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Jueves 17 de junio de 2004

El verdadero poder de los “pingüinos”

En este artículo, publicado en el diario chileno La Tercera, Juan Paulo Iglesias explica a sus compatriotas “quiénes integran el círculo de hierro de Kirchner que impulsa el corte del gas a Chile”. Entre otras cosas, menciona que la mayoría acompaña al presidente desde que era gobernador en Santa Cruz y que lo vieron controlar la provincia con pragmatismo y autoritarismo.

A Néstor Kirchner su círculo cercano le dice El Cuervo, quizás porque siempre está acechando sobre todo, preocupado de cada detalle e intentando mantener el control. Por eso, desde su llegada a la Casa Rosada, hace casi un año, les prohibió a sus ministros hablar con la prensa sin su permiso, eliminó las reuniones de gabinete y comenzó a discutir en forma individual con cada uno de sus colaboradores los temas bajo su responsabilidad. Así quiso evitar las filtraciones, o al menos tener claro el origen de los trascendidos. Un estilo que no impuso sólo en Buenos Aires, sino que fue gestándose desde sus años en La Rosadita, como se le dice a la sede de la gobernación de Santa Cruz, en la patagonia argentina.

Obsesivo, personalista y pragmático, como lo describen tanto partidarios como opositores en su ciudad natal de Río Gallegos, el actual mandatario argentino estableció en su provincia un poder centralizado y casi absoluto durante sus 12 años de gobierno (1991-2003). Se las arregló para tener una mayoría favorable en la Corte Suprema. La Cámara de Diputados estuvo siempre controlada por el justicialismo, y en una provincia donde el 80 por ciento de la fuerza de trabajo depende del Estado, se creó, según el periodista Daniel Gatti –autor del libro “Kirchner, El Señor del Feudo”– un sistema de clientelismo que le permitió movilizar a su favor a la mayoría de la población de Santa Cruz, que lo reeligió dos veces.

La oposición lo ha acusado de haber ejercido con talante autoritario durante su gestión provincial y de no haber recibido nunca a los líderes de ese sector mientras estuvo en La Rosadita. Una crítica que cuestionan sus partidarios. “Decir que es autoritario depende del cristal con que se mire. El toma las decisiones y asume las consecuencias, aunque sí hizo un gobierno con una fuerte autoridad política”, dice Daniel Peralta, ex subsecretario del trabajo y actual jefe de la bancada peronista en la Cámara de Diputados local.

Kirchner fue gestando su poder en Santa Cruz a través del pragmatismo. “Aquí decíamos que era del partido de la opinión pública”, recuerda el periodista Héctor Barabino. Un dirigente de Río Gallegos recuerda que el actual presidente, que desde que llegó a Buenos Aires ha criticado frontalmente el último régimen militar argentino, “nunca realizó en Santa Cruz un acto conmemorativo del golpe”, y operó para que el tema jamás estuviese presente. El mismo Kirchner que se niega a recortar programas sociales y a subir las tarifas para no tocar el bolsillo de los más pobres, aplicó durante su primer gobierno provincial (1991-1994) una durísima política de shock, fue partidario de la privatización de YPF y mantuvo una estrecha relación con el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo.

Los pingüinos en Buenos Aires

“Kirchner no sólo sabe construir poder. También tiene claro cómo mantenerlo”, comenta Gatti. Para ello ha contado con el apoyo de un grupo estrecho de colaboradores que se fue conformando a lo largo de los años, la mayoría de los cuales están hoy en Buenos Aires junto a él. A ese círculo la prensa argentina lo bautizó como los “pingüinos”, y es el mismo que ha apoyado irrestrictamente una de las decisiones más controvertidas del Presidente: enfrentar la crisis del gas recortando más del 25 por ciento del suministro a Chile, a costa de un serio conflicto diplomático.

Entre los “pingüinos” destaca nítidamente su esposa, Cristina Fernández, considerada la persona más influyente del gobierno. A la actual senadora -la misma que no dudó esta semana en entrar en la crisis con Chile y atribuir las quejas en Santiago al clima electoral- le gusta dejar muy en claro cuánto pesa. “No olviden que soy la última que lo ve antes de que se duerma”, suele comentar.

Ambos se conocieron a mediados de los años ’70 cuando estudiaban Derecho en la Universidad de La Plata, en la provincia de Buenos Aires. Los dos eran peronistas de izquierda y se instalaron, ya casados, en Río Gallegos meses después del golpe del ’76. Kirchner estuvo detenido varios días en un regimiento local, pero quedó libre y comenzó a ejercer su profesión. Junto a Cristina y Domingo Ortiz de Zárate abrió un estudio jurídico que fue creciendo y acumulando influencia en la provincia.

