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EPT | April 4, 2020

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Jueves 17 de agosto de 2006

Evo Morales perdió una batalla importante con la Iglesia

El presidente boliviano no pudo lograr su objetivo de apartar a la Iglesia Católica de las cuestiones educativas.

Uno de los primeros pasos de la administración de Evo Morales, como cabía esperar de un gobierno radical de izquierda, fue el de tratar de alejar a la Iglesia Católica de todo lo que tiene que ver con la educación.

Repitiendo una experiencia argentina de hace algunos años, Morales convocó a un sospechoso Congreso Pedagógico, al que encargó el diseño de un nuevo Programa Nacional Educativo para Bolivia. Para lograr que dicho congreso alcanzara los objetivos prefijados, los participantes afines al gobierno comenzaron a atacar a todos quienes tuvieran una visión distinta a la oficial, obligándolos, primero, a permanecer en silencio y a abandonar, enseguida, el ámbito del encuentro.

Conducido por un ministro de Educación que venera a la Pachamama, el Congreso “acordó” una propuesta que suponía prohibir la enseñanza de la religión católica, ampliamente mayoritaria en Bolivia, hasta en los propios colegios católicos.

Esto provocó dos tipos de resistencias. La previsible, de la Iglesia Católica, y la de los Departamentos del Oriente boliviano, que se resisten -con buenas razones- a la indigenización forzada de su cultura.

La “guerra de la educación” fue breve y Evo Morales terminó conviniendo con el valiente cardenal de Santa Cruz, Julio Terrazas, no modificar el estado actual de cosas y permitir la enseñanza religiosa en los colegios confesionales.

En esta breve guerra, entonces, triunfaron la Iglesia Católica y la libertad.

A la vista de lo que es Morales, es previsible que sobrevengan otros conflictos, con resultados distintos de predecir. Por esto es que el cardenal Terrazas, presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, lamentando las groserías que le llegan desde su gobierno y, dirigiéndose a sus fieles, dijo: “Yo no sé por qué le tienen tanto miedo, es el Dios que busca la unidad, es el Dios que quiere la paz, pero no en beneficio de unos y en perjuicio de otros; es el Dios que camina con nosotros, no para aplastarnos, no para castigarnos, sino para que seamos la familia que Él desea que formen todos los pueblos”.

El cardenal cuestionó -además- a los católicos que asumieron una posición pasiva frente al tema religioso y los exhortó a mantenerse siempre vigilantes frente a los “discursos de odio, de rencor, de no querer perdonar”, curiosamente exactamente los mismos que resuenan tanto en Bolivia como en nuestro país. Para el cardenal, lo sucedido puede estar preparando el camino para confrontaciones grandes. De allí la necesidad de permanecer alertas.

La Iglesia Católica ha llamado asimismo la atención a la Asamblea Constituyente en el sentido que antes de consensuar una nueva Constitución, ella debe respetar a las instituciones vigentes. Este llamado de atención tiene que ver con las propuestas de los movimientos radicales de izquierda de ocupar e impedir el funcionamiento de altos tribunales del Poder Judicial, lo que generaría el caos en una sociedad que trata de definir, en paz, su futuro inmediato. Nada fácil. © www.economiaparatodos.com.ar


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