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EPT | December 10, 2018

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Jueves 4 de mayo de 2006

Letanía del vasallo

Un poco de humor para reflexionar acerca de la situación de los productores agropecuarios argentinos.

Nota: Grabadas por investigadores de otras civilizaciones en campamentos de nómades que sobreviven en la otrora feraz pampa húmeda y seca de la ex Capitanía General del Río de la Plata.
Se canta a la oración, al son de viejos instrumentos de percusión y viento (la cuerda ya no se consigue en el campo), baldes, arados de mancera, guadañas, horquillas y azadas, lazos y boleadoras. Y se baila alrededor de fogones de leña de vaca en los viejos corrales en desuso, los galpones de esquila abandonados, los silos semiderruidos y las concesionarias de tractores y chatitas cerradas, donde viejas solicitudes de reserva, recibos numerados y formularos se mecen al viento en pequeños remolinos de polvo. Mientras los panaderos pasan volando y las mariposas buscan vanamente las alfalfas de otrora, hordas de inspectores hambrientos, con sus trajes oscuros raídos y sus miradas penetrantes revolotean por las zonas asoladas en busca de incautos a quienes parasitar. Pero ellos también van perdiendo las esperanzas. La competencia con los jubilados hambrientos a veces degenera en batallas por los remanentes que todavía se encuentran escondidos en algunos bolsones de la resistencia privada.
De noche se escuchan, como lamentos, acordes tristones de grupos de burócratas que tratan de imaginar nuevos hechos imponibles, nuevas gabelas para aplicarle al perverso campo que se niega a seguir manteniéndolos, y nuevas y más atractivas moratorias que absorban algún dinero del exhausto contribuyente.
Mientras, las patotas oficiales practican el terrorismo de Estado, caprichosa e ilegalmente, traban y prohíben todo lo que se les ocurre para conseguir votos de los sectores más necesitados sin posibilidad de defensa por un Poder Judicial amedrentado por las remociones y destituciones de los que aplican la ley.

LETANÍA DEL VASALLO

¡Elevemos nuestras preces al Señor!

Gracias, Virgen de los Agricultores,
porque hoy no han aumentado las retenciones de nuevo;
porque hoy no han prohibido nada nuevo;
porque hoy no inventaron un nuevo impuesto;
porque hoy han pasado a patotear al sector de la indumentaria;
porque a nadie se le ocurrió todavía imponernos el derecho de pernada;
porque todavía podemos cambiar una varilla rota sin autorización de la autoridad correspondiente;
porque todavía podemos curar un ternero abichado sin pagar un derecho;
porque todavía podemos plantar un molino sin un proyecto hecho por ingeniero hidráulico con el visado correspondiente de Agua y Energía;
porque todavía DEBA no se opone a que coloquemos un aero-cargador y todavía a nade se le ocurrió cobrarnos por gozar de la energía del viento.
Gracias, Virgen del Luján, por haber iluminado a nuestros conductores de tal manera que
todavía podemos cambiar la hacienda de potrero sin pagar una tasa como la de la yerra;
todavía podemos recorrer el campo sin cargo;
todavía podemos ordeñar la vaca y tomar la leche sin pagar el IVA ni inscribirnos como autónomos;
todavía podemos dividir un potrero sin proyecto aprobado (dado el impacto ecológico) con el visto bueno del INTA, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, la provincia, el municipio, el Colegio de Agrimensores y organizaciones ambientalistas y piqueteras.

Gracias, Todopoderoso, porque
todavía podemos alambrar con alambradores privados y no con la Compañía Nacional de Alambradores y Afines (CONADEAL, Sociedad del Estado);
todavía no hemos sido detectados en la clandestinidad a la que tuvimos que pasarnos para domar una tropillita, ante la imposibilidad de cumplir todos los requisitos por el domador: Ingresos Brutos, inscripción en Autónomos, cruzada con nuestra inscripción en Impuestos a las Ganancias, recibos numerados, retenciones correspondientes, tasa a la espuela, derecho de tusar, autorización de desvasar, desgravación por rodada y voleo (todo por triplicado y debidamente certificadas por autoridad competente).

