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miércoles 3 de febrero de 2021

Se equivoca el presidente, Argentina progresó cuando se acercó al capitalismo liberal

Se equivoca el presidente, Argentina progresó cuando se acercó al capitalismo liberal

Alberto Fernández hizo referencias poco atinadas en el foro de Davos, cuando gestiona un país cuyos desequilibrios tienen diversas causas y un único origen: el déficit fiscal y la forma de financiarlo

Durante su exposición de la semana pasada en el foro de Davos, el presidente Alberto Fernández afirmó que «El capitalismo financiero donde se hacen fortunas en minutos por apostar a un bono o acción hace ricos a muchos pero posterga a millones de seres humanos en el mundo». En realidad habría que ver de dónde saca esa relación entre apuesta financiera como el motor del capitalismo, en todo caso ese tipo de “timaba” financiera son estimuladas por los gobiernos con el endeudamiento público. En el caso argentino, hay que repetir una vez más el fenomenal incremento del endeudamiento del BCRA para restringir la liquidez del mercado y frenar el tipo de cambio, generando inmensas utilidades para el sistema financiero el tipo caso que cita el presidente y hace el BCRA bajo su gobierno.

El presidente también citó el libro «Capitalismo Infeliz», de Luigino Bruni, afirmando: «tenemos que superar la infelicidad opulenta que descarta a los más débiles e idolatra la ganancia desenfrenada y deshumanizada de un modelo amoral”.

Más allá de la vaguedad que es hablar de ganancia desenfrenada. ¿A partir de qué monto es desenfrenada? ¿Cómo se determina una ganancia desenfrenada?, en rigor no es el capitalismo el que descarta a los más débiles, sino que los incorpora con la creación de puestos de trabajo. El que los fabrica y usa a los pobres es el populismo, que no ha hecho otra cosa que sumergir a la Argentina en una larga decadencia llevando la pobreza, la indigencia y la desocupación a niveles insospechados.

Cuando Argentina se acercó al modelo capitalista, su economía atraía inversiones e inmigrantes que venían a estas tierras a buscar una oportunidad para salir de la pobreza de sus países de origen. El sistema económico argentino no ofrecía planes sociales, sino oportunidades para progresar mediante la cultura del trabajo basadas en el capitalismo liberal.

Gráfico 1

A principios del siglo XX y hasta la década del 30, el PBI de Argentina llegó a representar el 27,5% del PBI de toda América Latina. Cuando Argentina se aparta del capitalismo y del mundo y comienzan las intervenciones del estado en la década del 30 y se aceleran en la década del 40, el país entró en una larga decadencia y actualmente el PBI de Argentina representa solo el 10% del PBI de LATAM. Y no es que los otros países hicieron las cosas mucho mejor que Argentina, sino que Argentina fue el peor y sigue siendo uno de los peores alumnos de la clase junto con la Venezuela chavista.

Cuando se compara la evolución del PBI per capita de Argentina con los de Canadá y Australia, países de inmigrantes y dotados de recursos naturales similares, se observa cómo a principios del Siglo XX el PBI per Capita de Argentina era muy parecido al de ambos países.

Gráfico 2

Tomando los datos de Angus Maddinson, en 1905 el PBI de Argentina era equivalente al 98% del PBI/habitante de Canadá y al 81% de la misma relación con Australia. Es decir, los PBI per capita de Argentina, Canadá y Australia eran similares. En 2018, el PBI per capita de Argentina era el 41% del de Canadá y el 37% del de Australia.

En 1900 el PBI per capita de Argentina superaba en un 70% al PBI/hab de España. En 2018 el PBI/hab de España era un 70% mayor al de Argentina. Si la comparación se hace con Italia, en 1900 Argentina tenía un PBI/hab que era un 40% superior al de Italia y en 2018 el PBI/hab de Italia fue un 85% superior al de Argentina, siempre siguiendo los datos de Angus Maddison. Por eso, cuando Argentina era capitalista, nuestros abuelos venían de Italia y España a la Argentina a trabajar, porque las condiciones del capitalismo liberal daban oportunidades de progreso. Hoy nuestros hijos se van a España, Italia, Australia, Nueva Zelanda y otros países en busca de un futuro que el populismo no ofrece. Solo ofrece someterse al puntero político para cobrar un plan social o tener un empleo público.