“Los dos tienen una sociedad política perfecta, pero el que lleva la voz cantante es él”, comenta Daniel Gatti. Esa colaboración se fue haciendo cada vez más evidente desde la llegada de Kirchner a la Municipalidad de Río Gallegos en 1987. “Su mujer no tenía un cargo formal, pero siempre estaba con él en la secretaría privada asesorándolo”, recuerda un dirigente de Río Gallegos. Más adelante, cuando fue elegido gobernador, Cristina fue presidenta del bloque peronista en la cámara provincial. “Pero participaba mucho del Ejecutivo”, afirma la misma fuente.

Para el periodista Héctor Barabino, el papel de Cristina ha sido estructurar las alianzas y redes de Kirchner. “En eso ella es mucho más hábil que él”, dice. Ya elegida diputada y luego senadora, la esposa del presidente se convirtió en su principal representante en el Congreso Nacional y los circuitos de poder en Buenos Aires. Como parlamentaria dejó huellas de una cierta distancia con Chile, cuando se opuso, al igual que su marido, al tratado por los Hielos Continentales firmado por Menem y Frei.

Los otros “pingüinos”

El rol de Cristina es compartido por un grupo pequeño de ministros, en su mayoría provenientes de Santa Cruz o que han trabajado con él desde hace años. Entre los “pingüinos”’ destacan el jefe de gabinete, Alberto Fernández; el ministro de Planificación, Julio de Vido; el secretario legal y técnico de la presidencia, Carlos Zanini; el jefe de la Secretaría de Inteligencia (Side), Héctor Icazuriaga, y su hermana Alicia Kirchner, ministra de Asuntos Sociales. “En todos los ministerios que gastan e invierten están sus hombres”, dice un cercano al presidente.

Julio de Vido, el principal impulsor de los cortes de gas a Chile, es clave en la conducción económica. Al ser nombrado ministro de Planificación, le arrebató muchas funciones del actual ministro de Economía, Roberto Lavagna, que venía de la era Duhalde y no gozaba de la confianza del presidente. De Vido está junto a Kirchner desde 1987, cuando éste emprendió su primera aventura política en la Municipalidad de Río Gallegos. En 1991, cuando Kirchner se transformó en gobernador, De Vido fue nombrado ministro de Economía provincial y tuvo a su cargo un duro recorte de gastos. Bajó salarios, limitó los beneficios a los trabajadores y debilitó los sindicatos.

Junto a de Vido está Zanini, una suerte de secretario general de la Presidencia. Ex diputado y jefe de bancada peronista en Santa Cruz, fue nombrado miembro de la Corte Suprema de la provincia cuando Kirchner amplió de tres a cinco los miembros del tribunal y designó personalmente a los faltantes. Héctor Icazuriaga, el jefe de la Side, es otro “pingüino”, “incondicional absoluto”, según aliados y enemigos en Río Gallegos.

El círculo se cierra con dos hombres que no son “pingüinos”’ de origen (nacieron en Buenos Aires), pero que se han ganado el mote por la confianza que deposita en ellos el presidente. El primero es el actual jefe de gabinete, Alberto Fernández, ex legislador porteño, quien conoció a Kirchner en 1998 y desde entonces se convirtió en su principal operador en Buenos Aires. Hoy es uno de los pocos que puede llegar sin anunciarse a la residencia presidencial de Olivos.

El segundo es Aníbal Fernández, ministro del Interior, que llegó al gobierno por ser cercano al ex Presidente Duhalde, pero que ahora responde sólo a su nuevo jefe. Es uno de los pocos que tiene autonomía para hablar con la prensa, siempre que avise al presidente. Comparte con Kirchner la obsesión por el trabajo. Los dos dedican las 24 horas del día a la política. “Aquí decimos que mientras la oposición duerme, Kirchner conspira o planifica”, dice Daniel Gatti.

El círculo que tiene a cargo la crisis del gas

El problema energético se ha convertido en tema central de la agenda de Kirchner, y es una de las áreas que está bajo el control absoluto de los “pingüinos”’. A cargo de la Secretaría de Energía se encuentra Daniel Cameron, que trabajó con Kirchner en Río Gallegos desde 1991. Cameron opera con el ministro de Planificación, Julio de Vido, otro incondicional del presidente. A ellos se suma en el manejo político de la crisis el jefe de gabinete, Alberto Fernández.

Para el actual gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo, la crisis del gas siempre fue clave para el gobierno. Sin embargo, dirigentes de la oposición que conocen a Kirchner en Santa Cruz afirman que no es un tema que maneje en profundidad el presidente.

Por otra parte, autoridades de la actual administración provincial que conocen al actual mandatario aseguraron que Kirchner jamás imaginó el problema que estaba causando en Chile al cortar el gas, porque está más preocupado de encontrar solución a la situación interna y asegurar gas a los argentinos.

Por eso, dicen, la molestia del Presidente Ricardo Lagos, expresada ya varias veces, los tomó totalmente por sorpresa.



(El presente artículo fue publicado en el diario La Tercera, de Chile, el domingo 9 de mayo de 2004.)




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