Gracias, gracias, Patrona del Campo
por darnos salud para no tener que internarnos en los hospitales que no se hicieron con nuestro dinero;
por no tener que circular por las rutas que no nos hicieron con nuestras retenciones;
por poder gozar de la bucólica y agreste paz de nuestros pagos libres de vigilancia de ningún policía;
por darnos asaltantes y ladrones indolentes que no usan sus posibilidades sino en un porcentaje mínimo;
por habernos dado cuerpos fuertes que no necesitan gas natural, ni corriente eléctrica, pues aguantan la naturaleza y se subsumen a ella;
por habernos dado la fuerza interior y una autosuficiencia tal que hacen innecesaria toda comunicación telefónica con el mundo exterior.

Gracias, Señora, por permitir que a veces nos visiten o escriban nuestros hijos que emigraron a las grandes ciudades donde se gasta todo nuestro esfuerzo, o a los grandes imperios de ultramar que nos esclavizan y expolian dejándonos de nuevo 65.000 millones de dólares de deudas para que se los devolvamos cuando podamos.

Gracias por no tener que aportar a otro Instituto de Promoción del Grano, del Pollo, de la Miel, del Poroto.

Gracias por sólo distorsionar y trabar todo el comercio de carnes. Y gracias por armar un plan de futura escasez de carne, que hará subir nuestros precios y justificaría nuevas y más profundas patoteadas.

Gracias también por habernos aliviado nuestro trabajo al vaciarse nuestros campos para pagar impuestos, tasas y contribuciones de todo tipo y calibre, con lo que se mejoró tanto el nivel de vida de nuestros hermanos de la ciudad.

Gracias por habernos dado el temple para resistir la difícil misión de ser argentino y por habernos dado mentes tranquilas y espíritus con tanta paz interior que no necesiten abrevar en ninguna fuente formal del conocimiento como escuelas o universidades; sino que gozan del canto vigilante del tero, del vuelo pesado del chajá, de la carera gambeteadota de la liebre, y del aroma del asado y el gusto del mate.

Gracias por no tentarnos con aeropuertos cercanos y varias líneas aéreas y frecuencias a todos lados, baratas, con el miedo que le tenemos a volar.

Gracias también por no tentarnos con nafta barata y abundante, cuando tan sanos son el sulky y la carreta, y tanto menos peligrosos que el óxido de carbono letal que exhalan los engendros de motor a explosión.

Gracias por darnos tan benevolentes y comprensivos amos que, aunque reconociendo nuestra casta de segunda, nos imponen leyes e impuestos especiales y discriminatorios, por los cuales no podemos dejar de trabajar a voluntad, como nuestros hermanos de la ciudad, pero, por lo menos, a diferencia de nuestros antepasados, los siervos de la gleba, podemos abandonar los campos sin rentabilidad e irnos con nuestras pocas posesiones a otros lados. Quizás entonces nuestros amos irán ellos a trabajar y explotar chacras y estancias con técnicas modernas, y producirán eficientemente lo que nosotros no éramos capaces, y podrá llegar la Argentina a las 100 millones de toneladas de granos, y quizás a las 120 millones en manos tan capaces; y quizás lleguemos también a superar las 50 millones de cabezas vacunas que ya teníamos hace 40 años y nosotros no sólo no pudimos aumentar, sino que estamos liquidando con gran beneficio ecológico.

Gracias, gracias por todo esto, Patronos y Patronas.

Y gracias por no tener que aplicar técnicas modernas como el entore precoz, el destete anticipado, la cría en zonas marginales, que ahora podrían ser el paraíso de los ambientalistas, al levantarse los alambrados y volver a la naturaleza.

Pero, especialmente, gracias por sembrar el odio, el rencor, el resentimiento, el conflicto y el error entre hermanos, todo lo cual desembocará en una lucha purificadora el día, cercano, en que todo este esquema disparatado vuele por el aire, esperemos que junto a los ignorantes malignos que lo han instalado, y surgirá un nuevo Rodrigo que tendrá que hacerse cargo de los aspectos formales de la explosión, con desagio, circular 1050 y otros mecanismos imaginativos. © www.economiaparatodos.com.ar



Eduardo Helguera es productor agropecuario.




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