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Martes 7 de junio de 2005

Hay que hacer m… a los despilfarradores

En la Argentina impera una doble moral que trata a los evasores impositivos como verdaderos delincuentes, pero perdona y disculpa a los políticos que despilfarran alegremente los impuestos que los ciudadanos pagan con el esfuerzo y el fruto de su trabajo.

Cuando en la década del 90 le escuché decir al fallecido Carlos Tacchi la famosa frase “voy a hacer mierda a los evasores”, la primera cosa que se me pasó por la cabeza fue: ¿por qué no habrá dicho “voy a hacer mierda a los que despilfarran los fondos de los contribuyentes”?

Recuerdo que Tacchi había quedado muy afectado por un accidente que había tenido uno de sus hijos en el campo. Al llevarlo al hospital de zona, Tacchi descubrió que el hospital no disponía de los elementos necesarios para atenderlo. Su reacción fue pensar que por culpa de los evasores ese hospital no estaba equipado. Sin embargo, mi visión era y es muy distinta: ese hospital no estaba equipado adecuadamente porque el Estado despilfarra los fondos de los contribuyentes en ñoquis, burocracias innecesarias y en planes sociales que tienen más de clientelismo político que de ayuda a los sectores que la están pasando mal.

Nunca entendí esa idea absurda que rige en la Argentina que sostiene que el que no paga impuestos es un delincuente y el que malgasta y despilfarra la plata que compulsivamente le quita el Estado a los ciudadanos solamente comete un error de política. Es decir, se mide con distintas varas los dos lados del tema fiscal. No pagar impuestos entra en la categoría del derecho penal. Despilfarrar esos impuestos es sólo un problema de mala administración.

Esta doble moral que rige en la Argentina se ha impuesto para poder expoliar a los contribuyentes en beneficio de una dirigencia política corrupta, que ha tomado al Estado como botín de guerra usando el monopolio de la fuerza que tiene al llegar a la función pública.

La realidad es que el argentino es una máquina de pagar impuestos. Tributa impuestos sobre su salario si trabaja en relación de dependencia para que los gordos y no gordos de la CGT se peleen para manejar millones. Paga impuestos sobre su salario para que el Estado lo estafe con la jubilación. Paga el impuesto a las ganancias, el IVA, a los combustibles, derechos de exportación, a los créditos y débitos bancarios, a los bienes personales, internos. Si uno mira la factura de luz y gas que paga mensualmente, descubrirá que, del valor final, entre el 36 y el 40% son impuestos imposibles de saber qué son. Si compra cigarrillos, bebidas alcohólicas o contrata un seguro, paga impuestos internos. De su mismo bolsillo tiene que pagar impuestos provinciales (patente del auto, sellos, ingresos brutos, inmobiliario, etcétera) y, además, la municipalidad le cobra las tasas correspondientes.

Pregunta: ¿qué servicios nos presta el Estado a cambio de semejante expoliación fiscal? ¿Seguridad? ¿Justicia? ¿Defensa? ¿Educación? ¿Salud? ¿Relaciones exteriores en manos de piqueteros?

Si uno se toma el trabajo de analizar el presupuesto nacional para 2005, de los $77.531 millones que tiene previsto gastar el Estado, el 63% está bajo el rubro de Servicios Sociales: educación, salud, jubilaciones, planes Jefes y Jefas de Hogar, etcétera. Si esto no es un Estado Benefactor, ¿el Estado Benefactor dónde está? En realidad éste un Estado Benefactor, pero benefactor de la burocracia y de la dirigencia política que usa el fruto del trabajo de la gente para “comprar voluntades”. Siempre es conveniente tener mucha gente que dependa de la plata que le da el Estado, porque al momento de votar, los políticos se encargan de recordarles a los empleados públicos, piqueteros, etcétera, que si vienen otros les van a quitar los mendrugos que mensualmente les tiran.

Se argumenta que si el Estado no tuviera tantos empleados públicos (en los tres niveles) la tasa desocupación estallaría. Error: todas esas personas que figuran estadísticamente como empleados, pero que en realidad no hacen nada productivo, es decir crear valor agregado, son desocupados disfrazados de ocupados. Además, es obvio que mientras se expolie al contribuyente con tantos impuestos, la capacidad de demanda y de inversión de la economía va a estar deprimida y la creación de puestos de trabajo reales va a ser muy difícil de alcanzar.

