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viernes 18 de abril de 2014

Política económica, aquí y ahora

Política económica, aquí y ahora

Hora de recopilar, porque la vorágine a veces nos hace perder la perspectiva

El contexto político dentro del cual se desarrolla la política económica viene dado hoy por la debilidad propia de un gobierno que está en su período final, más el hecho de que la presidenta de la Nación continúa aplicando un estilo que en el plano de los discursos envía señales más que preocupantes, y en de las decisiones baja el pulgar de atrás.

El gobierno ha perdido toda credibilidad delante de la población (continúa prorrogando el blanqueo, pero nadie espera mejores resultados que los observados hasta ahora), y la credibilidad no se recupera, por más sinceramiento que exista en las estadísticas oficiales, acercamiento al Club de París, etc.

En este marco político aparece el accionar del Banco Central por una parte, y el del ministerio de economía por la otra.

Fábrega hizo lo que tenía que hacer: les dijo a los bancos que tenían 90 días para quitarse de encima la tenencia de dólares que superara 30% de su patrimonio, al tiempo que emitió una letra en pesos, a 91 días, pagando alta tasa de interés.

Los bancos vendieron el exceso de inmediato, los exportadores –dada la expectativa de transitoria tranquilidad cambiaria oficial- se apuraron a liquidar y los importadores dejaron de estar desesperados por comprar. Ergo, las reservas del Banco Central dejaron de caer.

Transitoriamente, porque cuando venzan las nuevas letras habrá que pagarlas (emisión monetaria, para cubrir el déficit cuasifiscal), o emitir nuevas letras que pagarán mayores tasas de interés, hasta que en algún momento no habrá ninguna tasa a la cual la gente no tenga ganas de convertir los pesos que les sobren, en dólares. En la década de 1980 esto sucedió varias veces.

La acción del Banco Central equivale al golpe sobre la mesa, o al golpe de una copa con un cuchillo. Genera silencio… durante algunos segundos. Mejor que quien hizo eso tenga algo valioso para decir, porque de lo contrario volverá el bullicio.

Lo transitorio se volvería permanente si apareciera un programa económico técnicamente congruente y políticamente creíble. Esto último es imposible, lo primero está por verse.

A Kicillof le toca la parte más difícil, porque una cosa es aumentar la tasa de interés y otra reducir el gasto público. Todo el mundo recomienda el “ajuste fiscal”, pero frente a la planilla de erogaciones, para cada rubro aparecen buenas razones no sólo para mantenerlo sino también para aumentarlo.

Lo que está sucediendo con las tarifas de agua y gas, y lo que se piensa que va a ocurrir con las tarifas de energía eléctrica, muestra la dificultad de ajustar “en frío” tarifas que quedaron muy descolocadas, por la política que al respecto se adoptó desde el abandono de la convertibilidad.

En una palabra, el mejor equipo económico del mundo, en las actuales circunstancias políticas y económicas, enfrenta un desafío monumental. A caballo de lo cual el liderado por Kicillof no parece ser el mejor equipo económico del mundo, particularmente su área de comercio interior.

En entregas anteriores Contexto diferenció entre información y conocimiento, para explicar la barbaridad que implica obligarle a los empresarios a generar información que no tuvieron en cuenta cuando adoptaron las decisiones, para alimentar las computadoras de funcionarios que tampoco sabrán, “evaluando” dicha información, qué fue lo que pasó y qué habrá de pasar con las empresas. Hoy encuentro a muchos empresarios tan ocupados, que no les queda tiempo para trabajar.

Un equipo económico más profesional generaría cierto respeto en los interlocutores del sector privado, pero no podría recuperar la credibilidad perdida del gobierno.

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Los actuales resultados económicos no sorprenden, a la luz de lo que acabo de describir.

La tasa de inflación de 3-4% mensual dejó de ser una anécdota puntual, para convertirse en una preocupante realidad que ya lleva 4 meses consecutivos. En un país con la sensibilidad que tenemos los argentinos, es para tomar en serio.

El nivel de actividad está francamente para abajo (quienes hoy logran mantener el volumen de sus ventas, y por consiguiente de producción, agradecen al Cielo, como los jugadores de fútbol, luego de convertir un gol). Ni qué decir en el caso de bienes durables –notablemente, autos-, cuya demanda por sus características fluctúa mucho más que la de los bienes no durables.

Aquí y ahora, la estanflación no se combate con las herramientas aplicadas durante la “década ganada”, porque ya no hay más capacidad instalada excedente en el sector energético, el precio de la soja está alto pero dejó de subir de manera vertiginosa, etc.

Dentro del sector privado, todo esto repercute en las negociaciones salariales. Porque los dirigentes sindicales miran la tasa esperada de inflación, pero también la producción futura de bienes y consiguientemente la demanda de empleo (porque, no importa lo que los actuales miembros del equipo económico piensen de las teorías micro y macroeconómicas, la demanda de empleo deriva de la demanda de bienes).

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Por todas estas razones Contexto viene subrayando el achicamiento del horizonte decisorio. La “calma chica” observada en el mercado cambiario afloja las tensiones, pero todo el mundo sabe que se está delante de un fenómeno transitorio. ¿Llega este gobierno a diciembre de 2015 sin un maxiajuste; llegan las actuales cotizaciones del dólar hasta julio? Buenísimas preguntas, que no se pueden contestar (no hago pronósticos, pero recuerdo que –según muestra la historia- las “hiperinflaciones no avisan”).

Hemos sobreviviendo a tantas, no veo por qué a ésta no. Pero con diagnósticos realistas, por favor.

¡Animo!

Fuente: http://www.cartapolitica.org/