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Lunes 15 de febrero de 2010

Economía I

Los intentos del kirchnerismo por encontrar nuevas teorías que expliquen la inflación van en contra de la teoría económica y resultan tan disparatados como peligrosos.

Cuando afirma horrores con la autoridad inapelable del erudito, la presidente debe perseguir el intimo placer de producir escozor en cierta y determinada platea que la ve y la escucha. Por alguna razón psicológica que se esconde en los pliegues cerebrales que controlan el placer y el goce, Cristina Fernández de Kirchner da lecciones sobre lo que no sabe usando un tono de sentencia que –intuye– retuerce de furia a sus adversarios.

O tal vez sí conoce las verdades técnicas de lo que afirma pero, a propósito, y por las mismas razones cuasieróticas que recién explicábamos, grita los postulados contrarios para gozar con la mezcla de ira y estupefacción que causa entre los que la escuchan.

Sólo así puede entenderse su irónica referencia a las causas del aumento de los precios, esto es, en buen romance, a la inflación. Con tono admonitorio, como si quien afirmara lo contrario estuviera loco o fuera un manifiesto “antiargentino”, Cristina Kirchner sostuvo la última semana: “No van a decir ahora que se deben al aumento de la oferta monetaria”.

Y como, claramente, el aumento de los precios se debe al aumento de la oferta monetaria, la intención de esta columna es desentrañar que hay detrás de la afirmación presidencial.

Como buena anti-noventista de los 2000, la presidente sabe que esa afirmación es la explicación de los economistas clásicos al aumento de los precios. Y digo de los economistas clásicos, porque los que no aceptan ese razonamiento no lo hacen no porque no sean clásicos, sino por razones ideológicas que, en sus casos, tienen más peso que las evidentes probanzas de la técnica y del sentido común.

Es más, que la inflación (es decir el aumento de los precios de la economía) es el resultado directo del aumento de la oferta monetaria no es una cuestión cuyo entendimiento dependa de intensivos cursos de economía en la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. Cualquier alumno mediocre del colegio primario podría entenderlo porque en realidad no se trata de una verificación económica, sino de una comprobación fáctica y aritmética.

Digamos por empezar que el asustante nombre “aumento de la oferta monetaria” no es otra cosa que la fabricación innecesaria de billetes. Aquí si es cierto que la ciencia económica ha utilizado una expresión que parece muy técnica y complicada, pero el famoso “aumento de la oferta monetaria” no es otra cosa que un exceso de billetes.

Muy bien. ¿Qué ocurre, señora presidenta, cuando se producen más unidades de una cosa que no se precisa ni se demanda? Obviamente su valor cae; ese bien vale menos. Lo que sobra no vale. Muy bien. ¿Y que son los billetes, los pesos, señora presidenta? Son la unidad de medida que usamos para asignarle valor a los otros bienes de la economía. Muy bien. ¿Y qué ocurre cuando tengo un elemento para medir que ahora vale menos que antes, como si tuviera un metro que tiene menos centímetros? Se necesitan más unidades de ese elemento (o más centímetros del metro) para equiparar el valor del mismo bien. ¿Por qué se necesitan menos unidades de millas que de kilómetros para medir la misma distancia? Porque la milla es más “fuerte” que el kilómetro, mientras este tiene mil metros, aquella tiene 1600. Siendo más “valiosa” la milla que el kilómetro, se necesitan menos de sus unidades para medir una distancia que, usando kilómetros, se necesitan más.

Muy bien, eso es la inflación: más que el aumento de los precios de las cosas, es la caída del valor del elemento que mide el valor de las cosas. ¿Y cuál es ese elemento? El dinero, los billetes. Por eso fabricando más billetes de los que la gente demanda (lo que se llama “aumento de la oferta monetaria”) se genera inflación, porque el exceso de billetes deprecia su valor por lo que se necesitarán más unidades de esos billetes para comprar las mismas cosas.

Cuando un gobierno decide “aumentar la oferta monetaria” (es decir fabricar más billetes de los que se necesitan para asignarle valor a los bienes y servicios producidos en el país) el valor de los bienes necesitara más unidades de billetes para ser medidos. Para volver a los valores normales hay que dejar de fabricar billetes hasta que el aumento de la producción de bienes vuelva a reestablecer la relación “cantidad de billetes/valor de los bienes”.

¿Ignora estas simplezas Cristina Fernández? No lo sabemos. No debería. Primero, porque la responsabilidad de su puesto no debería permitirle que se dé el lujo de ignorarlo. Segundo, porque es argentina. Una argentina de 56 años que a esta altura debería saber perfectamente qué es y cómo se genera la inflación.

Por eso, si sabe cómo son las cosas, la teoría del “goce con la furia ajena”, no debería descartarse. Ir a poner el dedo, con aire doctoral, en el lugar donde se sabe que duele, al mismo tiempo que incrédulamente se dice “¿no me van a decir que les duele aquí?” puede tener una interpretación freudiana del placer que cada uno sabrá juzgar de acuerdo a su gusto personal por el sadomasoquismo. © www.economiaparatodos.com.ar


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