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Jueves 18 de agosto de 2005

Obligan al Sheikh Omar Bakri a abandonar Londres

Como consecuencia de los recientes atentados terroristas en Gran Bretaña, el gobierno inglés decidió restringir algunas libertades, como las de circulación y de opinión.

Una de las consecuencias inmediatas de los recientes atentados terroristas en Londres ha sido la de modificar la tradicional actitud británica de tolerancia al disenso, casi sin restricciones. Ocurre que, escudándose en ella, un conjunto de predicadores musulmanes fundamentalistas, muchos de los cuales son extranjeros, habían utilizado la libertad de que gozaban para predicar -desde los púlpitos de sus mezquitas en Gran Bretaña- discursos de tonos extremistas, a través de los que sembraban el odio y la violencia.

Ahora, la legislación británica, a la manera de la francesa desde los años 80, permite deportarlos y restringir así, razonablemente, la libertad de circulación y la posibilidad de usar la libertad de opinión para predicar la muerte y la desolación.

Sospechando -correctamente- que estaba en una “lista corta” de personajes indeseables, el Sheikh Omar Bakri Mohammed -un predicador sirio naturalizado libanés- salió presuroso con rumbo al Líbano, antes de que la nueva normativa fuera sancionada. Presuntamente “de vacaciones”.

A su llegada a Beirut, la capital del Líbano, fue inmediatamente arrestado por las autoridades locales, las que luego de interrogarlo intensamente lo liberaron, aunque manteniendo una discreta vigilancia sobre sus actividades. Gran Bretaña, como se esperaba, le prohibió regresar a ese país.

El Sheikh Omar nació en Alepo, Siria, de una familia musulmana ortodoxa de 26 hijos. Estudió en Damasco y militó desde muy joven en la “hermandad musulmana”. Por su extremismo, fue expulsado de Siria. De allí pasó al Líbano, fácilmente. Enseguida a Arabia Saudita, en donde se unió a los grupos más radicales y encontró financiación.

Finalmente se radicó en Londres, invocando para ello el carácter de ser un “perseguido” por su fe. Comienza entonces, barbado, a predicar en Tottenham, al norte de la capital, demonizando con su retórica inflamada de rencor al capitalismo, los occidentales y sus valores. Unos dos mil jóvenes, por él “iluminados”, conforman allí un núcleo fundamentalista sospechado de alentar la violencia.

En 1991, fue interrogado por la policía británica, después de definir públicamente al entonces premier, John Mayor, como un “blanco legítimo de abatir”, lo que equivale a estimular su asesinato.

Diez años después, lanzó una “fatwa” contra el presidente paquistaní Musharraf, a quien caracterizó como “aliado de los norteamericanos”, para él un pecado imperdonable.

En 1999, legitimó el uso de armas químicas para, con ellas, cometer atentados terroristas. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, como nuestras “Madres de Plaza de Mayo”, hizo público su “júbilo” por los mismos, evidenciando el enorme odio acumulado en su persona.

Si ahora regresara a Londres, Omar sería acusado, de inmediato, de “traición” a Gran Bretaña y pasaría un buen tiempo tras las rejas. Por esto, los británicos parecen haberse sacado de encima a un personaje temible, tan siniestro como peligroso. © www.economiaparatodos.com.ar



Emilio Cárdenas es ex Representante Permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas.




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