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jueves 5 de octubre de 2006

Espectáculo impagable

Las Cataratas del Iguazú constituyen un escenario mayúsculo que aparece de repente detrás del telón esmeralda de la selva tropical argentina.

El ensordecedor rumor del caudal generoso del río Iguazú se precipita en saltos al vacío para dispersarse presuroso entre tierra carmesí. Millones de mariposas bailarán graciosamente entre orquídeas y bromelias y, ante nuestra sorpresa, tucanes, coatíes y monos carayás se vuelven simpáticos compañeros de la travesía. Estamos entrando en el Parque Nacional Iguazú, en la provincia de Misiones, sitio que comparten Argentina (Puerto Iguazú) y Brasil (Foz de Iguazú), nombrado –desde 1984– Patrimonio Nacional de la Humanidad por la UNESCO.

La historia dice que el primer hombre blanco en ver las cataratas fue Álvar Núñez Cabeza de Vaca, quien en 1542 llegó a ellas por equívoco, buscando un camino que lo llevase a Asunción de Paraguay.

Dicen que las cataratas no se cuentan, simplemente se viven… Desde el lado argentino se establecieron tres recorridos tradicionales: el superior (1.200m), el inferior (1.600m) y la Garganta del Diablo. La otra opción es cruzar el puente Tancredo Neves y entrar en territorio brasileño, desde donde se tendrá una visión más panorámica de los saltos Dos y Tres Mosqueteros, Santa María y Floriano.

Quienes quieran apurar el banquete principal y comenzar por lo más espectacular deberán subirse al Tren Ecológico de la Selva que parte desde su estación en el Centro de Visitantes en donde, de paso, se puede acceder a charlas sobre la biodiversidad de la región y la evolución cultural de la Mesopotamia.

El pequeño convoy sale siempre repleto y tiene la particularidad de ser muy silencioso, de andar cansino. Se adentra en la selva que aumenta en follajes y sonidos singulares Se calcula que unas 2.500 especies vivientes habitan esta zona del parque subtropical. Después de unos 20 minutos, se llega a la Estación Garganta. De allí, una moderna y segura pasarela nos depositará, después de caminar unos 1.200 metros, en el balcón mayor de la Garganta del Diablo, de la que sale el brumoso bautismo que nos deja empapados de placer.

Desde el circuito superior, podemos estar en contacto con los saltos Bernabé Méndez, Mbiguá, San Martín y Bosetti. En la caminata del recorrido inferior, conoceremos los saltos Álvar Núñez, Dos Hermanas y, de nuevo, una inigualable postal del Bosetti.

Existen múltiples propuestas que generan más adrenalina y se presentan como circuitos alternativos. “Yacaratiá” para experimentar sensaciones subidos a vehículos 4×4 durante 30 km de espesura selvática; “Sendero Macuco” consistente en unos 7 km de trekking hasta llegar al salto Arrechea. También existe la posibilidad de navegar en gomones hasta la isla San Martín, un manchón esmeralda en el medio de los saltos.

Siguiendo unos 230 km por la ruta 12, hacia el sur, encontraremos las reconocidas Ruinas de San Ignacio Miní, también Patrimonio Cultural de la Humanidad, sitio en el que se revive el espíritu jesuita a través de una caminata inolvidable por el interior de las misiones fundadas alrededor de 1.700. Se puede palpar el esplendor arquitectónico aún claramente visible en los pórticos del templo mayor, dignos testimonios del exquisito barroco americano. © www.economiaparatodos.com.ar

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