no contamina absolutamente nada”. Y “el sector rural se ha levantado en masa -y con razón- contra el gobierno del matrimonio Kirchner”. Finalizando con una reflexión sobre nuestro país, la peor, sobre el que dice: “está en situación caótica y sumido en el desprestigio internacional”, lo que venimos sosteniendo desde hace rato. Y sentenciando: “Discépolo se quedó corto en su “Cambalache”, que es un magistral ensayo de sociología argentina. Pero, a esta altura, incompleto”. Horrible.

A todo eso se unió, Didier Opertti, ex Secretario de la ALADI y ex Canciller del Uruguay, señalando: “La Argentina en lo interno sufre los piquetes que antes amparó o no desactivó, cuando los piquetes impedían el acceso a los puentes internacionales y por eso hoy vive una situación penosa que pone en riesgo el abastecimiento de productos básicos”.

Lo cierto es que los Kirchner sembraron vientos y recogieron tempestades. Lo hicieron simulando burdamente no ser responsables de nada, cuando en cada ministerio tenían un coordinador con los piqueteros, que se ocupaba de cortes, escraches, y otras tropelías que hoy los persiguen, quizás por haber sido sus creadores.

Así nos ven desde afuera. Aunque aquellos de nuestros medios que “optaron” por ser fácilmente “domesticados”, lo que jamás podrá ser perdonado, no lo reflejen o lo disimulen desde la complacencia. © www.economiaparatodos.com.ar

Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


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