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Viernes 7 de junio de 2013

David Solar: ‘Hitler era un megalómano, pero no estaba loco’

David Solar: ‘Hitler era un megalómano, pero no estaba loco’

El Coronel Claus von Stauffenberg intentó poner fin a la paranoia de Hitler en 1944, y el siglo XX habría sido bien distinto de haberlo conseguirlo.

El Coronel Claus von Stauffenberg intentó poner fin a la paranoia de Hitler en 1944, y el siglo XX habría sido bien distinto de haberlo conseguirlo. O quizás no. Los caprichos de la Historia son extravagantes.

David Solar, autor de ‘La caída de los dioses: los errores estratégicos de Hitler’ y ‘El último día de Adolf Hitler’, ha charlado con los lectores de ELMUNDO.es sobre aquel momento histórico, recreado en ‘Valkiria’(2008). La cinta, protagonizada por Tom Cruise, es el primer gran título de una larga lista (más de 800 películas de todos los géneros) a la que podrán acceder gratis los abonados de Orbyt. ‘Valkiria’, del director Bryan Singer, es una minuciosa recreación del atentando contra Hitler que tuvo lugar el 24 de julio de 1944.

«La película refleja bastante bien la realidad histórica. Por eso quizá no es una gran película desde el punto de vista cinematográfico, porque la historia y el cine suelen estar bastante reñidos», ha explicado Solar, ex director de la revista La Aventura de la Historia. «Se ha dicho que la película es lenta, pero es lenta precisamente porque tiene que explicar muchos detalles, tiene que ser fiel a la realidad. Y se ha dicho que el protagonista, Tom Cruise, está demasiado frío, pero ese es el papel. Era un militar muy concienzudo que trató de llevar adelante una empresa cuyas complicaciones, en parte, se le escaparon a él y a sus colaboradores».

¿Pero, y si lo hubiese conseguido? ¿Habría tenido la Humanidad menos de lo que lamentarse? «No sabemos. Lo probable es que la guerra se hubiera terminado en cosa de días o de semanas. Ni Goebbles ni Keitel estaban en condiciones de continuar la guerra. Las tropas de Eisenhower hubiesen estado en el Rin en cosa de días, pero cuando se enteraron de que estaba vivo dieron marcha atrás». Pero alguien tropezó con el maletín bomba que debía acabar con la vida de Hitler, o lo apartó porque estorbaba…

El ascenso al poder del partido nazi en 1933 y la evolución del régimen, con el consentimiento explícito o implícito de la población sigue siendo una de las etapas más perturbadoras del pasado reciente. ¿Por qué lo permitió el pueblo alemán? «Hitler no estaba loco», explica Solar, «era un megalómano y tenía muchos problemas psíquicos, pero no era un loco. Realmente Hitler alcanzó el poder porque Alemania había sido destrozada en la I Guerra Mundial y porque las ominosas condiciones impuestas a Alemania por la Conferencia de Versalles puso en pie a todos los alemanes».

Era el caldo de cultivo perfecto para las ideas del austriaco. «Bastó que llegase un tipo como Hitler y durante 10 años les dijese a los alemanes lo que querían oír: que no habían sido derrotados sino traicionados, que no había que pagar las deudas de la guerra, que debían recuperarse todos los territorios arrebatados y reunificar a todos los alemanes». El sentimiento antisemita, que no era superior en Alemania a otros lugares de Europa, fue alimentándose hasta límites hasta entonces insospechados.

«El paro galopante que afectaba a 6 millones de alemanes en 1932 fue explotado para prometer pleno empleo. Al ejército, que solo tenía 100.000 hombres, le prometió armas, aviones blindados y crear 200 divisiones de infantería. A los industriales les prometió todo tipo de inversiones… En suma, fue buscando todas las insatisfacciones que había en Alemania, todo el revanchismo y todas las necesidades para proponer soluciones que le llevaron al poder«, continúa.

El escritor se ha despedido de los lectores recordando la severidad de una historia inalterable: «Lamentablemente el fracaso de Valkiria produjo una reacción hitleriana que costó la vida o la cárcel a muchos millares de alemanes, pero lo peor fue que siguió la guerra diez meses más. Y esos diez meses hubo millones de muertos y destrucciones inconmensurables».

Fuente: www.elmundo.es