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EPT | April 5, 2020

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Jueves 1 de noviembre de 2007

Para ir pensando en el cambio

Un repaso del escenario del mercado cambiario en nuestro país en los últimos noventa días sirve, al mismo tiempo, como evaluación y diagnóstico para el necesario cambio de reglas de juego que debería encarar el nuevo gobierno.

En el Precoloquio de IDEA, realizado el martes 4 de septiembre en el Hotel Sheraton, la entonces candidata a presidente Cristina Fernández de Kirchner sorprendió al auditorio, conformado por más de 700 ejecutivos, con esta frase: “No es sustentable por mucho tiempo la ventaja del tipo de cambio competitivo. Es necesario complementarlo con inversión tecnológica y productiva”. Pero 48 horas después, su marido, el presidente de la Nación, en un breve diálogo con un periodista del diario BAE tras la reunión realizada con representantes de la Unión Industrial Argentina (UIA), aseguraba que “el tipo de cambio se va a mantener competitivo, en una banda cercana a los 3,20 pesos”. Es la primera vez, durante el actual gobierno, que en la misma cúspide del poder aparece una voz disonante con el mensaje oficial, reiterado una y otra vez, de que la actual política económica se basa en un “tipo de cambio alto”. No obstante, aquella afirmación de la candidata a presidente parece tener mayor razonabilidad que la sustentada por Néstor Kirchner, quien insiste en que se debe seguir el mismo camino que él mismo impuso apenas asumido.

Mientras, el Mercado Único y Libre de Cambios ya operaba con una fuerte disminución de los volúmenes transados, que se explica por la agresiva intervención del Banco Central en el mercado de cambios, contado y futuro, y también en el de dinero y las reiteradas “llamadas” de altos funcionarios a las tesorerías de los bancos para que se les informen detalles sobre las ventas de títulos públicos y las compras de dólares. En tanto, las importaciones marcaban un nuevo récord de USD 4.400 millones en agosto y la inflación verdadera se devoraba mucho más rápido que antes las “ventajas” del dólar alto.

Por su parte, el presidente del Banco Central (BCRA), Martín Redrado, en una nota publicada el domingo 9 de septiembre en el diario La Nación, afirmaba que “el régimen de flotación cambiaria administrada vigente, sin ofrecer un ‘seguro de cambio’ que favorezca la llegada de inversiones especulativas, procura evitar que la volatilidad distorsione las decisiones de consumo, ahorro e inversión de los ciudadanos”. Y agregaba con respecto al comienzo de la crisis: “Si hubiéramos estado bajo un esquema de libre flotación, el tipo de cambio hubiera llegado a niveles más altos y hubiera corrido serios riesgos de volver a la dinámica devaluación-inflación recurrente en la historia argentina”. El tema lo redondeó luego, el jueves 13 del mismo mes, en la convención de Euromoney, en Londres, cuando dijo: “El Banco Central está profundamente preocupado por el nivel actual de la inflación en la Argentina”.

Ambas citas fueron muestras evidentes de que el presidente de nuestro ente monetario ignoraría lo que realmente pasa en el país, porque tales temas –el de la “flotación administrada” y la inflación– son de su absoluta responsabilidad. Parecería, en el primer caso, que no conociera o no respetara las reglas del juego vigentes en el mundo civilizado. Con respecto al segundo, queda claro que es casi nula su incumbencia en el tema.

Sin embargo, según lo afirmaba el director de El Cronista, Guillermo Kohan, todo tiene que ver con la discusión sobre lo “que hará el gobierno con el dólar después de las elecciones y en 2008, una decisión entre mantenerlo alto en 3,15/3,20 o aún dejarlo subir más o volverlo al entorno de 3 pesos como herramienta para ayudar a bajar la inflación”.

Tras lo acontecido, una vez más resurgieron las dudas sobre la eficacia de la acción que lleva a cabo el ente monetario en el mercado, porque muchas veces se lo ha visto actuar como si fuera un participante más en lugar de intervenir ejerciendo su función para impedir los movimientos no deseados y lograr un equilibrio entre la acción de la oferta y la demanda. Esos dos son los objetivos fundamentales que dieron origen al sistema denominado “flotación administrada” que rigió en el mundo civilizado hasta mediados de los 90 y que el BCRA parece desconocer, a pesar de los dichos al respecto por parte de sus más altas autoridades. Quizá conviene recordar, además, que en el comienzo de este siglo XXI ya se dejaron de lado las intervenciones en el mercado al predominar la idea de que los niveles de los tipos de cambio tienen un valor relativo y que su equilibrio depende mucho más de la disciplina y la coordinación de las políticas macroeconómicas. Por eso se acordó que era necesario poner mayor énfasis en lograr que los países promovieran políticas monetarias y fiscales que fueran estables y equilibrantes. Así ocurrió en el resto del mundo, mientras aquí continuamos en los 80.

