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EPT | February 26, 2020

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Lunes 8 de octubre de 2007

Los olvidos que supimos conseguir

¿Por qué le perdonamos tanto al kirchnerismo? La lista de escándalos, errores, bochornos y despropósitos es larga. No obstante, todo indica que los argentinos revalidarán con su voto la gestión de Néstor Kirchner y le otorgarán a su esposa el destino del país en los próximos cuatro años.

“La primera vez que me engañes, será culpa tuya;
la segunda vez, la culpa será mía.”

Cadenas de e-mails. Pedidos de memoria de verdad. Balances de lo que no fue. Quién es quién y quiénes fueron ayer. Manotazos de ahogados. En el fondo, sabemos que ese ir y venir de correos electrónicos, entre un grupo minúsculo, tratando de hacernos tomar conciencia de lo que hay y lo que puede llegar a haber no puede aportar mucho. Sin embargo, pareciera que es la única acción posible a escasos días de las elecciones. Se multiplican las voces de quienes no tienen interés en ir a votar. Pero el voto es obligatorio. Algo hay que hacer. En las encuestas no se cree, en los candidatos tampoco.

Cristina Fernández de Kirchner avanza hacia la continuidad, aun retrocediendo en imagen e intención de voto. Las esperanzas de cambio se esfuman. Y todo raya en la más absoluta irracionalidad: ¿cómo puede ganar una candidata que no puede siquiera hacer un acto proselitista junto a la gente que debe votarla? Se vende afuera como si detrás de la frontera se concentrara el padrón electoral. Una peronista sin bombos ni platillos, sin nada del folclore justicialista. Con un doble discurso como aquel con el que pregona inversiones y frena importaciones. Sin más propuestas que enfatizar lo que su marido hizo y deshizo. Su ideología es un enigma, su muletilla es la “concertación política” que jamás se atrevió siquiera a explicar. ¿Quién y qué van a concertar? En síntesis, uno no logra encontrar alguien que tenga decidido votarla, aunque todos dicen que va a ganar. Eso sucede en la Argentina. Claro que, también en la Argentina, hay un microclima que cree que es la radiografía del total. Sólo un 20% de los hogares tiene conexión a Internet, ese 20% probablemente no vote a Cristina. Pero hay vida detrás de la pantalla, y hay mucha miseria no vista y mucha marginalidad. Quizás allí haya una respuesta que revele lo que el resto de la población no logra explicar.

Al margen o no tan al margen, las prácticas clientelísticas no están ajenas a lo que vendrá. Y la desarticulación de las fuerzas de oposición en casi todos los distritos suma a esta posibilidad de kirchnerismo por otro período más. Seis años atrás, dos tercios de la población bregaban por que se vayan todos. A pesar de ello, al año siguiente, el 86% del padrón repetía su voto. El mecanismo de elección alojado en la mente de los ciudadanos es extraño.

Hoy, los noticieros dan cuenta de hechos de extrema gravedad que son contados como acontecimientos aislados: un chico de 12 años que apuñala a un compañero, un gremialista asesinado, un asalto perpetuado por menores de 10 y de 8 años, un 22% de aumento en el robo de autos, que los datos del INDEC no se condicen con los precios en los supermercados, que el tomate es más caro que el asado. Las estadísticas oficiales causarían gracia si no fuera tan dramática la manera en cómo se burlan de la gente que sabe bien cuánto se gasta al hacer las compras. El pueblo paga los costos de la campaña de la primera dama, solventa sus viajes y sus mañas. Los asambleístas de Gualeguaychú siguen reclamando, como hace exactamente cuatro años y como lo podrán seguir haciendo otros tantos, ya con Botnia en funcionamiento. Entre tanto, el Súperclásico, los Pumas, un fin de semana largo, el Día de la Madre y ya está… Votamos.

Después, algunos a festejar, otros a protestar y todos a esperar lo que vendrá. Nada más enigmático que el próximo escenario de gobierno. Para algunos, será el momento de un sinceramiento de precios y tarifas; para otros, la misma metodología populista evitará el costo político de reacomodar las variables económicas para durar en el poder. ¿Cuánto? Lo que aguanten las retenciones a la soja o la inconciencia general. La inflación obra hoy como única oposición amenazante para Cristina Fernández. Pese a ello, llegamos a una elección presidencial con una entrega desapasionada en general y una nimia noción de lo que es democracia. Apáticos, resignados, acostumbrados a estar mal creyendo que estamos bien. ¿Instinto de supervivencia nacional o consuelo barato?

En el trayecto hasta acá dejamos a la ex ministra de Economía, Felisa Miceli, y su bolsa de dinero lejos de los medios y de la respuesta: ¿de dónde salió la plata? No nos interesa, al menos admitamos la verdad. Dejamos a Romina Picolotti, secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable, con nombramientos y gastos sin justificar. Dejamos a Skanska y a Greco como “casos” de esos que, en definitiva, siempre y con todos los gobiernos hay. ¿Si ayer tuvimos el escándalo IBM-Banco Nación por qué no podemos tener hoy el bochorno de Skanska? Dejamos armas contrabandeadas a menos del precio de un kilo de pan y a la titular de Defensa, Nilda Garré, sin saber lo que es un FAL pero con las llaves de la ESMA en la mano como si fuera la dueña. Dejamos a Daniel Varizat: allá él con su conciencia. Dejamos un incremento del 93% de delitos denunciados con la emoción de las marchas y las antorchas en Plaza de Mayo exigiendo seguridad. Dejamos los anuncios de escuelas y viviendas a inaugurar en el atril del Salón Blanco. Dejamos a Perón descansando en San Vicente tras una batalla campal, batalla que se sigue librando en dondequiera que haya un trabajador reclamando. Dejamos las barras bravas de los clubes de fútbol y los dirigentes de Quebracho disfrutando la libertad. Dejamos a María Marta García Belsunce y a Nora Dalmaso sin descansar en paz. Dejamos a la oposición discutiendo si hay que unirse o no. Dejamos las Fuerzas Armadas desmanteladas. Dejamos a los hospitales con paros y a los docentes sin enseñar. Dejamos un centenar de funcionarios sospechados de corrupción. Dejamos a Julio Jorge López desaparecido y a Luis Jerez sin secuestradores. Dejamos los barrios privados sin privacidad. Dejamos al suboficial santacruceño Jorge Sayago muerto y enterrado sin marchas siquiera como sí las tuvo Carlos Fuentealba. Dejamos al campo atado de pies y manos a las retenciones y al gasoil que no hay. Dejamos las fechas patrias con actos partidarios y a los próceres sin conmemorar. Dejamos los decretos de necesidad y urgencia suplantando al Congreso Nacional. Dejamos superpoderes y discrecionalidad. Dejamos la historia contada por la mitad. Dejamos un 500% más de consumidores de paco. Dejamos una inflación oficial y una inflación paralela… Dejamos dos Argentinas: una sin rumbo, a la deriva; y otra oficial que describen como si fuera Suiza.

En síntesis, dejamos a los argentinos cosechando su propia siembra y asombrados porque, tras sembrar maíz, no brotó trigo… Y dejamos una duda existencial: ¿somos ajenos a lo que pasa acá? De una u otra manera, todos, o la gran mayoría, somos responsables de esta realidad. Aun cuando resulte incomprensible que este sea el país que soñamos tener y dejar. © www.economiaparatodos.com.ar


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