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jueves 25 de junio de 2009

Se necesita un Estado

Pero no uno que busque intervenir y controlar cualquier tipo de actividad, sino aquel que haga valer la Constitución, los derechos individuales y la seguridad jurídica.

Néstor Kirchner acaba de decir que se necesita un Estado que articule lo público con lo privado. “Como dice Obama en EEUU”, agregó.

Eso debería ser cierto y valedero en tanto el Estado sea “de Derecho”. Pero en la medida que el “Estado” sea, en realidad, una carátula, un escudo, detrás del que se atrincheran personas privadas que se adueñan de sus sillones para perseguir riqueza personal, entonces la afirmación entra en serias dudas.

La artimaña de poner delante de todo a Obama y a los Estados Unidos –los nombres mágicos “quita-sospechas”– no arregla el problema porque en EEUU rigen las instituciones y si bien un determinado presidente puede llegar con un sesgo más intervencionista que otro, eso no pondrá en peligro la vigencia de los derechos individuales, el derecho cívico de emprendimiento, la iniciativa privada y la propiedad, precisamente porque las instituciones estarán para vigilarlo.

En una republiqueta en donde todos esos valores pasan a depender del capricho de un hombre, no se puede hablar de “Estado”, al menos de aquel Estado que toda sociedad necesita.

En una republiqueta lo que hay es un conjunto de vivos que articulan un verso populista-nacionalista que apela a los más bajos instintos humanos para –con ese curro- llevarse toda la riqueza. Es así de simple. Lo querrán disfrazar, decir con palabras más sutiles, pero la realidad es esa: la existencia de un conjunto de apropiadores que toma el dinero de la sociedad para llevárselo.

En ese esquema no hay control, ni intervención, ni siquiera estatización de la economía.

Es más, las empresas que el “Estado” tome seguirán siendo “privadas” porque el proceso populista lo que hace es hacer creer a un conjunto de giles que se defiende el patrimonio nacional estatizando la economía, mientras lo que se hace, en los hechos, es apropiarse de las empresas y de sus negocios sin poner dinero propio en la operación; el dinero lo pone la sociedad mientras ellos juegan a hacerse los empresarios con el ahorro nuestro.

Este es el verdadero sistema que hay detrás de las construcciones “estatistas” de aquellos países en donde no rige un Estado de Derecho.

En donde sí gobierna la ley es posible que la concentración económica en el Estado, tarde o temprano también produzca robo, enriquecimiento ilícito y corrupción porque cuando ese esquema económico se impone tiende, con el tiempo, a borrar las diferencias entre la institución “Estado” y las personas que finalmente lo encarnan. Por ese camino esos países dejarán de ser, precisamente, “Estados de Derecho”. Pero mientras los mecanismos intitucionales funcionen pueden darse el lujo de experimentar con algún tipo de intervencionismo.

Pero donde el Derecho no rige, confundir a la gente con el empleo de la palabra “Estado” para en realidad referirse a personas que usufructúan sus privilegios pero que no se diferencian de los privados, es un monumental fraude que, algún día habrá que desenmascarar.

Por eso, Kirchner antes de decir que “se necesita un Estado que articule lo público y lo privado”, debería decir que lo que se necesita es un “Estado”, un Estado de Derecho en donde gobierne la ley y no su palabra.

Las regulaciones económicas pueden depender, hasta cierto punto, del orden jurídico, pero no de su voluntad. Esconderse detrás de la sacrosanta palabra “Estado” para después manejarse, en todo lo demás, como lo haría cualquier privado que quiera engrosar su bolsillo (con la única diferencia que el privado de verdad arriesga su propio dinero en ese proceso, mientras Kirchner arriesga el nuestro) no es defender una supuesta “progresía” económica. Es engañar a la gente para hacer negocios. © www.economiaparatodos.com.ar

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