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lunes 5 de abril de 2010

Inflación y costo político

El gobierno niega la existencia de la inflación porque si la aceptara debería aplicar una política que no concuerda con sus planes. Por lo tanto, no aplica medidas apropiadas para detener el alza de los precios y eso deteriora su capital político.

El debate referido a la inflación que viene teniendo lugar en las últimas semanas es surrealista. Como mucho de lo que sucede en la era kirchnerista, si no fuera trágico sería gracioso. No se debate cómo cortar, limitar, controlar, detener la inflación. Se debate si hay o no inflación. Lo surrealista es que estemos debatiendo algo así. Quizá convendría ponerlo claramente en blanco sobre negro, para que se entienda.

Si una botella de gaseosa costaba tres pesos hace seis meses y ahora cuesta $ 4,20, resulta ostensible, evidente, indudable que el precio aumentó… Si un kg de carne costaba $ 15.- hace seis meses y cuesta $ 21 ahora, hay señales incuestionables de que el precio se elevó. Lo mismo podría decirse de los precios de miles de productos más. Pues bien, ante estas evidencias incontrastables, irrefutables, indiscutibles, los funcionarios del gobierno afirman que no hay inflación sino “reacomodamientos de precios”, “tensiones de crecimiento” y otros argumentos parecidos.

Pero no fue Adam Smith, Von Mises, Hayek, Alsogaray, Roberto Alemann, Martínez de Hoz, el vicealmirante Rojas ni ningún representante de la derecha neoliberal, oligárquica, conservadora y reaccionaria sino el General Juan Domingo Perón quien dijo que “la única verdad es la realidad”… Y la realidad es que, lo admitan o no los funcionarios kirchneristas, los precios aumentan. Y si los precios aumentan, hay inflación. El kirchnerismo quiere negarlo, disfrazarlo, esconderlo pero sus argumentos no pueden eludir la realidad –la única verdad, según Perón- de que la inflación está plenamente instalada entre nosotros.

Si el kirchnerismo fuera un partido de oposición, esto no tendría ninguna importancia. El problema es que esta gente, que niega la realidad sin ningún tipo de escrúpulo, está en el gobierno y nos está llevando a todos a una situación caótica. El país está en manos de gente que cree que puede tapar el sol con la mano. ¡Hasta Moyano reconoció hace unos días que hay inflación, aunque después tomó conciencia de su exabrupto y “condimentó” sus declaraciones!

La gravedad de la situación radica en que, cuando se elude la realidad, no hay margen para realizar un diagnóstico acertado y, por lo tanto, poner en marcha políticas apropiadas para resolver los problemas. El kirchnerismo parte de una premisa falsa –que no hay inflación- pero luego es coherente en su desenvolvimiento posterior. Es obvio que si se sostiene que no hay inflación, no hay por qué hacer nada para detener el aumento de los precios.

Pero los hechos –esa realidad que Perón asimilaba a la verdad- ponen ostensiblemente de manifiesto que sí hay inflación y, por lo tanto, que es necesario operar para resolver el problema. Y aquí es donde llegamos al núcleo de la cuestión. El kirchnerismo no puede admitir que hay inflación porque si lo hace deberá aplicar políticas que no concuerdan con su orientación ideológica. La Señora dijo hace pocos días que “si quieren hacer un ajuste no cuenten conmigo”. Pues bien, Señora, si usted no quiere hacer un ajuste del gasto público, no tiene más alternativa que seguir emitiendo moneda para financiar ese desborde y eso es lo que genera la inflación que el gobierno niega.

El problema de fondo es que el gobierno niega la inflación porque si la admitiera se vería obligado a poner en marcha políticas que se oponen a sus intenciones. Pero, al mismo tiempo, se encuentra con la circunstancia de que, como consecuencia de sus propias políticas, se produce inflación y eso le provoca un severo desgaste político.

El kirchnerismo está sumido en un atolladero político sin solución. O sacrifica su identidad política y modifica el rumbo de su gestión o la inflación le hace perder el poco apoyo social que le queda.

Vale la pena recordar, en este punto, una situación similar sucedida hace más de veinte años. Cuando Alfonsín era presidente, convocó a una ronda de consultas con dirigentes de todos los partidos políticos, también en un contexto de alta inflación. Cuando se reunió con Alsogaray, el ingeniero le dijo: “doctor, si usted frena la inflación, tendrá que pagar un costo político pero si no la frena también tendrá que pagar un costo político. Entonces, si en cualquier alternativa tendrá que pagar un costo político ¿por qué no aplica una política que al menos sea beneficiosa para la situación general del país?”.

Alfonsín no siguió el consejo de Alsogaray y el país desembocó en la hiperinflación que obligó a la entrega anticipada del poder a Carlos Menem. Es imposible predecir cómo terminará el gobierno de Kirchner pero sí está claro que la inflación no sólo erosiona el valor de la moneda sino también el sustento político del gobierno que la provoca. Kirchner está en este sentido claramente reproduciendo el camino político que siguió Alfonsín. Mientras tanto, los niveles de pobreza aumentan todos los días.

El problema, aparentemente, no tendrá solución en tanto el kirchnerismo permanezca en el poder, es decir, hasta diciembre del año próximo. Qué sucederá después es una incógnita, pero se prefiguran tiempos crecientemente difíciles desde ahora hasta el fin del mandato de Cristina Fernández de Kirchner.© www.economiaparatodos.com.ar

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jueves 15 de marzo de 2007

Inflación y costo político

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