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Lunes 21 de abril de 2008

Jugando contra sí mismo

Las internas en el seno del poder entre quienes responden a la presidenta y aquellos que siguen fieles al ex primer mandatario son preocupantes: enfrentado a sí mismo, el kirchnerismo no puede triunfar sin, al mismo tiempo, perder.

“A los que corren en un laberinto,
su misma velocidad los confunde.”
Séneca

“Entra el Secretario de Comercio en la reunión entre los representantes del campo y el jefe de Gabinete”. Dicha información vertida en una crónica periodística sobre el escenario político de cualquier país medianamente serio, no despierta el más mínimo asombro. ¿Cuál sería la causa por la cuál sorprendería que un funcionario entrara a un despacho lindante donde se está llevando a cabo una mesa de diálogo, máxime si el tema que está siendo tratado atañe también al área de su competencia? Ningún ciudadano informándose sobre los acontecimientos diarios se detendría en esa frase. Ningún ciudadano que no sea argentino, claro. Esa afirmación, irrelevante en cualquier otra geografía, en la Argentina generó escozor e hizo tambalear la tregua entre el Gobierno y el sector agrícola.

Y es que no es un dato aislado. La irrupción de Guillermo Moreno en las negociaciones que se llevan a cabo entre el agro y el Ejecutivo se vivió como un retroceso. Desató una emergencia en el seno mismo del Gobierno. Todo el intento hecho por el jefe de Gabinete para lograr algún acuerdo fue boicoteado por el Secretario de Comercio (a quién, a propósito se le escapó que los barbijos esta semana pasaron de costar 50 centavos a costar 5 pesos, quizás en una metáfora inflacionaria) Tal vez, este simple hecho devele el gran misterio de la oposición: lamentablemente, ésta no se halla fuera del oficialismo actuando como contralor y garantizando el juego democrático cuya esencia es la presencia de diferentes fuerzas en el escenario. Tanto los aliados como los opositores o detractores del kirchnerismo se encuentran dentro de los despachos mismos de Balcarce 50, y de los Ministerios que completan la estructura de la Presidencia. Varios ministros y secretarios conviven simulando una suerte de “matrimonio por conveniencia”: a ninguno le resultaría benéfico el divorcio en este momento, se aguantan, se toleran pero no se complementan ni interactúan en pro de una administración concreta. Esta situación es una de las principales causas de problemas.

Cómo en la casa de Gran Hermano, están encerrados en un juego maquiavélico dirigido por Néstor Kirchner quién maneja con habilidad de prestidigitador sus piezas. A él, obediencia debida. A la Presidente, basta con una reverencia. Esas son las reglas. Después serán puestos constantemente a prueba. Nadie confía en nadie, ni en la mentada mesa chica hay lealtades inquebrantables y Kirchner eso lo sabe, por eso transformó la Casa Rosada en un tablero de ajedrez donde sólo él mueve las piezas, las enfrenta o las preserva.

Del otro lado, no hay jugador que le presente batalla. La oposición real sigue sin sentarse a jugar la partida. Hasta ahora hemos visto que los enfrentamientos son solamente internos. Las discrepancias no salen de la Casa Rosada. Consecuentemente, Kirchner, como si fuera hijo único, juega contra sí mismo, va de un lado al otro, mueve aquí y mueve allá alternando posiciones de los dos lados del tablero. Es oficialista y opositor al unísono. Hay piezas blancas y piezas negras (sin ánimo de discriminar ahora que hay Observatorio atento) Hoy, cualquier argentino interesado en el quehacer político puede adivinar sin dificultad cómo se arman los grupos de caballos, alfiles, peones, y cómo se posiciona el rey y la reina. Más simple aún le será definir quién es el que moviliza ese ejército, y descubrir que no hay contrincante concreto a pesar de que pasaron 5 años (y no 150 días) desde que empezó este juego.

Así, quién come a quién lo decide a su arbitrio Néstor Kirchner, dueño absoluto de las piezas (las blancas y las negras). Todas le pertenecen y por eso las socava, las paraliza, las libera, y observa como se van fagocitando entre ellas sin darse cuenta que al ser el único jugador, él gana pero también él fracasa cuando la partida acaba. Posiblemente hasta ahora, la diversión que le causa dar más poder a este o a aquel, avanzar y retroceder, le haya resultado entretenida y funcional al objetivo central: demostrar que solo él manda y decide qué y quién tiene más o menos poder en un gobierno internamente planteado como una partida de ajedrez.

El asunto es ver quién jaquea a quién, si lo hace Julio De Vido, si lo hace Alberto Fernández, si come Guillermo Moreno, si Martín Lousteau sale de la segunda fila donde los peones se alinean o si, acaso, Hugo Moyano entra en la contienda y pasa de peón a ser el otro rey que doblega. Cuando Kirchner advierte que se le acaban sus propias piezas, busca otras afuera para convertirlas en culpables del desgaste, saca nombres de la galera y les apunta con dedo acusador; cualquiera puede ser el causante de tanta ineficiencia. En uno de esos reveses surgió el Grupo Clarín. Tal vez se lo usó como la torre donde refugiarse o como el caballo al que se apuesta aunque, de pronto, lo haga crecer y decrecer en la carrera. Pero esa ambición de dominarlo todo, en algún instante ciega, y en una decisión apresurada puede terminar jaqueando al rey y a la reina…

Y es que no puede haber victoria duradera si se está al unísono de uno y otro lado de la trinchera. En algún momento se irá quedando sin piezas, disminuido ante la sorpresa de ser vencedor y vencido en la misma partida y cansado de dar vueltas alrededor de la mesa. Las fichas negras de la economía vaticinan aires de tormenta donde alfiles, caballos, torres y hasta peones se moverán sin estrategia y terminarán devorados por la rebelión de la política que avanza sin dejar libre ni un solo casillero. Hasta el humo huele a política. No hay buen clima. Enfrentado a sí mismo, el kirchnerismo no puede triunfar sin perder al unísono. Por eso el éxito en este caso es apenas una de las caras de la moneda, basta con darla vuelta para observar el fracaso del otro lado. En la soledad de un juego tan concentrado, aburrido el rey llegará, sin piezas, a la jugada final jaqueando a la reina. © www.economiaparatodos.com.ar


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