Veámoslo de otra manera. Cada mes, cuando los diarios anuncian un aumento de la recaudación suelen titular: “recaudación récord” o “la recaudación subió tanto por ciento respecto al año pasado”. La noticia de aumento de la recaudación podría titularse de otra manera: “caída récord del poder de demanda de la población por más expoliación del Estado” o, también, “la gente puede comprar un 20% menos que el año pasado por el pago de mayores impuestos”. ¿Es que los editores de los diarios todavía no se dieron cuenta de que lo que “gana” el Estado lo pierde el sector privado?

Algún progre o populista desinformado podría argumentar que tenemos que pagar muchos impuestos por el peso de la deuda pública. En primer lugar, para este año, sólo el 13% del presupuesto está destinado al pago de las intereses de la deuda. En segundo lugar, recuerdo que Alfonsín se quejaba permanentemente de la deuda externa cuando en realidad prácticamente no se pagaba nada de los intereses y el capital, de la misma forma que ahora se pagará mucho menos de lo que habría que pagar “gracias” al default. Puras mentiras para seguir justificando un Estado expoliador.

El actual secretario de Ingresos Públicos de la provincia de Buenos Aires se considera un cruzado en el cobro de impuestos. Quiere abrir las cajas de seguridad, cobrarle a los muertos, etcétera. Martiriza a la gente persiguiéndola como si estuviera al frente de la KGB. Le pregunto al señor Montoya: ¿cuál es el principio moral que le permite separar la inquisición impositiva que lidera del despilfarro de fondos públicos que tiene la provincia de la cual es funcionario? ¿O acaso el señor Montoya nos va a convencer de que la persecución que encabeza tiene como contrapartida una provincia en la cual la gente disfruta de la mayor seguridad, hospitales impecables y escuelas ejemplares?

Voy a contar un caso personal porque tiene que ver con el tema y porque es la contracara del argumento de Tacchi. Aproximadamente un mes atrás, mi hijo salvó su vida de un terrible accidente que tuvo en la autopista a la altura de Manzanares. Mi hijo iba circulando correctamente por el carril izquierdo cuando un asesino lo chocó de atrás (por el impacto calculamos que circulaba a más de 160 kilómetros por hora), lo hizo rebotar contra el guardarrail izquierdo y salir despedido hacia el derecho, mientras el auto hacía trompos. El auto quedó totalmente destruido. El asesino que chocó a mi hijo se bajó de su auto, habló dos palabras –según testigos parecía drogado o alcoholizado–, se subió de nuevo a su coche y se escapó.

Cuando llegué al lugar del accidente, a los 10 minutos, había tres patrulleros. Ninguno salió a perseguir al asesino que, mañana, puede matar a una persona, si es que ya no lo hizo. La única preocupación de la policía era que corriésemos el auto de la autopista. Una vez que lo corrimos, desaparecieron todos los patrulleros. De la ambulancia que llegó, y esto yo lo pude ver personalmente, se bajaron dos personas. Le preguntaron el nombre a mi hijo y si estaba bien, saludaron y se fueron en segundos. Mi hijo podría haber tenido hemorragias internas o lesiones no visibles y la asistencia del Estado brillaba por su ausencia.

Así como Tacchi dijo que iba a “hacer mierda a los evasores” ante la angustia que había sufrido por el accidente de su hijo, yo podría decir “hay que hacer mierda a los políticos corruptos que cobran impuestos y no prestan el mínimo servicio a cambio”.

Pero la historia no termina aquí. Luego de que mi hijo se salvara gracias a que Dios lo tuvo de la mano, de tener un auto en destrucción total y de asumir todo el trabajo de las denuncias correspondientes y otros menesteres, me llegó una intimación de Rentas de la provincia de Buenos Aires reclamándome el pago de las patentes de un auto que vendí en el año 2000 y sobre el cual hice la denuncia de venta correspondiente en el Registro Automotor y varias presentaciones en Rentas de la provincia de Buenos Aires. Denuncia de venta que, según el Código Fiscal de la provincia de Buenos Aires, libera al contribuyente de todas sus obligaciones civiles, penales e impositivas. Y si el lector no me cree, entre en el sitio de rentas de provincia de Buenos Aires y tómese el trabajo de leer el Código Fiscal.

De manera que, señor Montoya, no sólo usted me persigue a mí y a miles de contribuyentes con su inquisición impositiva, sino que, además, la plata que nos quita no la utilizan para casos tan elementales como el que acabo de relatar. Y, como corolario, a pesar de ser perjudicado, ¡usted persigue a los ciudadanos de la provincia como si fuésemos la peor lacra de país!

En síntesis, cuando uno mira lo que recauda el Estado, cómo lo recauda y cómo lo gasta, termina sintiéndose como esos pobres tipos que tienen que pagarle una “contribución” a la mafia para no ser molestados. © www.economiaparatodos.com.ar




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