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Jueves 31 de julio de 2014

La persistencia de los paranoicos

La persistencia de los paranoicos

El debate político es habitualmente apasionante.  No se trata de un entretenimiento o de un simple pasatiempo  como cualquier otro, ya que de su desarrollo y acciones  dependen, en buena medida, muchas de las decisiones que  impactan fuertemente en la vida cotidiana de las personas

Esa batalla cultural, donde las ideas compiten  con la intención de lograr mayor aceptación general,  inspirar a los gobernantes e influir en el discurso que  regirá el destino de los individuos, tiene una diversidad  casi infinita.

Sin embargo, en este casi inagotable  universo de visiones, un caricaturesco grupo humano, minoritario  pero grandilocuente, que se hace notar en cuanta oportunidad  dispone, es el de los eternos predicadores que sostienen  que la humanidad toda vive bajo la constante amenaza de  un gran complot.

Su teoría general se apoya  sobre la base de que un conjunto de individuos, que tienen  perversas intenciones, se reúnen a diario para confabular,  construyendo así una enorme conspiración que busca,  por diferentes medios, destruir todo a su paso, para apropiarse  del poder mundial.

Esa retorcida visión  de la vida tiene plena convicción sobre la existencia  de un nuevo orden mundial que se edifica día a día,  silenciosa pero tenazmente, con el objetivo de conseguir  que triunfen las fuerzas del mal.

Según  el perfil del interlocutor que plantea estos dislates, la  facción a la que circunstancialmente pertenece o la  inclinación doctrinaria que asume, sus adversarios  pueden tener múltiples facetas y procedencias.

Estos exóticos miembros de la sociedad provienen  desde dispares sectores. Pueden ser nacionalistas, ultraconservadores,  fanáticos religiosos o militantes de la izquierda más  fundamentalista.

Unos y otros se inspiran en  similares frases hechas, casi siempre panfletarias. Su argumentación  es invariablemente superficial, bastante vacía pero  con mucho componente  místico y con más retórica  que seriedad. Sus prejuicios no tienen nunca explicación  adicional alguna. Son como dogmas los que en realidad sostienen  sus elucubraciones sin asidero.

Pese a la heterogeneidad  de los orígenes ideológicos, existen rasgos comunes  en ese andamiaje argumental. Todos ellos coinciden en asignarle  responsabilidades respecto de lo que sucede en el presente,  a las corporaciones ocultas, esas que administran el poder  desde las sombras.

En general, sus enemigos  son absolutamente anónimos y no tienen rostro. A lo  sumo pueden identificar a algún poderoso al que señalan  como la cabeza visible de esa cofradía. De hecho, buena  parte de su esquema de razonamiento, plantea que esos movimientos  tutelan el poder desde la clandestinidad, compartiendo así  atributos comunes con las sectas secretas, lo que abona  con creces al pretendido paradigma de lo temible.

Los contrincantes elegidos como parte de este pérfido  juego intelectual son de una gran diversidad y originalidad.  Muchos se inclinan por las cuestiones religiosas. Son los  que apuntan como culpables, al sionismo internacional, cuando  no, un poco mas audazmente y en forma políticamente  incorrecta, a los judíos en su totalidad, siempre vinculándolos  a los intereses económicos que están detrás  de la guerra y el capital financiero.

Otros  apuntan a temas más desconocidos, aprovechando la ignorancia  reinante y entonces acusan de conspiradores a la masonería.  Lo enigmático que rodea a las logias, ha convertido  a ese planteo en uno de los preferidos por estos personajes  que viven perseguidos por ilusiones inconsistentes.

No faltan tampoco los que creen que el comunismo,  prepara su arremetida final desde el marxismo más intransigente,  siempre asociado a su ateísmo implícito y demonizándolo  por esa conjunción de visiones aberrantes desde la  perspectiva del denunciante serial.

Otra tendencia,  tal vez la que más adeptos exhibe, se inclina por las  corporaciones económicas que controlan el mundo, las  multinacionales siempre funcionales al capitalismo salvaje.  En esa misma sintonía, quedan relacionados los servicios  de inteligencia, sobre todo los de ciertos países.  Inevitablemente en esa ficción aparecen la CIA y la  Mosad, pudiendo sumarse otros para magnificar el tamaño  de la confabulación.

Un párrafo aparte  merece la más esotérica de las suposiciones, esa  que anuncia el conjuro planetario universal. Es que los  extraterrestres, pueden ser también protagonistas de  ese mundo de fantasía que imaginan estos sujetos que  no tienen límite alguno a la hora de delirar con sus  cavilaciones.

Es difícil establecer un  dialogo racional con estos comediantes del debate político.  Una cosa es plantear cuestiones racionalmente demostrables,  aunque sean opinables y otra es discutir en el ámbito  de las elucubraciones que se sostienen en espejismos cuyos  únicos cimientos son las divagaciones de sus apóstoles  de turno. Hay que evitar enredarse en discusiones eternas  con estos enajenados, aunque resulta saludable confrontarlos  en el terreno del intercambio de ideas para dejarlos en  evidencia y así limitar el impacto de sus disparates.  Lo que se debe recordar es que ellos son fieles exponentes  de la persistencia de los paranoicos.