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jueves 26 de octubre de 2006

Perla anglolatina en el Caribe

Puerto Rico es un Estado Libre Asociado a los Estados Unidos, pero conserva la cultura, el ritmo, la música y la gracia de lo latino. Su envidiable ubicación entre el Mar Caribe y el Océano Atlántico le dan perfiles únicos en una geografía paradisíaca.

Puerto Rico fue, junto con Cuba y las Filipinas, uno de los territorios que los Estados Unidos ganaron a España luego de la Guerra Hispano-Americana de 1898. De ellos, hoy sólo conservan al primero, en calidad de Estado Libre Asociado a la Unión. Los portorriqueños son ciudadanos norteamericanos. Eligen un representante para el Congreso Federal en Washington que tiene voz, aunque no participa de las votaciones; votan para presidente en las elecciones primarias de los partidos y en las elecciones presidenciales sí viven en el territorio continental. La Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos es su última instancia judicial y, más allá de las particularidades federales que cualquier estado se reserva dentro de la Unión Americana, su ley es la ley de los Estados Unidos.

Sin embargo, su vida de todos los días es la salsa, el ritmo, la gracia y el calor de lo latino. Esa envidiable confluencia le ha dado a esta isla un equilibrio formidable en la cansina vida del trópico caribeño. Sus habitantes gozan de un nivel de vida que seguramente no tendrían si fueran como la República Dominicana, Haití, o la mismísima Cuba. Su asociación con los Estados Unidos les ha traído confort, desarrollo y un alto nivel de vida. De hecho, Puerto Rico tiene hoy un ingreso medio superior al de los estados continentales de Mississippi y Alabama.

Sus habitantes lo reconocen y la franja que aspira a la independencia absoluta no alcanza el 5% del electorado. Más del 95% de los portorriqueños se dividen casi por mitades entre los que quieren continuar como están (siendo parte del Commonwealth norteamericano) y los que aspiran a convertirse en un estado liso y llano, el número 51.

Un enclave de la vigente cultura hispana de la isla es el Viejo San Juan, en la capital histórica. Toda esa porción de la ciudad es francamente deliciosa. Mantenida, reciclada y embellecida para que el continuo flujo de turistas incansables que bajan de los cruceros la encuentre siempre renovada, pero al mismo tiempo testigo de un dominio español que se aprecia en cada detalle.

Los restaurantes, los bares en donde se toman mojitos exquisitos y en donde nació la Piña Colada (el lugar es aún reverenciado con una plaqueta que recuerda el nombre del barman inventor), los sitios para comprar habanos y el perfume tropical que todo lo envuelve, son un resumen perfecto de lo que uno puede venir a buscar a Puerto Rico. La noche es el momento de este lugar. Los ritmos que nacen de mil puertas diferentes se mezclan en la calle como invitando a bailar, después de una buena cena, un buen vino y un buen habano.

La gastronomía del lugar mezcla la cocina española, criolla e indígena. También se puede encontrar una excelente oferta de comida internacional.

El Paseo de la Princesa, que se inicia en el muelle de cruceros (el principal del Caribe), puede marcar el comienzo de un recorrido diurno que incluya la antigua prisión que funcionó en el siglo XIX, el Morro –la fortificación española para defender la isla de los piratas, desde la que se puede tener una vista privilegiada de la bahía y del color increíble que el Atlántico tiene en esas latitudes– y la Casa Blanca que perteneció a la familia de Ponce de León.

Puerto Rico fabrica uno de los mejores rones del mundo: el Baccardi. La planta de elaboración se puede visitar, con degustación y botella incluidas, en una escapada de excursión. Baccardi está en camino a Ponce, la segunda ciudad de la isla que se encuentra sobre el mar Caribe. En realidad, ambas cosas pueden hacerse en un mismo día, porque el recorrido está unido por una autopista igual a las de los Estados Unidos continentales y la distancia no supera los setenta kilómetros. Puerto Rico mide linealmente 150 km por 60 km y puede recorrerse por completo en un par de días.

La isla cuenta, fiel a su pasado español, con una réplica del sistema de paradores que desarrolló España como parte de su modelo turístico. Estos alojamientos son pintorescos, están muy bien ubicados y tienen precios accesibles. Una buena idea consiste en seguir la ruta de paradores y visitar, de ese modo, toda la isla, viajando no sólo por su geografía sino por sus comidas, por los diferentes colores de las aguas que la rodean, por su exuberante vegetación y por la compañía de un pueblo amable y tan cálido como su clima. © www.economiaparatodos.com.ar

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