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Sábado 4 de enero de 2014

Filosofía barata y zapatos de goma

Filosofía barata y zapatos de goma

Quizás es todo lo que te di… sonaba en la radio del auto que me llevo desde Ezeiza a mi casa. Mientras el auto avanzaba, me informan que en casa no hay luz

Vuelvo a escuchar la canción y pienso en ese pariente lejano, militante kirchnerista fanático, al que tendré que ver en las fiestas una vez más. Vuelvo a desear haber perdido mi vuelo. Decido, por una vez, prepararme con argumentos sólidos para enfrentar la cena de Navidad. Releo algunas entradas de Foco Económico que me vienen rápidamente a la memoria. Anhelo, como siempre, poder tener una discusión respetuosa y abierta, algo que lamentablemente el kirchnerismo no ha fomentado.

Lecturas de verano

En Argentina las cosas no están bien. En su última entrada, Andy Neumeyer, junto a Pablo Guidotti, nos cuentan que la dinámica del déficit fiscal, emisión, y caída de reservas ha entrado en una etapa crítica. Vale la pena leer esa entrada con atención para entender lo que podría ocurrir durante los próximos meses si el gobierno no reacciona rápidamente: El drenaje de reservas: ¿una amenaza al sistema financiero?

La situación fiscal sigue empeorando, pero conceptualmente no es muy distinta a la que expuse en esta entrada junto a Nicolás Ajzenman: Algunas consideraciones sobre la situación fiscal actual. Releyéndola uno puede entender por qué las provincias están quebradas.

Dada la situación fiscal, y su monetización, no es llamativo que estemos en un proceso de alta inflación (ver, por ejemplo, esta nota de Juan Pablo Nicolini:¿Qué sabemos sobre emisión e inflación? y también esta nota de Miguel Kiguel:Pesos para todos no genera inflación, ¿o tal vez si?).

Sin un ajuste fiscal que permita anclar las expectativas y haga viable un programa de estabilización monetaria, los pronósticos no pueden ser buenos. El programa de estabilización debe además lidiar con la distorsión de precios prevaleciente, tanto en términos del tipo de cambio real como también de los precios de la energía y el transporte.

En este contexto de alta inflación, atraso cambiario y alta incertidumbre, las perspectivas de crecimiento económico son, obviamente, decepcionantes. Nunca crecimos a tasas chinas, y como nos hacía ver Andy en esta entrada, El milagro económico K: un efecto rebote que se acabó, la recuperación económica K, cuando crecimos casi al 7% anual entre el 2003 y el 2007, fue simplemente volver a donde estábamos en 1998.

Se ha distorsionado el sistema de incentivos capitalistas, afectando la asignación de factores estática y dinámicamente (ver, por ejemplo, esta entrada de Emilio Espino sobre la destrucción del sector ganadero, El Asadito, Moreno y el Ciclo Ganadero , y esta entrada mía sobre la asignación eficiente de factores). Esto nos está empezando a afectar considerablemente (tal cual lo anticipaba Eduardo Engel en su primer entrada en Foco Económico: El milagro económico argentino). Nos hemos consumido la  infraestructura acumuladas durante la década del 90. Esta inversión, que se logró proveyendo incentivos capitalistas, nos permitió crecer razonablemente desde 1991.

Podríamos decir que la situación actual es testigo del fracaso de la política energética del gobierno, o más generalmente, de toda su política de infraestructura (ver esta entrada de Fernando Navajas sobre la política energética: Los déficits gemelos en energía y esta entrada de Santiago Urbiztondo: Tarifas y subsidios: diez años después, lo barato sale caro). Pero, en realidad, lo que fracasó una vez más, como no podía ser de otro modo, es el populismo, que se consume desaforadamente todo lo que encuentra como si no hubiese mañana.

Hemos perdido una gran oportunidad histórica. Esta década de bonanza, en lugar de haber sido utilizada para mejorar las instituciones republicanas y capitalistas, profundizar el proceso de integración al mundo, desarrollar la infraestructura del país, y sobretodo, mejorar el sistema educativo y de salud, se ha utilizado para organizar un sistema corrupto que buscó saquear la riqueza nacional, primero a través de un capitalismo de amigos y luego a través del avance asfixiante (ver esta entrada de Sergio Berensztein: ¿Del capitalismo de amigos al capitalismo de Estado? Aprendiendo del asedio que está sufriendo YPF) de un estado ineficaz. Como vengo diciendo desde hace muchos años cada vez que me entrevista Ámbito Financiero: “Debemos recuperar la capacidad de gestión del Estado. Se habla mucho del rol del Estado en la economía, pero éste es incapaz de proveer apropiadamente los bienes públicos clásicos.” Al Estado argentino ingresaron más de 900.000 millones de dólares en los diez años que gobernaron los Kirchner. ¿Qué se hizo con semejante cantidad de dinero se preguntaba Morales Solá hace unos días en su columna del diario La Nación? Pocas cosas buenas, y muchas de las otras.

Para concluir el repaso sobre la gestión K, anoto que la tasa de pobreza, bien medida (dado que esta vez el relato que aun domina la política argentina también destruyo el sistema integrado de estadísticas nacionales), ronda el 25% de la población. Demasiada alta para el nivel de riqueza del país. Insisto: “tenemos una deuda social pendiente”.

Reencuentro

Finalmente, tuvimos la reunión familiar. Ese pariente lejano, que siempre politizaba las reuniones y nos daba grandes discursos épicos, esta vez esquivó la conversación, lo cual me llamó mucho la atención. Incluso mostró cierto disgusto por el nombramiento de Milani. Nunca antes le escuche una crítica al kirchnerismo. Por ejemplo, en Agosto pasado, cuando estuve en Buenos Aires, había dicho que Lanata se había vendido al grupo Clarín, que sus denuncias eran falsas, y que, finalmente, corrupción había en todos los gobiernos. Pensé ahora que sería bueno señalar que el ascenso de Milani no era independiente de la necesidad del gobierno de espiar a la prensa libre que investiga y denuncia la corrupción kirchnerista. Pero no tuve oportunidad de hacerlo pues cambió rápidamente de tema y se dedicó a hablar de literatura. Pensé entonces en Pasenow o el romanticismo, pero se habló de una nueva novela mucho menos interesante. Así fue como me perdieron. Me puse a pensar en la militancia política. Al final, a este pariente lejano lo sentí cercano. Entonces, volví a recordar la canción de Charly García:

Diste tu alma y querían tus venas…

Fuente: http://focoeconomico.org/