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lunes 2 de febrero de 2009

Enero: una página en blanco en el calendario

Mientras el escenario de descalabros y desatinos se mantiene intacto, el primer mes del año terminó con muy pocas novedades.

Se fue el primer mes del año y dejó tras de sí un escenario ambivalente: a simple vista, pocas novedades o al menos nada que asombre en demasía. Los Kirchner continuaron con la misma fórmula prevista: anuncios y promesas incumplidas. La sociedad, inmersa en rutinas veraniegas, bastante autista de todo aquello que durante el año, ocasionalmente, le genera algún interés o siquiera intriga. La clase media buscando denodadamente mantenerse en ese rango casi inexistente, negociando con el calendario un par o dos de días en los cuales poder evadirse y huir de la ciudad. Y siempre, esa clase marginada donde la pobreza es la constante que se mantuvo y se mantiene en la desesperanza, sobreviviendo, como suele hacerlo el año entero, desde hace demasiado tiempo.

¿El gobierno? El gobierno vegetando y ofreciendo espectáculos que, si bien se observan, causan vergüenza o deberían causarla. Una jefe de Estado dedicada a giras y exhibición de fotografías como si se tratara de una actriz con escenografía a cuestas buscando, en diferentes geografías, la atención que acá le retacean. Nuevamente, la orden parece ser aquella que se dictaminara en la previa de la elección presidencial: blindar a Cristina. Apenas si le dejan un atril para que improvise “buenas noticias”. Por otra parte, el ex presidente en funciones acaparando la escena y especulando el modo o la manera de llegar a octubre con un elenco que le permita armar un mapa capaz de disimular derrotas previsibles como comentan hasta los más obsecuentes de los kirchneristas.

Para ese fin, gobernadores e intendentes se han tornado una suerte de visita permanente a la quinta de Olivos donde se teje la trama preelectoral de la Argentina. Kirchner sigue, pues, siendo sinónimo de la actividad política. Sabe que las grandes ciudades, posiblemente, ya estén perdidas: Santa Fe, Córdoba, Capital… no apañarán el afán hegemónico del patagónico. Pero el país no termina en las provincias más promocionadas. Varios feudos se sumarán al oficialismo, necesitados de dádivas a falta de un federalismo real. Servirán para vender un éxito que no es, para inventar una aritmética kirchnerista que haga surgir una victoria aunque sea ficticia. La contabilidad de los sufragios corre el riesgo de medirse como las estadísticas de la economía.

Hasta tanto, habrá más anuncios de planes e inauguraciones de obras que jamás han de concretarse con aplaudidores oficiales y una prensa que está dando claros síntomas de amnesia. Ayer fue Pepe Eliaschev, hoy es Nelson Castro, mañana podrá ser cualquiera que se exprese en disidencia: no deberían ser un dato aislado.

Cristina Fernández seguirá en su rol cuasi diplomático: entre aviones y atriles mostrando una Argentina no creíble, total no hay aún voz que se alce para expresar la falta generalizada de credibilidad. Desde octubre a esta parte, han sido 21 los anuncios. Menos del 90% los ejecutados. De pronto, la Presidente se ha convertido en una experta en venta de electrodomésticos: marcas, precios, instalación…, vende para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero. No se ha de hallar ningún mandatario del mundo desarrollado cumpliendo tamaña función. Originales, al menos, los Kirchner son.

En otro desorden de cosas, el conflicto con el campo va más allá de la sequía y de la contienda por las retenciones retenidas. A esta altura, la pelea es a todo o nada. Néstor Kirchner no está dispuestos a ceder a menos que ese hecho pueda realizarse con una sutileza extrema para que el pueblo en general no se de cuenta. Es la esencia del “estilo K”: sed de venganza y sus odios sin causa que además terminan siendo un boomerang. Antes o después, su propio arsenal le ha de estallar.

Los meses que siguen nos encontrarán sumidos en temas que nos jaquean 24, 48 ó 72 horas pero no mucho más. En un par de meses nadie sabrá ya quién es Leonardo Bergara ni mucho menos de que se trató la odisea de un secuestro peculiar ocurrido en Ranelagh. Así es Argentina: pasa de un escándalo a otro sin que deje huella ni haya secuelas del asombro inicial. Un ejercicio: ¿Cómo se llamaban los tres empresarios asesinados por el caso de la efedrina? Aquellos tres nombres que nos desvelaron y convirtieron a todos en seudo analistas del narcotráfico y los fármacos ya son cosa del pasado. Bina, Sforza y Ferrón: tres grandes olvidados. Con esas tramas que, debe admitirse, atrapan, los Kirchner avanzan haciéndonos perder el único recurso no renovable: el tiempo.

Así es como pronto será también una polémica de antaño el balance de la temporada de verano. Con las estadísticas de Guillermo Moreno, no sabremos jamás en cuánto ha disminuido el turismo, ni hasta qué punto las ganancias en la costa atlántica han sido un fracaso. Para el gobierno todo fue fantástico. ¿Y por qué no habría de serlo si los ciudadanos estuvieron mirando para otro lado? Ellos no pretenden más que eso.

En el mientras tanto también subieron absolutamente todos los precios: tarifas, impuestos, alimentos, indumentaria, etc., pero así todo, la inflación sigue siendo una anatema de la que no se habla ni sobre la cual se hace nada. Hoy todo cuanto pasa es por obra y arte del mundo que apareció “de golpe”. A quejarse a Bush o a Obama.

La percepción social de la crisis todavía es débil. Puede que haya cierto temor, sobre todo en lo que concierne al empleo, pero de allí a que haya mecanismos políticos y sociales de prevención o al menos de contención hay un gran trecho. Esa falta de estructura para hacer frente a los problemas que acarrea la recesión, en la Argentina hace vislumbrar un rumbo de colisión. En definitiva una película ya vista. Quizás eso explique la apatía de la ciudadanía inmunizada ante dos palabras con las que convive: crisis e inercia. Pareciera que estamos vacunados contra el espanto.

Finalmente, enero ha mostrado una suerte de voluntad en la oposición por activar los mecanismos intrínsecos a una fuerza que pretende ser lo que no ha sido hasta hoy: alternativa para limitar un poder enquistado en lo más alto de la administración, con un titiritero articulando los hilos de sus marionetas. El impulso de una boleta única es un buen principio. Si ha de avanzar en esa dirección o quedará diezmada en los intentos y mezquindades conocidas es un enigma. Descifrarlo a tiempo es el desafío. Con meras expresiones de deseos o buena voluntad únicamente no se hace política. La discusión acerca de qué va primero, si el huevo o la gallina, coopera solamente a promover el hastío y la desidia en la ciudadanía. © www.economiaparatodos.com.ar

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