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Sábado 7 de febrero de 2015

La “masa” peronista cavila sobre alinearse con Massa

La “masa” peronista cavila sobre alinearse con Massa

Vista la anacrónica e inconcebible “revolución” que sigue promoviendo Cristina Fernández, lanzando medidas cuyos defectos y errores de concepción convierten las políticas públicas en un símil de los “sarcófagos” de antaño, el PJ evalúa –según algunas fuentes confiables-, acercarse a Massa como una forma de salvarse del naufragio.

La revolución de los Kirchner terminaría así devorada por sus propios “hijos”, porque habiendo comenzado mesuradamente como un “cambio”, se convirtió rápidamente en “extremista”, para retroceder y arrinconarse finalmente en una RESTAURACIÓN.

¿De qué? Del peor autoritarismo que se pueda tolerar. El del que no oye ni se compadece de nada, y solo eleva su voz destemplada para desarticular lo que no se somete a su voluntad.

Los Kirchner ignoraron que “quien aspire verdaderamente a crear una nueva realidad social o política necesita preocuparse ante todo de que los humildísimos lugares comunes de la experiencia histórica queden invalidados por la situación que él suscita” (Ortega y Gasset).

No ha ocurrido así con ellos y no han estado a la altura de las circunstancias que pretendieron crear. “Con el pasado no se lucha cuerpo a cuerpo, porque el porvenir lo vence y se lo traga”, sigue diciendo el filósofo. Y tanto obligarnos a poner los ojos en la nuca y poner ellos mismos los suyos en el mismo sitio, han terminado agotando la paciencia y la buena voluntad de quienes comprendemos que el dilema está referido al “ahora”. Ese tiempo, que ni vuelve ni tropieza y nos traga irremisiblemente, como sostiene Ortega.

La Argentina no tiene futuro si su destino no es puesto en manos de gente “contemporánea”, que reconozca las exigencias del presente y sienta repugnancia por los gestos arcaicos unidireccionales, porque necesitamos la historia ÍNTEGRA, para ver si logramos escapar de ella Y NO RECAER EN ELLA.

El PJ parece comenzar a despertarse de su siesta y Cristina les da motivos diariamente para que sus “figurones” se sientan menoscabados y deseen abandonarla “de apuro” para recrear una vez más los “sagrados” apotegmas del general Perón, que los K arrojaron al rincón como recuerdos “apolillados”.

La lucha ahora parece consistir para ellos en avanzar sin miramientos, contemplaciones, trámites ni reservas hacia lo que aún pueda rescatarse de “su” pasado, que no tiene relación alguna con el nuevo credo de los imberbes (Perón dixit) de La Cámpora y una señora que se pasea, no ya por su casa de Olivos, sino por el mundo entero, deformando la historia, burlándose de quienes no le rinden pleitesía y despreciando toda idea que no salga de su magín, que a esta altura de los acontecimientos se parece a un concierto de “perdigonadas” vagando sin destino entre los pliegues de su cerebelo.

La señora tiene una sensación íntima de dominio personal que la incita constantemente a ejercer predominio sobre sus ex compañeros de fe peronista para hacerles “tragar” sus convicciones. Para ella no habrá más herederos que su hijo y sus amigos, y esto ha decidido al PJ a comenzar sus sondeos para constituir “interbloques” (un eufemismo) con el FPV.

Veremos cuánto duran los escarceos y si llegan a buen final.

Este grupo de nostálgicos del pasado no ha advertido sin embargo, que el desequilibrio que generó el gobierno en la sociedad ha viciado su raíz. Hoy la gente del común duda y con razón sobre si los valores supuestamente “recobrados” de un peronismo “químicamente puro” pueden tener cabida nuevamente en sus preferencias. El daño inferido por el kirchnerismo a la “doctrina” peronista parece irremediable y se aprecia el surgimiento de un hartazgo macizo de una sociedad que, aunque aletargada, comprende que el cambio YA SE HA CONVERTIDO EN UNA CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA.

Creemos que los escarceos mencionados quedarán en amagues y brotes de mezquindades, porque cuando se está al borde de un precipicio todos “manotean” nerviosamente la soga a la que deberán aferrarse para no caer en el abismo.

La sociedad se pregunta algo así como “bueno fuera que estuviésemos forzados a aceptar como auténtico ser de una persona lo que ella pretenda mostrarnos como tal”, dice Ortega. “Si alguien se obstina en afirmar que dos más dos igual a cinco, y no hay motivo para suponerlo demente, debemos asegurar que no lo cree, por mucho que grite y aunque se deje matar por sostenerlo”.

Ese es el drama del peronismo. Con o sin Massa.

carlosberro24@mail.com