En 1911 el PBI/hab de Argentina era 4,4 veces superior al de Corea del Sur. En 2018, Corea duplicaba nuestro ingreso per capita. En 1901 la misma relación con Taiwán, el país al que se miraba con soberbia hablando de los paragüitas de Taiwan, Argentina la superaba en ingreso per capita en 4,3 veces. En 2018, Taiwan con sus paragüitas, tuvo un ingreso per capita 141% más alto que el de Argentina.

Se puede seguir con las comparaciones con Irlanda, Hong Kong, Irlanda o el mismo Japón y los resultados son igual de catastróficos para Argentina.

Cuando Argentina abandonó las ideas liberales que inspiraban la Constitución de 1853/60 y se sumergió en el populismo redistribucionista, castigando la cultura del trabajo y premiando la cultura de la dádiva, entró en una decadencia imparable.

Siempre van a saltar los que rechazarán el modelo de crecimiento de fines del siglo XIX y principios del XX argumentando que la riqueza se concentraba en pocas manos. En primer lugar no tienen datos del coeficiente de Gini de ese período, así que afirman sin demostrar, pero, ¿acaso hoy, con el populismo, la riqueza no concentra en unas pocas manos, en general de la casta política y sus socios de empresarios prebendarios y el resto vive en una pobreza que no se conocía en Argentina? ¿Alguien puede afirmar seriamente que este populismo que hace una cultura de la pobreza, mejoró la distribución del ingreso en Argentina?

Por otro lado, lo relevante no es que si el que menos gana tiene un ingreso 1.000 y el que más gana de 10.000, con una diferencia de 10 veces. Bajo un sistema capitalista el que menos gana pasa a ganar 11.000 y el que más gana 160.000, con lo cual aumenta la brecha entre el más rico y el más pobre a 14,5 veces, pero el que menos gana, gana más que el que más ganaba bajo el populismo. En otras palabras, el problema no está en el coeficiente de Gini, que es un pésimo indicador de distribución del ingreso. La clave está en que los que menos ganan, ganen cada vez más. No importa que el que más gana, gane mucho, como dicen los populistas. Eso es comparación de resentidos. De envidiosos. Lo que importa es que los pobres dejen de ser pobres y tengan movilidad social ascendente. Y eso no se consigue redistribuyendo ingresos. Se consigue generando más inversiones que creen puestos de trabajo y mejoren la productividad de la economía.

Es mentira que los que dicen preocuparse por los pobres realmente estén preocupados. En todo caso están preocupados por aumentar la cantidad de pobres para tener más electorado cautivo. Es el sistema capitalista liberal el que en realidad se ocupa de los pobres, pero no repartiendo lo que ganan otros, sino creando las oportunidades para que haya inversiones, la gente pueda desarrollar la capacidad de innovación y cada uno mejore gracias a su trabajo.

Además, el populismo denigra a las personas porque las hace depender del puntero político para que su familia pueda comer. El capitalismo liberal dignifica a las personas porque alimentan a su familia con el fruto de su trabajo.

En síntesis, no es el capitalismo al que hay que revisar. Ya ha demostrado ser el sistema más eficiente para mejorar el nivel de vida de la gente. Es el populismo que pretende vender que los políticos tienen el monopolio de la solidaridad y lo único que buscan es maximizar su beneficio político fabricando pobres e ignorantes para someterlos a sus caprichos.

Argentina progresó cuando se acercó al capitalismo liberal y entró en un subdesarrollo sustentable cuando adoptó el populismo redistributivo. Lo que hay que hacer para volver a crecer es tan sencillo como volver a la cultura del trabajo y abandonar la cultura de la dádiva que empobrece y denigra a la población.

ESTA NOTA FUE ORIGINALMENTE PUBLICADA EN http://www.infobae.com