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lunes 9 de junio de 2008

¿De qué estamos hablando?

Bernardo Neustadt se fue preocupado y demasiado triste por un país quebrado, donde la pobreza avanza a pasos agigantados y el Gobierno pierde el tiempo en peleas en lugar de buscar soluciones.

A Bernardo, que le ganó el olvido.

A una determinada edad, se supone que hay que esperar la muerte con cierta paciencia y algún dejo de resignación porque el camino se ha hecho, y lo que falta quizás no admita demasiada expectativa. Sin embargo, hay gente que nunca tiene edad, apenas si cumplen años… o tienen la edad de cada uno de aquellos a los cuales, de una u otra manera, han afectado. A esa edad partió hacia un estudio de televisión mejor Bernardo. Para algunos vivió muchos años, para otros se fue demasiado temprano. Tenía la juventud de la esperanza y la carga de una sensatez que le hacía ver que todo esfuerzo por una Argentina mejor no estaba dando resultado. Pero hay que ver… Tal vez desde una platea de lujo pueda darse cuenta que la siembra arroja buena cosecha, y que lo único que no sabemos manejar es la duración de la vendimia.

En su día, Bernardo se fue esperando un diálogo utópico entre gobierno y campo, soñando políticas de Estado, una dirigencia con sentido común y un estándar de vida mejor no para él que por cierto la tenía sino para muchos ignotos que, de pronto, se paraban frente a él y le agradecían una lucha con vaivenes, una búsqueda con aciertos y tropiezos, una manera de ser y hacer que no pasó inadvertida por algo… Lo quisieron muchos, lo odiaron otros tanto, y es sabido que el odio se acerca más a la envidia que a las causas. De todos modos, los motivos de tanto que ha generado siempre serán difusos y viciados de creencias, experiencias y situaciones que no pueden ser analizados. Defendió a capa y espada sus ideas, si las cambió o no carece de relevancia porque a lo largo de 83 años, la vida acaricia y golpea, talla a su manera. Lo que cuenta es que las defendió y en todo momento fue coherente con ellas. Siempre tuvo una sola camiseta, la de Bernardo Neustadt. No la vendió ni la canjeó. Lo vi en su cama, el sábado, ya descansando, y ni las sábanas impedían que se viera en su piel la bandera que siempre enarbolara. Más que vestirla, la tenía tatuada.

Bernardo era Bernardo, no pretendamos analizarlo. Quería ayudar a pensar y lo ha logrado. Hoy, hasta las crónicas más agudas han sido pensadas desde cada letra del abecedario hasta los puntos y comas ya sea para admirarlo, ya sea para criticarlo. Muchos, sin darse cuenta siquiera, le dieron la razón al periodista que partió en su fecha. Estaba más allá y fue a ocupar su lugar.

Se fue preocupado, demasiado triste por un país quebrado, y esta vez, no es precisamente la economía la que establece la entereza de la Argentina. Podrá haber reservas, sostenerse el dólar, bajarlo para castigar nadie sabe bien a quién, etc. pero lo que no hay es coherencia ni acción política verdadera. Un monopolio del poder se yergue sin llevarnos a ningún lado. Cualquier intento por definir qué ha de pasar en la Argentina es una utopía. Habría que estar en la mesa de luz del supuesto ex mandatario para saber con qué humor empieza el día, y tratar así de definir qué puede depararnos.

La política pasó a ser una patología, los datos tan preciados para la toma de decisiones en empresas, en la vida… no aportan un ápice para asegurarse rentabilidad o al menos subsistencia. A tal punto se ha llegado que ni siquiera las pérdidas pueden ser medidas. Todo puede ser o no ser. La salida siempre está, lo que sucede es que nadie sabe a ciencia cierta dónde y cuánto se tardará en llegar.

La situación actual es híbrida, siguen las internas y la puja por la permanencia en despachos dentro de Balcarce 50, se abren apuestas para ver cuánto dura esta suerte de acefalía encubierta en dos cabezas. ¿Hay Gobierno o hay acumulación de intereses y dependencia de fondos y lealtades atadas con alambres? En estos días, el Guernica de Picasso parece ser la mejor fotografía de la Argentina. Sin duda, esa imagen superó lo que tantos años no pudieron superar: el corazón de Neustadt.

Las semanas que pasaron se llegó incluso a debatir la posibilidad de que se derrame sangre por un problema que pudo resolverse en décimas de segundo. ¿Cuántas veces se han corregido medidas equivocadas? ¿Es posible analizar un escenario de confrontación en un país como el nuestro sin advertir que la ficción nos ganó de mano? Palabras de la talla de “guerra” o “batalla” se escuchan a diario. ¿Cuáles son los bandos? Se oye mencionar a oligarcas y a golpistas. Empiezo a creer que hablamos sin saber de qué hablamos: un “mérito” del matrimonio presidencial, está claro. Quizás sea “el efecto rock and roll” o un Gobierno que confundió su rol y cree ser el Estado en detrimento de la Nación.

Más allá de esta agonía de una clase dirigente que está denodadamente buscando, conciente o no, su salida sin que haya ningún tipo de complot ni haya sido siquiera requerida tal acción por una oposición o un grupo desestabilizador, está la Argentina de todos los días. La que aumenta el consumo de ansiolíticos, la que posee mayor densidad poblacional acudiendo a terapias alternativas, aquella que tiene índices maravillosos para recitados oficialistas en todos lados pero esconde números que son los verdaderos indicadores de su estado. La tristeza no se mide en el INDEC pero mata. La tristeza enferma. La salud no aguanta puede que aguanten los ruralistas, que sigan los paros de camioneros o de tractores, incluso la huelga de liderazgos puede perpetuarse, pero el corazón se va gastando, y en este trance de buscar un país no perfecto sino tan sólo razonable, estamos enterrando seres humanos, perdiendo mucho más que reservas, porcentajes de credibilidad, confianza del consumidor o imágenes positivas.

Se nos va la vida, y el país sigue sobreviviendo en un coma farmacológico provocado por un gobierno que sabe tanto de política como de medicina. Es muy difícil que quienes hayan generado la enfermedad puedan ahora curarnos, sin embargo deben hacerlo. Faltan tres años para que las urnas develen cambios. ¿Cuántos Bernardos más, cuántos corazones gastados, cuántas esperanzas yertas dejaremos entre tanto?

Esperemos, al menos, poder retomar la próxima semana el análisis político concreto porque eso evidenciaría que vuelve la política a la Argentina. Mientras tanto, lo que hay es un estado patológico que sólo puede ser analizado por un médico especializado. © www.economiaparatodos.com.ar

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