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EPT | August 14, 2020

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Jueves 23 de abril de 2009

Lo que dejó la V Cumbre de las Américas

La reunión regional realizada en Trinidad y Tobago fue el debut continental de Barack Obama, el mandatario que mejor capitalizó el encuentro.

Las fotos de Hugo Chávez, que hasta llegaron a ser reproducidas en la misma primera página del New York Times, realmente feliz, zambullido en torno a Barack Obama, visiblemente ansioso por estar cerca de él y poder estrecharle la mano ante los fotógrafos, pueden haber presumiblemente confundido a algunos. Por un rato. Pero, no a muchos.

La Cumbre de las Américas realizada la semana pasada en Trinidad y Tobago fue un triunfo monumental para Barack Obama.

El contraste entre lo allí sucedido y la barbarie y mala educación desplegadas en las calles y reuniones de Mar del Plata, en la Argentina, que fuera la desdichada sede de la cumbre anterior resultó notorio. Y aleccionador.

Los responsables del desastre marplatense estaban ciertamente en Trinidad-Tobago. Uno de ellos, por derecho propio: Hugo Chávez, con su desfachatez y mala educación de siempre. El otro, Néstor Kirchner, por representación en cambio, desde que estaba allí su esposa, Cristina Fernández (transformada en una suerte de inaguantable predicadora, que solo se escucha -embelecada- a sí misma) a quien nadie “le dio la hora”, fracasando hasta en sus reiterados intentos por conseguir una reunión “a solas” con Obama, que la consideró, quizás muy correctamente, como una figura tan pequeña, como poco confiable, peligrosa e irrelevante.

No obstante, Obama tuvo que escuchar pacientemente que la mandataria platense, desde la tribuna y envuelta en tonos de rosa violento, le “recomendara” -pomposamente y con tono de púlpito- que su país deje de violar el principio de no ingerencia en los asuntos internos de los demás Estados de la región.

No hubo, sin embargo, recomendación similar para el campeón mundial de la ingerencia, Hugo Chávez, con el que la Sra. de Kirchner, se sabe, tiene un “faible” muy especial.

Así son los equilibrios bolivarianos y Obama ya lo sabe bien.

La platense, en cambio, se mostró sorprendida por el resultado de la “Cumbre”, a la que calificó de impensada y democrática, lo último sin advertir que fue así porque no estaban en Puerto España los representantes de la tiranía más larga, inhumana y dura de toda la región, esto es los líderes cubanos que han rechazado específicamente regresar a la OEA, conscientes de que esto supondría un compromiso con la democracia, en la que no creen. La mandataria argentina demostró, una vez más, lo poco que sabe de política exterior y lo tremendamente mal asesorada que está. Porque la administración de Obama, en rigor, recurrió una vez más a la llamada política de contrición, esto es a admitir que la estrategia externa desplegada la administración anterior fracasó.

Como ya lo había hecho recientemente Hillary Clinton en China, al admitir el fracaso de la política exterior de su país en materia del llamado “efecto invernadero”. Y en Indonesia, al reconocer que las sanciones unilaterales contra Myanmar no han tenido el efecto deseado, como ha sucedido en Cuba. Y en México, al aceptar públicamente el fracaso de la política norteamericana contra el narcotráfico. En esto, Hillary sigue, a su vez, a su marido, Bill, quien en una sola gira por África admitiera los múltiples fracasos de su país (de él mismo, en algunos casos) en la lucha contra el “apartheid”; en la falta de reacción oportuna ante el genocidio de los “tutsis”, en Ruanda; en el respaldo a varios dictadores horrendos que gobernaron en el Continente Negro por demasiado tiempo; y, de paso, además, en el manejo de la distante crisis de los Balcanes.

La irascible predicadora platense, al aplaudir entusiasmada las medidas de flexibilización de las sanciones que permiten ahora a los cubanos residentes en los Estados Unidos visitar a la isla, no recordó que ella misma fracasó -estrepitosamente- al solicitar reiteradamente a su admirado Fidel Castro que permitiera a la Dra. Hilda Molina salir de Cuba para reunirse con sus familiares en la Argentina.

Los cubanos debieran ahora poder salir libremente de Cuba. El problema es que demasiados de ellos, ante la posibilidad de vivir en libertad seguramente no volverían a su patria. Como ocurre a cada rato con quienes, deportistas o artistas, tienen la posibilidad de fugarse.

Nuestra mandataria tiene siempre dos varas, distintas obviamente. Diametralmente opuestas, más bien. Como predica ciertamente el peronismo desde hace rato, según se sintetiza adecuadamente en una de las frases más coloridas de Juan Perón, una que -como pocas- dejara entrever claramente cuanto lo había influenciado efectivamente el fascismo, cuando dijo solemnemente: “para los amigos todo; para los enemigos, ni justicia”. Conducta que, es historia, luego practicó, hasta el cansancio. Y así nos fue.

El entusiasmo de nuestra platense debe, no obstante, haber durado poco. Lo que un lirio. Porque luego de extender generosamente la mano a Cuba y Venezuela, Barack Obama aclaró que sabe que “el pueblo de Cuba hoy no es libre”. Agregando que es Cuba quien debe ahora generar hechos y no palabras. Esto es evidenciar signos claros de democratización, liberando a los centenares de presos políticos que aún están en las cárceles del régimen dictatorial cubano, de los que la platense se olvidara, una vez más, como sucede siempre.

Ocurre que si bien puede haber ciertamente comenzado una nueva era de diálogo y cooperación, las sanciones comerciales contra Cuba que dispusiera en su momento el propio John F. Kennedy, permanecerán vigentes, por un buen rato. Hasta que las pruebas evidencien un cambio de conducta.

De paso, cabe recordar que las sanciones financieras no se levantaron respecto de los líderes del gobierno de Cuba, ni de los dirigentes de su Partido Comunista. Tan solo respecto de quienes han sido, a la vez, víctimas inocentes del terror característico de la administración castrista y de las ineficaces sanciones “no inteligentes” norteamericanas. © www.economiaparatodos.com.ar

Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


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