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Jueves 30 de septiembre de 2004

La mano del Estado en el surtidor

El componente impositivo del precio de los combustibles es tan alto que los precios se han ido por las nubes. Aún más grave es el hecho de que el gobierno no grava a todos los combustibles por igual sino que juega arbitrariamente con los porcentajes y provoca graves distorsiones en el mercado.

No son pocos los argentinos que diariamente van a una estación de servicio para llenar el tanque de combustible de su automóvil. No son pocos los argentinos que diariamente miran los precios de los combustibles y dicen: ¡¡¡qué cara que está la nafta, estas petroleras se llenan de oro!!! Pero pocos son los que saben que a la hora de llenar el tanque verdaderamente le están llenando los bolsillos al gobierno y no a las petroleras. ¡Así es señor conductor! En casi todos los casos, alrededor de la mitad de lo que pagamos cuando vamos a la estación se lo termina quedando el gobierno.

Todos los años las arcas del Estado reciben miles de millones de pesos gracias a un cocktail impositivo que como ya veremos es duro de digerir. Este trago amargo tiene dos ingredientes mortíferos que han convertido el simple hecho de llenar el tanque en una verdadera pesadilla. Nuestros dos verdugos son el archiconocido IVA (de graduación 21%) y el no tan conocido ITC (impuesto a la transferencia de combustibles). Gracias al ITC el automovilista le regala todos los años al gobierno más de 4.000 millones de pesos, mientras que gracias al IVA le entrega unos miles de millones más.

Para iluminarnos un poco tenemos este gráfico que muestra el componente impositivo en los precios de los combustibles:


Fuentes: Cámara de la Industria del Petróleo, Secretaría de Energía y Esso S.R.L.

El ITC, al igual que el IVA, agrega un porcentaje impositivo al precio de los combustibles. En ambos casos el porcentaje es sobre el precio al consumidor. Sin embargo el ITC, a diferencia del IVA, no es porcentaje fijo sino que varía entre los distintos combustibles, lo que crea serias distorsiones en los precios de estos.

ITC
Porcentaje del Precio
Mínimo del monto ($)
Nafta Super*
70 % / 62 %
0,5375
Nafta Común*
70 % / 62 %
0,5375
Gas Oil
19%
0,15
GNC
16%
*Dependiendo del octanaje puede ser de 62 o 70%
Fuente: Ministerio de Economía – Ley 23.966

Si su automóvil anda a nafta ultra, súper o común, usted paga de ITC 62 o 70% de sobreprecio. Si su auto es gasolero, paga 19%, y si utiliza GNC, paga solamente el 16% de sobreprecio. Si leyendo esto ya se siente mal, escuche lo siguiente: el año pasado el gobierno fijó un monto mínimo a pagar para evitar que la caída en el precio del producto hiciera mermar la recaudación. Estos montos mínimos son de $0,5375 para la nafta y de $0,15 para el gas oil. Para los que usan GNC, por suerte o por interés, el gobierno no le puso monto mínimo.

Desde mediados de los noventa, todos los gobiernos que estuvieron en el poder no han hecho más que avanzar impositivamente sobre los combustibles. No solo se aumentó el IVA, sino que se aumentó el ITC y este último se empezó a aplicar a combustibles que antes estaban casi exentos (gas oil). Previsiblemente, aunque no para los súper ministros de la economía, la avanzada impositiva desalentó el consumo de estos combustibles como de los vehículos que los usan, hecho que causó grandes disminuciones en la recaudación. Para remediar esto, los súper ministros no bajaron los impuestos, todo lo contrario, inventaron nuevos impuestos como la tasa gas oil y de infraestructura hídrica, al mismo tiempo que le hacían al ITC todas las reformas posibles con la intención de exprimir al máximo su rendimiento.


Fuentes: Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP)

La presión impositiva sobre las naftas redujo su consumo en el decenio 94-04 en un 50%. El consumo de gas oil se mantuvo estable en el mismo período, pero vale destacar que el crecimiento de su demanda desde principios de los noventa fue adormecido con los impuestazos que sufrió en 1996, para morir finalmente con la crisis del 2001. El combustible de la década fue sin dudas el GNC, que aumentó su consumo en un 266% gracias a la generosidad del gobierno que le fijó alícuotas bajísimas, al mismo tiempo que le ponía la pata encima a las naftas y al gas oil.

¿Es sostenible esta política en el largo plazo? Indudablemente no lo es. De continuar por este camino, las consecuencias serán catastróficas. El presidente Kirchner y sus secuaces en el tema, entiéndase Julio De Vido (la resurrección de YPF estatal), Daniel Cameron (con curriculum estatal más extenso que Antonio Cafiero) y Cristian Folgar (ex Enron y ex cavallista devenido ahora en kirchnerista auténtico) no han más que empeorado el asunto desde que asumieron el poder en 2003. Ahora, inspirados en un Plan Nacional Pro GNC, desconocen la realidad y pretenden que todos los automóviles se conviertan a dicho combustible, ignorando al mismo tiempo que las refinerías no pueden producir GNC de un día para otro y dejar de producir los restantes combustibles.

Con la demanda de naftas por el piso, las refinerías han tenido que recurrir a la exportación. Lo alarmante no es que se tenga que exportar porque no se logra vender en el país. Lo alarmante es que se debe exportar tanto, haciendo que el negocio no cierre por ningún lado. Las refinerías están exportando hoy 53% de su producción. Cuando se exporta más de 35%, el negocio da pérdidas. Algunas petroleras sobreviven exportando petróleo, pero muchas otras (grandes y pequeñas) están en jaque y solo Dios (¿Kirchner?) sabe qué va a pasar con ellas. Como viene la mano, el que se declare en quiebra será comprado por un nuevo jugador que, ganándose la voluntad del gobierno, conseguirá poner reglas de juego más razonables. No nos extrañemos si en algunos meses vemos estaciones de servicio de ENARSA (YPF Volumen II) o PDVSA (Petróleos de Venezuela) donde antes había otras.

No hay que pensar que el gobierno kirchnerista es enemigo del capitalismo. El kirchnerismo es amigo del capital que le simpatiza. Si ENARSA hace negocios con PDVSA o la China Oil Company, será por dinero y no por ideología. Lo grave es que las petroleras más rentables y grandes del mundo se van o no quieren venir a nuestro país porque el negocio no cierra. Si las reglas no cambian y vienen estas otras, ¿no será que vienen porque el negocio es otro más turbio?

En lo que respecta a nosotros los consumidores, sólo podemos esperar que el gobierno nos regale los tubos de GNC para nuestros automóviles. De lo contrario, el transporte del futuro en nuestro país será el caballo. Recemos para que no inventen el impuesto a la herradura. © www.economiaparatodos.com.ar



Francisco do Pico es Licenciado en Ciencia Política.




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