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Jueves 10 de septiembre de 2009

La génesis del mal

¿Qué fue lo que llevó a la sociedad argentina a elegir como presidente a Néstor Kirchner en 2003?

Santiago Kovadloff hace una semana escribió en La Nación un artículo titulado “El Mal Argentino”, en donde describe el goce perverso de Kirchner que no se detiene ante el límite de la ley. La revista Noticias publicó como nota de tapa un artículo en donde afirma que la sociedad que admiraba a Kirchner hoy lo tiene como la “representación del Mal”. Esta semana, Carlos Pagni escribió también en La Nación que Kirchner no cree que deba cambiar nada después del 28 de junio porque tiene una interpretación “mesiánica” de la democracia, según la cual todos los que lo contradigan están equivocados. Hace 15 días, Mariano Grondona ensayó un estudio sobre la eventual personalidad paranoide de Kirchner. Duhalde ha dicho que no sabía que Kirchner fuera capaz de causar tanto daño al peronismo y al país. Joaquín Morales Solá se preguntaba días atrás cuánto más daño es capaz de hacer Kirchner en pos de sus cometidos.

Como se ve, cada vez con más intensidad, gente con una alta capacidad de análisis ha entrado en una variante casi médica o parapsicológica del ex presidente.

Si estas variaciones del mismo sesgo tuvieran un viso de realidad, no sólo habrá que preguntarse qué será del país en manos de una personalidad como ésta que se describe, sino qué fue lo que hizo que la sociedad lo eligiera.

Se me dirá que no lo eligió porque en realidad Kirchner perdió las elecciones a las que se presentó (contra Menem en 2003). Pero en realidad esa sólo es una media verdad porque si la segunda vuelta hubiera existido, el santacruceño habría ganado por un margen de 65-35.

También podrá decirse que la gente no lo conocía. Cosa efectivamente cierta en 2003, aunque no tanto en 2005 cuando su modelo fue ratificado en las legislativas y menos aún cuando la sociedad votó la continuidad en manos de Cristina Fernández en 2007.

Pero aun en 2003, la pregunta asombrosa sería entonces ¿cómo la sociedad voto por alguien al que no conocía? ¿Y Duhalde?, ¿Duhalde tampoco lo conocía?

Y aquí empieza a develarse parte del misterio que une a la sociedad con una persona que muchos hoy relacionan con el “mal” y el “mesianismo”. Kirchner es el fruto de un odio. Y nada que sea la consecuencia de un odio puede resultar totalmente bueno; “bueno” en los términos de la “bondad”.

Kirchner es el fruto del odio a Menem. Del odio social y del odio de Duhalde que armó un maquiavelismo electoral para que el riojano no pudiera ganar.

La sociedad llegó, incluso, tan lejos como a votar alegremente a un desconocido porque prefería ese azar a Menem. Para ella ni siquiera funcionó el viejo refrán popular “preferible malo conocido que bueno por conocer”.

Está claro que el odio es un sentimiento mesiánico y está muy emparentado con el “mal”. Por eso la sociedad hoy no puede abrir los ojos, agarrase la cabeza y exclamar “¡por Dios…! ¿En manos de quien estamos? No puede hacerlo porque no es inocente en esta historia: engendró lo que rumiaba.

La Argentina debe salir de una vez por todas de esta negrura, de estos sentimientos feos que nos llevan tan abajo. Nadie, por más asombro de ajenidad que manifieste, saldrá indemne de procesos que tengan a los malos sentimientos como las semillas que los generan. © www.economiaparatodos.com.ar


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