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Lunes 8 de agosto de 2005

Ladrones errantes y ladrones estables

Votar bajo el criterio de elegir el mal menor es equivalente a preferir a un ladrón que roba menos antes que a otro que saquea absolutamente todo: en ambos casos se está resignando la posibilidad de aspirar a una situación óptima que realmente permita a la sociedad recibir lo que se merece.

En alguna oportunidad cité una parte del libro de Mancur Olson, Poder y Prosperidad, en el que analiza la situación de un pueblo chino que es constantemente sometido al saqueo de bandas de ladrones errantes. Los ladrones errantes son aquellos grupos de delincuentes que entran en el pueblo y, como no piensan quedarse a vivir en él, le roban a la población todo lo que tiene. Esa población vive en la mayor de la pobreza porque tienen pocos estímulos para producir y mejorar dado que saben que, en cualquier momento, aparecerá la banda de ladrones errantes a robar para luego irse a otro pueblo a seguir robando. ¿Para qué producir si todo el fruto del trabajo es robado sin piedad por los ladrones errantes?

Esto sucede hasta que un día aparece el ladrón estable, que es aquél que entra en el pueblo con su banda de delincuentes con el objetivo de quedarse a vivir allí. Ahora bien, el ladrón estable les ofrece a los habitantes defenderlos de los ladrones errantes a cambio de una parte de los bienes que producen. Es evidente que, en términos relativos, los habitantes de ese pueblo van a estar en mejores condiciones bajo la opresión del ladrón estable que sometidos a los constantes ataques de los ladrones errantes. El ladrón estable sabe que, para diferenciarse del ladrón errante, tiene que robar un poco menos que éste, porque si no el habitante del pueblo va a estar en un punto de indiferencia. Además, el ladrón estable tiene que darle algún estímulo al habitante del pueblo para que siga produciendo y le transfiera parte de sus bienes a él. Si el ladrón estable actuara de la misma forma que el ladrón errante, el habitante del pueblo no tendría estímulos para producir y no podría mantener al ladrón estable y, justamente, lo que éste quiere es que la gente lo mantenga en base a la amenaza que él puede infligirles por medio de la fuerza bruta.

Es obvio que, como decía antes, la población de ese pueblo estará mejor, en términos relativos, bajo el dominio del ladrón estable que acosado permanentemente por el ladrón errante. Sin embargo, esa población no está en su óptimo. Su óptimo es no ser víctima ni del ladrón errante, ni del estable. Su óptimo es tener asegurado su derecho de propiedad de manera de tener estímulos para producir y progresar.

Al leer este párrafo del libro de Mancur Olson, uno no puede menos que pensar en buena parte de la dirigencia política argentina, que actúa como ladrón estable dado que saquea a la población hasta un punto tal que le deja algún estímulo para seguir produciendo. La saquean con impuestos, confiscándole sus depósitos, licuándole los ingresos con la inflación, generando brutales transferencias de ingresos y patrimonios mediante devaluaciones, entre otras.

Es más, en los últimos tiempos se ha puesto de moda afirmar que es mejor votar al viejo patrón de la provincia de Buenos Aires porque de esa forma se le pone un límite a los delirios autoritarios del progresismo montonero. Dicen algunos: no voten por el óptimo, voten por el menos malo que los va a defender del peor. Es como decir: elijan al ladrón estable para que los defienda del ladrón errante.

Y la verdad es que esta historia la hemos escuchado infinidad de veces, al punto de que siempre la gente termina eligiendo a ladrones estables para defenderse de los ladrones errantes y, por esa causa, la Argentina vive en continuas crisis y creciente pobreza, porque son muy pocos los que se animan a votar por el óptimo. Es muy raro ver una elección en la cual la gente vote estratégicamente para crecer en serio. Normalmente se vota por miedo a otra cosa. No por los valores y principios que uno defiende. ¿Acaso a Alfonsín no lo eligieron por el miedo que metió Herminio Iglesias cuando quemó el cajón? ¿Acaso en 1995 no lo votaron a Menem por miedo a una devaluación porque todos estaban endeudados en dólares? Fue el famoso “voto cuota” o “voto licuadora”.

El otro día, leía declaraciones de Felipe Solá diciendo que si el se hubiese presentado a las elecciones presidenciales, hoy el presidente sería López Murphy, porque si el peronismo iba dividido en cuatro listas, Kirchner no llegaba al segundo lugar y la segunda vuelta hubiese sido entre Menem y López Murphy. Un claro ejemplo de cómo la dirigencia peronista fuerza la elección entre el mal menor y encima se sienten orgullosos de lo que hacen.

Hace poco, un respetable analista político me decía que con tal de frenar el autoritarismo montonero sería capaz de votar al mismo diablo. ¿Acaso la amenaza del autoritarismo montonero no fue creada por el mismo diablo?

Personalmente pienso votar por mis convicciones y no dejarme entrampar para elegir entre dos clases de ladrones estables, porque nada me asegura que ambos no terminen repartiéndose el botín una vez terminadas las elecciones.

Es más, ¿quién puede asegurarme que un ladrón estable va a ser menos malo que el otro ladrón estable? En todo caso, si los argentinos vamos a estar condenados a vivir bajo el permanente saqueo de los ladrones estables, al menos yo, con mi voto, no pienso convalidar el permanente saqueo al que es sometido el país. Si lo van a seguir saqueando, que lo hagan con el voto de otros. © www.economiaparatodos.com.ar




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