El mercado de cambios también se vio fuertemente presionado por la activa acción del Gobierno para tratar, por todos los medios posibles, de calmar los ánimos y evitar la volatilidad del tipo de cambio cuando se acercaba el día de las elecciones. Los que más sufrieron fueron los bancos, que fueron sometidos a insólitos requerimientos de tipo policial para que informaran sobre las operaciones realizadas con bonos argentinos, con nombres y apellidos de los funcionarios que decidieron comprar o vender y de los economistas que los habrían asesorado.

Asimismo, funcionarios integrantes de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia investigaron una denuncia de “cartelización” contra los bancos y tomaron declaraciones a gerentes financieros para conocer los motivos por los que vendieron títulos públicos y compraron dólares. Todo esto creó un clima de malestar generalizado y mucho mal humor, mientras aumentaba la huida de fondos del sistema que se sumaban a los 160.000 millones de dólares que argentinos ya tienen en cuentas en el exterior, en cajas de seguridad o bajo el colchón.

Otro tema que provocó comentarios diversos y cierta preocupación es la actividad que desarrolla el BCRA en el mercado de futuros del Rofex y el OCT del MAE, participando como vendedor de dólares en casi todos los plazos. Sobre todo, llama la atención que haya incrementado su acción en los más largos, es decir, vendiendo para los fines de los meses de julio, agosto y septiembre de 2008. No se entiende ni justifica que el ente monetario dé cobertura a los especuladores y, más aun, para esas fechas tan lejanas e impredecibles.

Con respecto al futuro de las políticas oficiales en materia económica y cambiaria reina la incertidumbre y, por eso, tanto los inversionistas externos como los locales, los individuos, las empresas y las entidades financieras optaron, en los últimos tres meses, por resguardar sus capitales comprando dólares. Como resultado, desde julio pasado, el BCRA tuvo que cambiar su modo de actuar en el mercado y de comprador pasó a ser vendedor, siempre tratando de mantener el tipo de cambio “estable” dentro de una pequeña franja entre $ 3,15 y $ 3,18 por dólar. Y lo logró, aunque no se puede saber su costo exacto porque en ese lapso se escondió la información y hasta se pospuso sin aviso la publicación del informe de la evolución del mercado cambiario del tercer trimestre de 2007.

Por esos motivos, ahora sólo puede estimarse que las reservas internacionales sumarían unos 42.400 millones de dólares (al viernes 26 de octubre), 1.800 millones menos que el récord marcado el 23 de julio, de 44.234 millones. No obstante, casi al mismo tiempo, el BCRA tendría comprometidos unos 1.300 millones de dólares que habría vendido en los mercados de futuros con contratos que vencen los fines de cada mes y nada menos que hasta septiembre de 2008.

Mientras, existe una gran expectación sobre el futuro de la política cambiaria y el valor del dólar. Si bien hay cierto consenso en que el Gobierno no permitiría que el tipo de cambio de la divisa estadounidense se mueva en el futuro inmediato fuera de la banda cambiaria que rigió en los noventa días recientes, algunos analistas se animan a afirmar que podría haber alguna posibilidad de que se decida finalmente empujar el tipo de cambio para que suba algún escalón más. Más adelante, cuando asuma Cristina Fernández de Kirchner, seguramente otras serán las expectativas.

Lo relatado tiene que ver con lo sucedido en nuestro país, en materia cambiaria, sólo en los últimos noventa días, pero también sirve como muestra cabal de lo ocurrido desde 2003. Al mismo tiempo, esta dura experiencia podría ser útil para ir pensando ya sobre el necesario cambio de las reglas del juego, que debería ser una de las mayores urgencias a encarar por el nuevo gobierno. Esperemos que así sea. © www.economiaparatodos.com.ar

José Alfredo Nogueira es corredor de cambio y autor del libro “Las Reglas del Juego. Mercado de Cambios y Operaciones con Divisas” (Editorial Argenta). Para comunicarse con él: josenogueira@fibertel.com.ar.


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